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De edificio en ruinas a primer ‘hostel’ cápsula de Aragón

Tres hermanos compraron un inmueble de 1936 en la calle de Boggiero de Zaragoza para darle un nuevo aire en apenas nueve meses. Abrirá a finales de mes con 46 plazas hoteleras. El proyecto fue redactado por estudio QS Arquitectos y ejecutado por la constructora Arcocúbico.

El número 78 de la calle de Boggiero de Zaragoza era, hasta el 6 de marzo del año que se acaba de marchar, un inmueble yermo. Poco más que un solar con una fachada histórica que escondía unas escaleras precarias, varias vigas mal avenidas y unos nobles aleros de madera que a duras penas protegían el empedrado de los medianiles originales. Diez meses después, la postal es bien diferente. La parcela ostenta un renovado edificio, respetuoso con su antecesor –conserva su estructura externa de 1936, catalogada y ahora reluciente– y que presume de las baldosas que un día ornamentaron una gran vivienda familiar.

En una placa junto a la puerta se anuncia ahora el cartel de ‘The Botanic Hostel’, el primer alojamiento turístico tipo ‘cápsula’ que abre en la Comunidad, con literas como las que se han popularizado en todo el mundo a raíz de su empleo en algunos complejos hoteleros japoneses. Es el proyecto fraternal de Tamara, Laura y Ernesto Lardiés, tres hermanos de entre 31 y 40 años que han unido fuerzas y recursos en un negocio con el que pretenden ofrecer "otra forma de hacer turismo en Zaragoza, tanto para viajeros jóvenes como adultos, en familia o solos, con una gran sala común en la que los distintos visitantes puedan tomar algo, conocerse y charlar y que sirva de punto de partida para realizar una visita turística".

Ese gran espacio es lo primero que se encontrarán los huéspedes nada más atravesar el portón de entrada y saludar al recepcionista. Por encima se levantan tres pisos con distintas habitaciones compartidas (lo que lo diferencia de un hotel convencional) y dos privadas que suman 46 plazas hoteleras. Entre ellas destacan las que guardan las camas dentro de cubículos (de 2x1x1 metros) que se aíslan de la luz mediante cortinas y que resultan más amplios de lo que en principio cabría sospechar.

A las habitaciones se llega mediante escaleras o ascensor, un elemento poco común en los edificios del entorno, pero que no desentona ya que en el remate de los detalles no se ha caído en extravagancias. "Antes de lanzarnos a configurar los distintos espacios nos dedicamos a visitar un montón de ‘hostels’ para poder tomar las ideas que más nos gustaran y así importarlas. Nos hemos volcado personalmente en el proyecto y hemos tratado de poner a disposición de los turistas el lugar en el que a nosotros nos gustaría quedarnos", apunta Laura, quien junto a su hermano gestiona varios alojamientos turísticos en la ciudad.

Una obra compleja

Detrás de la redacción del proyecto se encuentran los colegiados Jaime Quintana y Carla Stamm (QS Arquitectos), mientras que la obra fue ejecutada por Arcocúbico, la empresa de Tamara, arquitecta técnica de profesión. El proceso de obra no ha estado exento de complicaciones. La escalera, por ejemplo, ha encajado por solo un centímetro dentro de los parámetros urbanísticos requeridos. Y las maniobras para poder entrar las columnas y vigas por las estrechas calles Cerezo y Boggiero resultaron "todo un espectáculo". Además, la obligación de contar con una segunda escalera obligó a hacer malabarismos con el espacio y a renunciar al patio interior con el que soñaban los promotores.

Cambio radical. La estampa actual del hall, donde se dan la mano el recibidor, una zona común y una pequeña cocina para los desayunos, contrasta con la imagen de ruina que presentaba hace diez meses. La escalera es uno de los pocos elementos originales que sobrevivió al paso del tiempo, si bien ha sido sustituida.
La estampa actual del hall, donde se dan la mano el recibidor, una zona común y una pequeña cocina para los desayunos, contrasta con la imagen de ruina que presentaba hace diez meses. La escalera es uno de los pocos elementos originales que sobrevivió al paso del tiempo, si bien ha sido sustituida.
Aránzazu Navarro

Las distintas habitaciones se reparten entre mixtas y femeninas y dos individuales, una de estas últimas adaptada para personas con discapacidad. Entre otros detalles, el suelo de los balcones muestra las baldosas recuperadas y pulidas tanto en la cara visible desde la calle como en la que da a las diferentes estancias. La refrigeración está regulada por un sistema de aerotermia limpio.

Jardín vertical

Otra de las señas de identidad del establecimiento será un jardín vertical que crecerá por las paredes desde el mismo hall, en el que además de la cocina aguarda un recibidor que procede de un antiguo banco de trabajo que sobrevivió a una riada del Ebro y que pertenecía a uno de los abuelos de los promotores. Porque en este proyecto hotelero todo queda en familia.

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