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Zaragoza

las fuentes

De ‘Villa Asunción’ a nido de vandalismo

La antigua fábrica de Giesa-Schindler se instaló en un paraje rústico, pero tuvo que salir de la ciudad cuando comenzó a rodearse de viviendas. Desde entonces, cayó en el abandono.

Imagen de 2004 de la fábrica Giesa (ya entonces Schindler), cuando aún estaba operativa.
Imagen de 2004 de la fábrica Giesa (ya entonces Schindler), cuando aún estaba operativa.
Oliver Duch

La antigua fábrica de Giesa ha tenido una historia frenética desde su construcción, uso y posterior abandono. Hace ‘solo’ 80 años, este rincón de Las Fuentes, conocido como ‘Villa Asunción’, era una enorme extensión de terreno rústico, solo salpicado por el palacio de Larrinaga. La empresa Guiral Industrias S. A., que se dedicaba a la construcción de aparatos eléctricos, compró el suelo para edificar una nueva fábrica. El emplazamiento era ideal, ya que contaba con la estación ferroviaria de Utrillas y con las cocheras del tranvía.

La fábrica empezó a construirse en 1942, a pesar de que la licencia de obra no se concedió hasta tres años después por la necesidad de hacer un refugio antiaéreo. Los encargados del proyecto fueron Miguel Ángel Navarro Pérez (autor de otros edificios como Casa Soláns o Casa Palao) y su hijo José Luis Navarro Anguela. Sobre una enorme manzana de 32.000 metros cuadrados, dibujaron un edificio principal que de inmediato fue ampliado en uno de sus lados, dando lugar a un trazado en forma de L en cuyo vértice se levantó una torre de seis alturas en la que se probaban los ascensores que allí se construían.

El edificio principal tiene tres plantas (baja más dos alturas), con una fachada de 164 metros con elementos que se repiten de forma rítmica. En el centro se ubica la puerta de entrada de los vagones, con un gran arco de medio punto y una “espléndida puerta de forja”, como la define la hoja patrimonial del Ayuntamiento, que encuadra el edificio en el “neorracionalismo regionalista”. La antigua fábrica tiene un grado de protección de interés arquitectónico B, y es obligatorio conservar su volumen, estructura de cubiertas, fachadas y cerrajerías.

La fábrica funcionó durante 60 años, hasta que quedó como una isla fabril en medio de una zona residencial. Giesa, ya bajo el nombre de la multinacional suiza Schindler, tenía la necesidad de modernizarse y ampliarse, y el urbanismo de la ciudad también pedía su salida.

Por ello, a comienzos de 2005 los propietarios firmaron un convenio con el Ayuntamiento (con gobierno PSOE-CHA) en el que se racalificó suelo para construir 421 viviendas, y con el que se pudo financiar la salida de la factoría al polígono Empresarium de La Cartuja. Además, el Consistorio se quedó con el edificio principal, con el objetivo de destinarlo a equipamiento público.

En todo este tiempo, la vieja fábrica ha sufrido un acelerado proceso de abandono. Al paso del tiempo se ha unido la acción de los vándalos, que camparon a sus anchas por su interior. Jóvenes y no tan jóvenes entraron con normalidad para pintar y destrozar parte de las estructuras y los bomberos tuvieron que sofocar varios incendios. Mientras tanto, por el Ayuntamiento pasaban ideas y proyectos para el inmueble, todos con el mismo fracasado final. Se habló de un espacio para el ocio y aprendizaje de la infancia, de la Ciudad de los Niños, del Museo de la Industria y, más recientemente, de La Regeneradora, un centro de reutilización de aparatos eléctricos con empresas sociales. Ahora, el derribo parcial de las estructuras más deterioradas debe ser el primer paso para que este edificio de la calle San Joaquín encuentre una nueva vida.

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