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'death cafe'

Tarde en un café de la muerte: "Tengo preparado mi funeral"

Una veintena de personas se toma un café para compartir sus vivencias y dudas en torno a la vida y la muerte, sin tapujos. Es el conocido como ‘Death Cafe’.

Un café de muerte en Zaragoza
Un café de muerte en Zaragoza y sus participantes anónimos
Fundación Vivir un Buen Morir

El reloj marca que son las 17.00 y Zaragoza vive un día laboral como cualquier otro. Los niños salen del colegio, los adultos del trabajo y 22 desconocidos han quedado en un lugar para tomar un café. La media de edad de este grupo será de unos 50 años, más de uno peina canas. Algunos se conocen del trabajo, se adivina por las conversaciones que mantienen. Otros no y analizan detenidamente al resto. ¿Qué les ha llevado ahí? Han quedado para hablar de un tema sin tapujos, sin tabú: sobre la muerte. Se han dado cita para un participar en un 'Death Cafe'.

"A la gente le parece que si se dice la palabra 'muerte' en inglés es menos", señala Mar López, de la Fundación Vivir un Buen Morir, entidad organizadora junto a otras de carácter público. Con gestos como este encuentro pretenden liberar a la sociedad de la "ceguera" que hay en relación a la muerte.

Las paredes del lugar conocen bien el asunto que les ha llevado. Han escuchado conversaciones sobre el paso del tiempo, recuerdos de personas recién fallecidas, sollozos y también momentos distendidos que sirven de 'kitkat' en un velatorio. Es la cafetería del tanatorio centro de la capital aragonesa, en el Camino de las Torres.

¿Cuándo fue la primera vez que viste la muerte?

La primera pregunta ya rueda por las baldosas de la cafetería: "¿Cuándo fue la primera vez que viste la muerte?". José Luis -todos los nombres son ficticios para mantener el anonimato de los participantes- la descubrió con unos 8 años en la playa de San Juan de Alicante. La imagen que tiene grabada es un tumulto y el llanto de la esposa del fallecido cuando el hijo sacaba del agua el cuerpo sin vida de su padre. Para Felipe fue la de su abuela en el pueblo. La primera vez que Gerardo vio a alguien muerto fue en el colegio: "Tenía 6 años y murió una monja. Pasamos todos los niños a ver a la religiosa. Era una cosa tan natural, ahora impensable". "Hemos evolucionado, pero en ese sentido hemos involucionado. Antes la muerte era algo tan normal, se ha perdido esa naturalidad, ya que la muerte es una parte de la vida", añade. Ese fue el primero, pero no el último. En la actualidad este hombre trabaja en el mundo sanitario, en una UCI, como muchos otros de los participantes. Ese es el perfil que más abunda en este café de la muerte. También hay personal de residencias de ancianos del Gobierno de Aragón, trabajadores de funerarias y profesores de instituto.

Todos ellos continúan expresando sus vivencias de la muerte, esas "imágenes grabadas" de infancia y juventud en la mayoría de los casos. Mari Carmen recuerda a su abuelo, con el féretro en el centro del salón y los familiares y amigos comiendo y bebiendo. "Esa costumbre ha cambiado", coinciden varios. Esa es otra de las conclusiones a las que se llegan en encuentro como este: la evolución de los ritos, cómo se afrontaba la muerte antes y ahora, también cómo se plantea la vida.

"Es muy importante que el enfermo aprenda a vivir de nuevo. No se ve la vida igual"

Una cosa es verla y otra sentirla, o eso dicen. Santiago vio primero la muerte como hijo, después como yerno y la tercera vez fue la suya. Tras un problema cardíaco terminó en el quirófano, 12 horas de intervención. Aprovecha el foro para dar las gracias a los sanitarios presentes por la labor que hacen y avisa: "Aunque estemos en coma, se escucha". Agradecido, previsor y franco tras su experiencia: "Tu vida cambia completamente, tus preferencias no son las mismas". "Es muy importante que el enfermo aprenda a vivir de nuevo. No se ve la vida igual, no ve a su esposa igual, ni a sus hijos".

Carlos también sufrió un problema de corazón, en su caso un infarto. "Estaba jugando al pádel y en media hora pasé a estar en un ambulancia". Ese es el momento que recuerda más cerca de la muerte. "Solo pensaba en mi hijo, no iba a saber qué iba a ser", agrega. A la memoria le viene con nitidez una de las acciones de la enfermera de Bomberos que le asistió: "Me dio la mano y eso me marcó. Sentí su apoyo".

Verbalizar este tipo de vivencias en un 'Death Cafe' "no es una terapia", aclara López, sin embargo, "juntarnos para hablar de esto ya es terapéutico para la sociedad". Mar López, moderadora de este 'Death Cafe', apunta que se creó porque se ha evidenciado que "muchas de las patologías psicológicas tienen que ver con la superación de la muerte".

Según esta profesional, en Europa, la iniciativa surgió en 2004 por iniciativa de un suizo, en torno a una tarta y un café. En Inglaterra el responsable fue un desarrollador informático, que lo inauguró en el sótano de la casa de su madre, que era psicóloga. Este hecho apoya que no los puede hacer cualquiera: "Los tienen que organizar personas cualificadas, con cierta destreza".

"A veces decimos cosas a personas que no conocemos y las callamos en casa"

Con esa habilidad sigue dirigiendo el encuentro y da una idea que hace asentir a casi todos los miembros que dibujan el círculo: "A veces decimos cosas a personas que no conocemos y las callamos en casa". También a Ángeles, empleada de una residencia de ancianos, que plantea la muerte como un momento íntimo: "En el centro donde trabajo disponemos de un par de salas para las familias reservadas para esto".

El comportamiento de los profesionales ante este tipo de situaciones no siempre es clara. "Muchas veces no sé si entrar, si acompañarles, si es mejor quedarme callado... Aunque lo hagamos con la mejor intención, para unas familias podemos parecer pesados, sin embargo, para otras tal vez resultemos pasotas", duda Javier.

Los recuerdos relacionados con la muerte siguen saliendo de las bocas de los asistentes. Luisa rememora el caso de una de sus mejores amigas, que falleció hace poco a causa de un cáncer: "Ella sabía que se moría". Esta certeza que tenía le permitió preparar su despedida: "Escribió cartas, diseñó la ceremonia y eligió la funeraria, porque no todas le caían bien". "Yo también tengo preparado mi funeral. Sé quién va a leer cada cosa". Esas palabras irrumpen y todos miran hacia uno de los lados del óvalo. "Cuando me diagnosticaron el cáncer de pecho hice el testamento de vida, fui al notario para formalizar otros aspectos y diseñé mi despedida", añade Milagros.

"Hay que aceptar la muerte como parte de la vida"

Algunas de estas personas, al menos las que lo compartieron, entienden que "hay que aceptar la muerte como parte de la vida". No obstante, ese hecho no implica que se normalice. "Yo no estoy acostumbrada a ver morir", apostilla una de las participantes que se dedica al mundo de la medicina. Antes de terminar, los diferentes profesionales se hicieron preguntas entre ellos, ¿cómo se vive la muerte en las funerarias? ¿Qué sienten los médicos y enfermeras?

Justo dos horas más tarde del comienzo del 'Death Cafe' se dio por finalizado con varias conclusiones sobre la mesa. Además de las pastas de té y de las palmeritas, las opiniones de los asistentes coincidieron en que hay que "naturalizar" la muerte, que "no se debe ocultar ni tratar como un tema tabú" y que encuentros como ese son pasos que se dan para entender y plantear la vida de otra forma. 

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