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sanidad

"Un gran quemado facial siempre querrá volver a tener su cara, pero es imposible"

Enrique Monclús, cirujano que trató a Kamal, el joven atacado en Caspe con ácido, explica que el tratamiento estético es fundamental, pero también el psicológico.

ENRIQUE MONCLUS ( COORDINADOR MEDICO DE LA UNIDAD DE GRANDES QUEMADOS DEL HOSPITAL MIGUEL SERVET DE ZARAGOZA ) / 05/02/2020 / FOTO : OLIVER DUCH [[[FOTOGRAFOS]]]
Enrique Monclús, coordinador médico de la Unidad de Grandes Quemados del Hospital Miguel Servet de Zaragoza.
Oliver Duch

Kamal Moloudi, el joven de Caspe que fue atacado con un líquido químico, tuvo la mala suerte de ser el instrumento de una venganza. Pero, dentro de la desgracia, contó con la fortuna de que Zaragoza tiene uno de los mejores servicios de tratamientos de quemados de España. El equipo de la Unidad de Grandes Quemados del hospital Miguel Servet es desde hace años centro de referencia nacional. Por esa misma razón, atiende no solo a pacientes de Aragón sino también a derivados de otras comunidades.

Los resultados son muy buenos, pero, como reconoce el doctor Enrique Monclús, coordinador de la unidad, en el caso de los grandes quemados faciales –como el de Kamal– los pacientes nunca se quedan totalmente satisfechos. «Para ellos nunca son suficientes los tratamientos ni las intervenciones que hagas», explica. Lo dice porque un lesionado de estas características lo que anhela es volver a tener la misma apariencia de antes de la agresión. «Y eso es imposible», apunta.

Kamal llegó al centro sanitario el 3 de mayo de 2019. El joven, que en ese momento tenía 17 años, presentaba quemaduras de tercer grado en un 5% de su cuerpo, concentradas fundamentalmente en la mitad izquierda de la cara y en el cuello. Su estado era muy grave y estuvo a punto de morir.

Los primeros días permaneció en coma inducido e intubado, ya que cabía la posibilidad de que hubiera ingerido el líquido abrasivo. Pero el equipo médico comenzó a tratarlo desde el minuto cero y a contrarreloj para minimizar riesgos. Kamal fue sometido a un tratamiento que el Miguel Servet practica desde 2015, del que fue pionero y al que luego se sumó el resto de unidades de grandes quemados españolas. El procedimiento consiste en el uso de la bromelaína, una sustancia derivada del tallo de la piña que desbrida las quemaduras (se come la carne afectada) y deja las zonas limpias, seguido de la aplicación de un gel elaborado con miel de manuka de Nueva Zelanda, un cicatrizante con propiedades antiinflamatorias y analgésicas.

«Normalmente la bromelaína se aplica una vez y se retira a las cuatro horas, pero en el caso de Kamal lo hicimos dos veces», explica Enrique Monclús, precursor de esta técnica en quemados faciales. El resultado, cuenta, fue «perfecto». La bromelaína no cura por sí misma, sino que prepara la zona para regenerar la piel bien con injertos –normalmente del muslo– o con matrices dérmicas.

La evolución del joven fue buena, hasta que empezaron a formarse queloides, es decir, cicatrices retráctiles y abultadas que producen un estiramiento de la piel. Esta circunstancia ha provocado que la evolución estética no haya sido buena y aunque funcionalmente no se han visto afectados ni la visión, ni el oído, el olfato o el gusto, sí ha sido necesario intervenirle con matrices dérmicas para mejorar la presencia facial y el cuello.

«El tratamiento con Kamal no ha terminado. Me pidió un descanso de seis meses, que me pareció adecuado e incluso beneficioso, pero todavía no ha llegado el momento en que no podamos hacer más por él. Pero –incide– para los quemados faciales los tratamientos nunca serán suficientes y nunca estarán satisfechos». Además, resalta que en estos casos la reparación estética es una parte solo del proceso. Otra, tan importante o más, es la psicológica. Es normal que los pacientes que llegan con quemaduras de este calibre sufran shocks traumáticos y necesiten tratamiento psicológico durante mucho tiempo.

La familia de Kamal convocó el pasado domingo una manifestación en Caspe, a la que respondió de manera masiva la población, para reclamar justicia (hace diez días salió en libertad provisional uno de los presuntos autores intelectuales de la salvaje agresión) y para recaudar fondos para futuros tratamientos para el joven y también para pagarle un buen abogado que represente sus intereses. El doctor entiende perfectamente que sus padres y hermanos quieran buscar una segunda opinión médica, porque es lógico que traten de hacer todo lo que puedan con él y estén volcados en su recuperación. Aunque en la Unidad de Quemados del Miguel Servet van a continuar haciendo todo lo que puedan por el muchacho, a quien tienen en gran estima.

La familia tiene concertada una cita en unas semanas con la clínica dePedro Cavadas, el cirujano famoso por las arriesgadas reconstrucciones y operaciones de casos difícilmente operables, como el del niño del tumor que falleció esta semana.

Nunca utilizar agua, sino antídotos

Enrique Monclús, coordinador de la Unidad de Quemados del Miguel Servet, tiene una amplia experiencia en el tratamiento de grandes lesionados por quemaduras de todo tipo. Los casos más frecuentes que llegan son producto de accidentes laborales. Explica que las empresa químicas tienen protocolos de actuación en accidentes, que incluyen aplicación de antídotos y neutralizadores. En el caso de Kamal, fue duchado con agua, algo totalmente desaconsejado en quemaduras químicas, sobre todo si se desconoce el producto, puesto que profundiza las quemaduras. En su caso se ha hablado siempre de ácido pero bien podría ser sosa cáustica, una base química que nada tiene que ver con el ácido.

Enrique Monclús compagina su labor en el Servet con actividades relacionadas en colectivos como la Federación Iberolatinoamericana de Quemaduras, de la que es secretario general, o la Asociación Española de Quemaduras y Traumatismo Eléctrico, que preside. Es vocal de Cooperación Internacional y Relaciones con la industria de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética.

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