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Los enterramientos que miran a la Meca sin salir de Torrero

El cementerio musulmán de Zaragoza acoge unos 40 cadáveres al año, la mayoría de fetos. Y muchos, venidos de Cataluña. Tienen sus propios ritos y un funcionamiento independiente.

Cementerio musulmán de Zaragoza, dentro del recinto de Torrero.
Cementerio musulmán de Zaragoza, dentro del recinto de Torrero.
Guillermo Mestre

En un rincón del cementerio de Torrero, desde 1936 se reserva un espacio para los enterramientos musulmanes. Por aquella época allí se dio sepultura a los cuerpos de los combatientes marroquíes de la Guerra Civil; ahora esas tierras acogen a los musulmanes que se han asentado en la ciudad, pero también a otros llegados de diversos lugares que no disponen de espacios propios para su religión.

El cementerio musulmán de Torrero tiene 3.100 metros cuadrados. Aunque algunos de sus ritos se tienen que adaptar a la normativa española, especialmente en materia sanitaria, hay otros aspectos en los que el recinto tiene su propio funcionamiento. Las sepulturas se hacen siempre en tierra, no en nicho. La comunidad islámica pretende que los enterramientos puedan hacerse sin ataúd, pero la normativa aragonesa no lo permite (al menos por el momento). “Lo hemos pedido a Salud Pública, porque en comunidades como en Castilla y León y Andalucía ya se admite”, cuenta Fawaz Nahhas, presidente de la comunidad islámica en Aragón.

El cementerio musulmán aún tiene espacio libre. De hecho, el Ayuntamiento va a licitar un contrato para que una empresa remueva la tierra (que es especialmente dura en esta parte) para facilitar la labor de los enterramientos. No obstante, aunque hay sitio disponible, se quiere empezar a optimizar el terreno. Todos los años están llegando entre 30 y 40 cadáveres, en un ritmo de crecimiento que va en aumento.

Antes, casi todas las familias musulmanas optaban por repatriar el cadáver de sus seres queridos hasta su país de origen. Pero ahora, las familias están más arraigadas en Zaragoza, por lo que son cada vez más los que prefieren tener los restos de sus padres cerca. Además, así se ahorran los 3.500 euros que puede costar una repatriación.

Aún así, el porcentaje de musulmanes cuyos restos acaban en Torrero no supera el 30% de los fallecimientos de musulmanes en Zaragoza, según calcula la propia comunidad islámica. Eso sí, hasta la capital aragonesa llegan cadáveres procedentes de otros lugares, como Cataluña, en los que no hay cementerios musulmanes. De esa comunidad vienen alrededor del 20% de las sepulturas de Torrero.

Con todo, la mayor parte de los enterramientos del cementerio musulmán son fetos. Según apunta el propio Nahhas, suponen en torno al 90% de las inhumaciones. “A partir de los 40 días de embarazo consideramos que tiene vida, que tiene alma, por lo que si hay un aborto hay que enterrarlo”, señala el líder de la comunidad islámica en Zaragoza.

Una de las peticiones que han hecho es que se habilite una fosa para los fetos, con el objetivo de que no ocupen tanto espacio en el camposanto. Además, también están en diálogo con el Ayuntamiento para habilitar otra fosa común para adultos, a la que llevar los enterrados que llevan más de 20 años y cuyos familiares no pagan las correspondientes tasas.

El cementerio musulmán de Zaragoza está situado dentro del complejo del cementerio de Torrero y fue creado para albergar a los combatientes marroquíes que lucharon en la Guerra Civil. En la actualidad acoge las sepulturas de los musulmanes que residen en Aragón, pero también en otras comunidades como Cataluña.
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¿Cómo es un enterramiento musulmán?

Los musulmanes tienen su propio funcionamiento dentro de Torrero. Para un enterramiento, los trabajadores municipales son los encargados de hacer el hueco en el suelo. Pero prácticamente ahí acaba su trabajo. A diferencia del resto de ceremonias, “luego ellos se encargan de hacer los ritos, de meter el féretro y de taparlo”, comentan desde el área de Cementerios del Consistorio.

Dentro del espacio musulmán, el Ayuntamiento levantó un pequeño edificio para que pudieran llevar a cabo sus ceremonias. Allí se lava y perfuma el cadáver cuando llega para “purificarlo”. Luego se envuelve con tres telas diferentes sin costuras y se vuelve a meter en el ataúd. El proceso puede llevar sobre una hora de tiempo. En ese momento se hace un rezo de unos dos minutos en el que se hacen súplicas por el fallecido y por sus familiares.

Después se hace el enterramiento. La cabeza debe estar orientada hacia la Meca y girada hacia la derecha. “Entonces se hace la súplica a Alá para que la tumba no se estreche”, señala Nahhas. "Cuando una persona muere sale el alma, pero cuando entra en la tumba vuelve a entrar. Está en un periodo transitorio y, según sus obras y sus comportamientos, la tumba se convierte en una pequeña muestra del paraíso o en una pequeña muestra del infierno", informa el líder de los musulmanes en Zaragoza.

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