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La ocupación de pisos se extiende por toda la ciudad

El fenómeno, lejos de rebajarse, se amplía y afecta ya a casi todos los barrios de Zaragoza. PP-Cs suprime el programa de mediación para estos casos porque, a su juicio, "no funcionaba".

Una puerta antiokupas, con alarma de seguridad, en el barrio de La Jota.
Una puerta antiokupas, con alarma de seguridad, en el barrio de La Jota.
Raquel Labodía

El fenómeno de la ocupación de pisos sigue vivo en Zaragoza. Lejos de rebajarse, las plataformas y asociaciones que trabajan con el problema del acceso a la vivienda ven “un repunte” en una realidad que afecta ya a todos los barrios de la capital aragonesa. Aunque no hay cifras oficiales, se calcula que son cientos los inmuebles en los que ha entrado gente a vivir sin permiso. En algunos casos, se generan importantes problemas con los propietarios de los pisos y con los vecinos del entorno; en otros, incluso se llega a normalizar la situación.

Generalmente son personas, familias muchas veces, que se han quedado sin vivienda y que apenas tienen recursos. Sin demasiadas opciones inmediatas que no pasen por vivir en la calle, deciden ‘pegar la patada’ a una puerta y entrar a un piso vacío. Una vez dentro, solo una orden judicial de desahucio puede sacarlos. Una vecina de La Jota, cuya vivienda ha quedado rodeada de pisos okupas bastante problemáticos, relataba esta semana a HERALDO: “Cuando entran a vivir a un piso, si les dices algo te contestan: ‘Si esto es mío. Le pego la patada a la puerta, entro y es mío’. Y con eso te quedas. Y encima tienen razón”.

Concha Cano, de la plataforma Stop Desahucios, señala que el fenómeno “va en aumento porque cada vez es más difícil encontrar una vivienda en alquiler”. Según su experiencia, en buena parte se trata de “familias gitanas”, que a las dificultades económicas unen los recelos de los propietarios a alquilarles un piso. “Son personas con ingresos muy bajos y no tienen otra opción que no sea vivir en la calle”, señala Cano. A su juicio en Zaragoza actualmente “apenas hay chabolismo porque hay ocupación”.

El objetivo en estos casos es buscar un alquiler social con los bancos, que hasta ahora eran los grandes propietarios de estas viviendas vacías. Sin embargo, cada vez es más difícil porque muchos pisos han pasado a manos de fondos de inversión o de inversores particulares, que no quieren negociar un contrato social.

Así, la situación acaba enquistándose, sin opciones de realojo para los okupas, y con limitadas posibilidades de desalojo para los propietarios. Desde la Federación de Asociaciones de Barrios de Zaragoza consideran que “el precio de los alquileres” es un elemento fundamental para entender el fenómeno, por lo que piden “una regulación”.

El caso es que, por uno u otro motivo, los pisos ocupados se extienden por toda la ciudad. Aunque hay edificios enteros -uno de ellos se localiza en plena zona Centro-, lo más habitual es que sean pisos aislados. Generalmente se ubican en los cascos históricos de los barrios, en bloques antiguos, aunque también los hay en edificios nuevos, como el citado de La Jota, en el que tres propietarios se encuentran prácticamente rodeados por pisos que se han ocupado.

Según denuncian desde los propios barrios, hay personas que se dedican a vigilar qué viviendas se quedan vacías, rompen la puerta, la ocupan y cobran un dinero a alguna familia para que entre a vivir allí.

En el Barrio Jesús, Raúl Gascón (de la asociación de vecinos) dice que puede haber unas diez viviendas ocupadas, la mayoría entre el camino del Vado y la calle Jesús. “Si el dueño real del inmueble no denuncia, estamos atados de pies y manos”, señala.

Cerca, en el Arrabal, el presidente de la asociación de vecinos, Rafael Tejedor, dice que se trata de un problema “de compleja solución”. Señala que en el barrio puede haber unos 20 pisos ocupados, la mayoría en Balsas de Ebro Viejo. “Suelen ser pisos que se quedó la Sareb y que están cerrados”, afirma. Además, añade que en este caso suelen causar problemas, ya que “se enganchan a luz”, no participan “en la limpieza de la comunidad” y generan “problemas de convivencia”.

Vanesa Escudero, zaragozana de 19 años, casada y madre de dos hijos, asegura que un engaño fue la razón por la que entró en el piso en el que actualmente reside con su familia, vivienda propiedad de Unicaja. Una entidad que le ha puesto fecha de salida: el 22 de enero.

Son solo dos ejemplos. Pero hay un buen número de casas ocupadas en el grupo Girón de Las Fuentes, en el barrio Oliver, en San Pablo, en Tenerías, en Las Delicias... Los puntos se extienden por buena parte del mapa de Zaragoza, aunque no haya una estadística oficial al respecto. 

Suprimido un programa municipal

El anterior gobierno municipal, en manos de ZEC, impulsó un programa para tratar de afrontar el problema de la ocupación, mediante el que trataba de mediar entre los okupas y los propietarios, generalmente bancos, para pactar un alquiler social. Según los datos de la sociedad municipal Zaragoza Vivienda, la oficina municipal había hecho a finales de 2018 142 mediaciones en casos de ocupación. Eso impulsó la creación de ese programa con la colaboración de las entidades sociales afectadas.

El gobierno PP-Cs ha decidido suprimirlo. Según fuentes municipales, lo ha hecho porque "no funcionaba", fundamentalmente por dos motivos. Primero porque muchos de estos pisos han pasado a manos de fondos de inversión o de particulares, que no quieren acceder a un alquiler social. Y luego porque –siempre según las citadas fuentes– algunos inmuebles están en tan malas condiciones que los propios inquilinos no quieren atarse a un contrato

Por eso, el Ayuntamiento prefiere tratar el problema con los servicios sociales y que los inquilinos entren en la bolsa de pisos. No obstante, esta medida ha generado críticas entre las entidades que trabajan el tema de la ocupación, ya que, según dicen, ahora cuenta con una baza menos para buscar una salida para los afectados.

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