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Zaragoza

Violencia de Género

"Mis hijos no van a crecer viendo que alguien me maltrata"

María, una de las residentes de la casa de acogida de mujeres maltratadas de Zaragoza, relata como logró escapar de la humillación y la violencia.

ARAGON REPORTAJE CASA DE ACOGIDA A MUJERES VICTIMAS DE VIOLENCIA DE GENERO / 27-11-2019 / FOTO: ARANZAZU NAVARRO [[[FOTOGRAFOS]]]
Imagen de los pasillos de la casa de acogida a mujeres maltratadas de Zaragoza.
Aránzazu Navarro

Mueve con mimo un carrito, donde duerme ajena a todo su bebé de solo tres meses. 90 días dan para dos vidas: la de la pequeña y la suya. Dos días antes del parto, su marido le golpeó delante de su hijo mayor y con el rostro aún ensangrentado tomó una decisión trascendental: denunciar y volver a empezar. "Mis hijos no van a crecer viendo que alguien me está maltratando", dice.

María (nombre supuesto) llegó de un país americano que prefiere no desvelar con su hijo pequeño. Su marido ya estaba aquí y el futuro pintaba bien. Le dijo que tendría empleo y papeles pronto. Pero no fue así. Empezó a trabajar en el cuidado de dos personas mayores, con horarios que le impedían ver a su hijo, sin días libres ni la más mínima protección laboral. Al volver a casa, las cosas no mejoraban. "Tenía que pagar por la habitación donde estaba, comprar la comida de mi hijo, todo. Tenía que mantenerlo a él, a mi hijo, hacer las cosas de la casa, no tenía ayuda. Era un abuso", recuerda.

Su vida empezó a ser una pesadilla. "Me veía obligada a aceptar cosas que no quería, como estar con él aunque yo no quisiera. No tenía otra", recuerda. Hasta que quedó embarazada. Mantuvo oculto su estado, consciente de la despedirían. A los siete meses de gestación perdió el empleo.

Arreciaron los insultos, los gritos, las amenazas... Pensó en huir, llegó a buscar los pasajes para volver a su país, pero no logró la autorización del padre para retornar con su hijo. "No me iba a ir sin él", insiste. Estaba desesperada. Hasta que recibió la fuerte bofetada que la dejó sangrando. "Nunca pensé que me fuera a pegar. Me faltaban tres o cuatro días para dar a luz y me dije que no podía seguir así. Cogí a mi hijo y puse una denuncia. Mi hijo no podía estar viendo esto", afirma.

No tenía a donde ir. Pasó la noche en el centro de emergencias de la DGA y empezó a tener contracciones. Dio a luz un par de días después a su pequeña y a la semana estaba en la casa de acogida. "Aquí ha crecido mi hija", dice. Tiene un hogar, autonomía y su hijo mayor está feliz. Ha empezado un curso de cuidado de personas dependientes y está tramitando su permiso de residencia en España. Ve una oportunidad. Se siente mejor. "Antes no podía hablar de esto, me ponía a llorar. Siempre duele, pero cada día que pasa duele menos", concluye.

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