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Acusado de profanar la tumba de un amigo en Calatayud porque no creía que hubiera muerto

Un año después del deceso, el joven rompió la lápida y el ataúd y tomó varias fotos que envió a su colegas, según el fiscal.

Imagen de archivo de un cementerio.
Imagen de archivo de un cementerio.
Pixabay

José Luis J. S., vecino de Calatayud, murió en febrero de 2015. Tenía 45 años y una cuadrilla de amigos, entre los que se encontraba Carlos L. P. Su familia no llegó a hacer velatorio y enterró su cuerpo en el cementerio bilbilitano.

Según averiguó la Policía y mantiene la familia del fallecido, representada por el abogado Roberto Gállego, por motivos no aclarados, al grupo de amigos se le metió en la cabeza que José Luis J. S. estaba vivo e incluso comentaban entre ellos que "alguno" lo había "visto" en Zaragoza.

El "rum rum" de esta descabellada hipótesis no cesó y al cabo de un año, Carlos L. P., a la sazón dueño de una de las funerarias de Calatayud, una noche de marzo de 2016 se metió en el cementerio con otra persona, y presuntamente rompió la lápida y el ataúd, hizo fotos y las remitió a sus colegas.

"Al día siguiente, un enterrador y uno de la funeraria encontraron la lápida rota. La conclusión a la que llegaron es que la habría tirado el viento. El caso es que mis padres se lo creyeron, no se plantearon nada más y el seguro repuso la lápida", explica Elena J. S., hermana de José Luis, tras el juicio que empezó a celebrar este miércoles contra él.

Fue al cabo de una semanas cuando una mujer de ese grupo de amigos, Selene J. C., contactó con un allegado de la familia del fallecido y le contó que realmente la lápida no la tiró el "aire", sino que había sido Carlos L. P. Para demostrárselo le enseñó las fotos que él le había pasado desde su teléfono móvil.

Como mantiene el letrado en su escrito de acusación, Selene J. C. conocía lo ocurrido no solo por las fotos que le envió el presunto profanador sino porque Carlos L. P. cogió uno de los trozos de la lápida rota y se desplazó hasta Zaragoza para reunirse con ella y mostrárselo. "Como un trofeo", recuerda su hermana. "Mis padres se llevaron un enorme disgusto, ya que, además de sufrir por la muerte de su hijo, no entendían por qué habían profanado su sepulcro", cuenta Elena J. S.

En ese momento denunciaron lo ocurrido y la Policía, tras analizar los teléfonos móviles, constató que las fotos que tenía la mujer se las había enviado el acusado. Además, cuando fue interrogada por la Policía, reconoció que había sido él, según plasmaron en el informe policial. Las comprobaciones culminaron con la detención de Carlos L. P. en mayo de 2016 como presunto autor de la profanación del nicho.

Un juzgado de Calatayud abrió diligencias contra él como presunto autor de un delito contra el respeto a los difuntos. La instrucción judicial se fue dilatando el tiempo suficiente para que Selene J. C. entablara una relación con Carlos L. P., situación que utilizó de excusa para no declarar contra él por ser pareja sentimental.

 "La duda de la familia era si iba a mantener las afirmaciones que hizo ante la Policía, porque a estas alturas han cortado la relación, tienen un hijo en común y un proceso judicial abierto sobre la custodia del menor", explica Elena S. J.

Las dudas quedaron despejadas durante el juicio. "Él ha negado los hechos, dice que no tiene nada que ver y ella no quiso ratificarse", contó. Un policía sí que corroboró las declaraciones iniciales de Selene J. C., pero la ausencia del funcionario que le tomó declaración llevó al juez a aplazar la vista hasta el mes que viene.

"Tenemos muchas ganas de que esto termine, se haga justicia, mi hermano descanse en paz y mis padres se queden tranquilos", dice Elena J. S. Además, sobre la familia pesa la duda de si el acusado pudo hacer "algo más" que romper el ataúd. "¿Quién nos dice que no quemó el cadáver el en crematorio", se pregunta. "A estas alturas aún va diciendo que no era mi hermano el que estaba dentro", añade. 

La Fiscalía está pidiendo una multa para el encausado y 6.000 euros de indemnización, solicitud que Roberto Gállego eleva a 5 meses de prisión y 10.000 euros por los daños morales sufridos. La defensa pide su absolución. Si es condenado, anunció la hermana, tienen previsto usar el dinero para exhumar el cadáver y comprobar si hicieron algo más que romper su sepultura.

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