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Los Espumosos: cien años de cañas con limón y gambas con gabardina

Los Espumosos, cuya sede original estuvo en el paseo de la Independencia de Zaragoza, cumple un siglo de servicio ofreciendo calamares, martinis con sifón y gambas orly. Autoridades locales, personal de la cervecería y muchos de los clientes habituales se reunirán el próximo día 30 para brindar por este centenario.

“Con cinco o seis años, yo iba con mi abuelo los domingos y me tomaba un refresco de cola y unos calamares. Me acuerdo que había una barra de herradura y, al fondo, un gran radiador sobre el que yo me sentaba”. Emilio Domínguez Laguens cree que es “el destino” el que le llevó a ponerse al frente de la cervecería Espumosos, que había disfrutado una y mil veces de niño. El establecimiento cumple ahora cien años, lo que supone “un orgullo” y casi una rareza porque “por desgracia muchos bares, obradores y pequeños comercios se han ido cerrando en los últimos años”, dice el propietario.

Los Espumosos, hoy en el paseo de Sagasta 5, tiene un origen incierto que se remonta a los primeros años del pasado siglo XX. Aunque ahora se celebra el centenario de la apertura oficial del local que se ubicó en el paseo de la Independencia número 6 (después se trasladó al 28), hay constancia de que años antes la cafetería ya estaba funcionando. Domínguez cita un suceso que vio en la hemeroteca de HERALDO en 1917 (el robo de una cartera) y otras fuentes se remontan a 1914 porque ya entonces existía un local en Independencia, abierto por Hermenegildo Aguaviva, fabricante de gaseosas, espumosos y jarabes, que llevaba el nombre de Los Espumosos del Sifón Higiénico.

En 1936, poco antes de estallar la Guerra Civil, abrió otro 'Espumosos', impulsado por Manuel Villuendas, también en Independencia y a lo largo medio siglo se convirtió en un icono de la hostelería zaragozana. Sus productos ganaron fama incluso fuera de Aragón, especialmente sus gambas rebozadas y su cerveza con limón, pues fue uno de los primeros bares en montar un serpentín para que la cerveza se sirviera a baja temperatura.

Espumosos, local que incluso cita Ramón J. Sender en su novela ‘La Quinta Julieta’, siguió en Independencia hasta que se trasladó en marzo de 1982 al paseo de Sagasta no sin antes causar una pseudo-revolución popular. Cuando se anunció su cierre, se recogieron miles de firmas en protesta por la desaparición del popular establecimiento, que fue sustituido por una sucursal bancaria. Ya entonces surgió el debate sobre si debía aprobarse alguna ley que defendiera “los monumentos de valor humano” y el periodista Alfonso Zapater se hizo eco de algunas estrofas -casi un romance de ciego- que circulaban por la ciudad: “Oigan señores la historia/triste de Los Espumosos/que para poner un banco/le han echado el cerrojo”.

“Fue un momento complicado. Un cliente anónimo dejó un escrito en la pared que ahora reproducimos en los distintos Espumosos”, apunta Domínguez. Aquel texto pone el acento en que no se cerraba solo un café sino “parte de la memoria colectiva de la ciudad” y, de hecho, parecía que Espumosos se sumaba a la larga lista de cafés desaparecidos en los porches de Independencia como fueron Ambos Mundos, el Suisse, el Alaska, el Avenida…

Otro momento crítico en la centenaria historia del local llegó en el año 2009 cuando un incendio declarado en la cocina le puso al borde de la desaparición. Los daños fueron tales que la inversión que precisaban los arreglos asustó a los herederos de los fundadores, que decidieron finalmente ceder el testigo.

“Fue cuando entramos nosotros con la nueva gerencia, pero quisimos volver a contar con algunos de los encargados y cocineros que llevaban quince años trabajando en el antiguo local, pues la idea era absorber las recetas y las especialidades”, explican los actuales gerentes. Admiten que aquel café casi de tertulia literaria ha cambiado porque “la hostelería se ha modernizado”, pero cuentan con “los mismos proveedores de aceite, de escabeche, hasta las mismas salsas” del Espumosos original. “Tratamos de mantener la esencia ofreciendo el producto de siempre. Esto es, con las mismas especialidades como son la ensaladilla, los calamares hechos en el momento y, sobre todo, la caña con jarabe de limón”. Cuentan que siguen yendo clientes de décadas atrás y que alguno acude con fotografías intentando identificar a sus familiares o contando historias de los camareros antiguos.

Ahora mismo hay abiertos Espumosos en Sagasta, la calle Cádiz, la calle Delicias y Aragonia. En Utrillas hubo uno pero cerró y en Cinco de Marzo hay otro, que cambió de marca por cuestiones de política mercantil. Más de cien personas están trabajando en un negocio hostelero que despierta tanta nostalgia como el Levante, el Gran Café u otros establecimientos míticos de la ciudad. El próximo día 30 se prepara una fiesta para celebrar el centenario y estos días se reúnen imágenes históricas para poder proyectarlas. Habrá un pequeño trivial sobre la historia del local, está prevista la presencia del alcalde Jorge Azcón y presentará la velada Adriana Oliveros. Cómo no, por descontado, se ofrecerá un pequeño ágape con ensaladilla y cerveza con limón.

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