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El restaurante Pájaros en la cabeza, premio nacional de Cepyme por contratar a jóvenes con síndrome de Down

Desde que Alberto Muñoz abrió este local de restauración en Zaragoza en 2014 siempre ha contado con dos personas de este colectivo en su plantilla.

María Izuel y Alberto Muñoz, en el centro, en la gala de entrega de premios de Cepyme junto a la ministra de Economía en funciones, Nadia Calviño.
María Izuel y Alberto Muñoz, en el centro, en la gala de entrega de premios de Cepyme junto a la ministra de Economía en funciones, Nadia Calviño.
Cepyme/

Lo primero que hace María Izuel cuando llega al restaurante Pájaros en la cabeza, en la avenida de Juan Pablo II de Zaragoza, es darle un beso a su “jefe”, como llama a Alberto Muñoz, y, después al resto de compañeros de su turno. Tiene síndrome de Down y desde hace cinco años pertenece a la plantilla de este local, que fue pionero en el sector en contratar a jóvenes con discapacidad. Ella también fue la que recogió en Madrid, junto a Alberto Muñoz, el pasado 6 de noviembre, el último premio que recibe este establecimiento y que le ha concedido la Confederación Española de la Pequeña y Mediana Empresa (Cepyme) por la inclusión laboral de personas con discapacidad.

“Este reconocimiento supone sobre todo una satisfacción personal, porque el restaurante funciona y mi afán no es duplicar la facturación con este tipo de galardones. Me doy por satisfecho cuando vi a María ir a recoger el premio, porque es una forma de visualizar que una persona con discapacidad puede estar completamente integrada en el campo laboral”, explica este autónomo y emprendedor. Su “objetivo” es que otras empresas sigan su ejemplo, se motiven y “contraten a más Marías, que las hay”, asegura.

"Este premio es una forma de visualizar que una persona con discapacidad puede estar completamente integrada en el campo laboral"  

Este soñador que ha hecho realidad una ilusión de juventud subraya la implicación de la Fundación Down en este proyecto desde el primer momento y el apoyo y seguimiento que ha recibido por parte de sus profesionales con los chavales que han hecho prácticas en su cocina y en el comedor. Con él empezó a trabajar a finales de 2014 Íñigo Insausti, quien después de tres años es pinche de cocina en el Hospital San Juan de Dios. Otra de sus empleadas con síndrome de Down, María Ruiz, se ha tomado un tiempo para estudiar pero espera volver a contar con ella. Muñoz también subraya “el respaldo incondicional y la motivación” del equipo del restaurante, una 'familia' de 14 personas, para que la tan comentada inclusión sea una realidad.

La gala de los premios Cepyme se celebró el pasado 6 de noviembre en Madrid  y contó con la presencia de la ministra de Economía en funciones, Nadia Calviño. El reconocimiento a Alberto Muñoz y María Izuel, se concedieron un total de 11 galardones, les fue entregado por el vicepresidente ejecutivo de Fundación ONCE, Alberto Durán. En 2016 este empresario zaragozano ya fue invitado a asistir a esta cita, pero no ha sido hasta ahora cuando se ha lanzado a participar. "La asociación Inserta de la ONCE también ha sido un respaldo para mí, pero por la falta de tiempo para preparar el dossier y la documentación no me decidía a presentarme. Este año me animaron de tal manera que me enganché", cuenta.

"Mi objetivo es que otras empresas se animen a contratar a más Marías, que las hay"

El nombre de Pájaros en la cabeza, comenta Muñoz, quiere "simbolizar" a las personas con síndrome de Down, que "son maravillosas y especiales", como cuando de niño los padres te reprochan que tienes "pájaros en la cabeza" y te sientes "la persona más feliz del mundo". Para el futuro no acaricia ningún "gran proyecto", le basta con "hacerlo bien día a día" y "mantener" lo que ya ha conseguido. Sí que reconoce que su gran ilusión sería llegar a dirigir un grupo de restaurantes con personas con síndrome de Down entre sus profesionales. 

Su lucha por la inclusión viene de largo, desde que con 14 años empezó a cuidar a un chico con síndrome de Down, Julio, que acabó convirtiéndose en su "mejor amigo" y al que acompañaba cada día a Aspace, asociación con la que luego empezó a trabajar y desarrollar su profesión. Tras pasar ocho años en una planta de cableado eléctrico en Polonia, en la que el 40% de los empleados eran discapacitados, regresó a la capital aragonesa. Tras este premio de Cepyme, María Izuel está muy motivada para seguir aprendiendo a tomar la comanda de los postres y cobrar la factura con TPV. Por su parte, Alberto Muñoz tiene pendiente colocar este último diploma a la entrada del restaurante en un rincón en el que ya cuelgan algunos de los más especiales que ha recibido, como los de Atades y Solidar, junto a un escrito que le escribió un hombre mayor que cada día desayuna en la cafetería.

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