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Zaragoza

juicio por abusos sexuales

Juzgan a un vecino de Zaragoza por presuntos abusos sexuales a la hija de su novia

El hombre niega los hechos pero la menor, ahora de 12 años, mantiene que la sometía a distintos tocamientos diciéndole que se trataba de juegos. 

El acusado, durante el juicio celebrado este martes en la Audiencia Provincial de Zaragoza.
El acusado, durante el juicio celebrado este martes en la Audiencia Provincial de Zaragoza.
Heraldo

Ahora tiene 12 años y ya no vive en Zaragoza. Se marchó con su padre, que reside en el Reino Unido, para escapar del hombre que presuntamente abusaba sexualmente de ella. Vasile M. era el novio de su madre, con quien había convivido desde los 6 años, pero cuando cumplió 11 empezó a comportarse con ella de manera distinta. Sobre todo, a tocarla de forma "diferente".

"Me hacía cosquillas que no me gustaban nada. Me daba besos y me metía la lengua en la boca. Me tocaba el culo y las tetas. Me decía que eran juegos, pero eso no era un juego". 

Haciendo un gran esfuerzo por responder a cuestiones que quiere olvidar y rompiendo a llorar en varios momentos, la niña explicó este martes a los magistrados de la Sección Primera sus vivencias durante los últimos seis meses que vivió con su madre y el novio de esta, hasta que le contó lo sucedido a su padre y este lo denunció ante la Policía.

Vasile M. negó todas las acusaciones y justificó la denuncia como una estrategia del padre para conseguir la custodia de la menor y quitársela a la madre. "La relación con ella era buena", aseguró. 

Lo cierto es que, tal y como aseguraron tanto la niña como, su padre, su madre, su abuela y el propio acusado, las relaciones familiares eran buenas y, desde que el matrimonio se separó de mutuo acuerdo, las visitas se cumplían sin incidentes y con normalidad.  

Pero la situación cambió a partir de los 11 años. Según la niña, cuando empezaron los abusos el acusado trabajaba en Madrid y se desplazaba a Zaragoza durante los fines de semana. "Me hacía cosas cuando mi madre estaba en la cocina o cuando se iba un rato de casa", explicó. 

La situación empeoró cuando Vasile M. se quedó sin trabajo y se instaló en la capital aragonesa con la menor y su madre. Además de los besos, explicó que en dos ocasiones hizo que le tocase los genitales. Una de ellas estaba en su cama dormida y se despertó al notar que le había cogido la mano y se la había puesto sobre su pene.

La menor lloró al recordar que contó a su madre en varias ocasiones lo que Vasile M. le hacía, pero no la creyó. Desde que se fue con su padre, que ahora tiene la custodia por acuerdo entre los dos cónyuges, no ha querido verla más porque siente que no la protegió.

Su madre, sin embargo, declaró que la niña nunca le dijo nada y no se enteró hasta que la Policía la llamó. "Delante de mis ojos no ocurrió nada", insistió y añadió que su hija no quiere hablar de "esto" con ella. "Yo creo a mi hija porque es mi hija", afirmó.

Quien sí la creyó fue su abuela, a la que veía cada dos fines de semana y con la que estableció un código para avisarle por teléfono cada vez que ocurría algo. "Me mandaba un 5 en un mensaje y yo iba a hablar con ella a la valla del colegio o la esperaba a que saliera y me lo contara", declaró. 

Al preguntarle por qué no actuó antes dijo: "Yo le decía a la niña que tenía que contárselo a su madre y esperaba que tomara medidas". Según la menor, su progenitora le decía que iba a hablar con su novio, pero no lo hizo nunca.

La madre llevó a la niña a una psicóloga. "Lo hice para que hablara conmigo. Ella me dijo que era bueno que estuviera con su padre y yo accedí", relató la mujer. En la segunda cita, la menor le contó a la psicóloga lo que le estaba pasando. 

El juicio fue aplazado hasta dentro de unos días, cuando declararán las peritos del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Aragón. La representante de la Fiscalía pide una condena de 5 años de cárcel, pena que la acusación, ejercida por la abogada Sonia González, eleva a 8 años. La defensa pide la absolución.

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