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Zaragoza

crimen de los tirantes

Las forenses afirman que Rodrigo Lanza no actuó por miedo y "sabía lo que hacía"

Afirman que no tiene ninguna patología mental y que es una persona que le gusta asumir riesgos. Su defensa dice, por el contrario, que el temor a perder la vida le hizo actuar en "cortocircuito". 

La nueva imagen de Rodrigo Lanza
Un momento de la primera sesión del juicio.
Guillermo Mestre

Rodrigo Lanza, de 35 años, es una persona sana, no tiene ninguna patología mental que distorsione la realidad y su personalidad es, a grandes rasgos, "muy impulsiva, emocional, poco tendente a tener miedo, bastante dado a asumir riesgos y muy susceptible".

La noche en que se produjo la agresión a Víctor Laínez, de 55 años, en el bar Tocadiscos, Lanza "sabía lo que hacía" y no actuó porque entrara en pánico o tuviera un "miedo insuperable". Estas son algunas de las conclusiones más relevantes a las que llegaron las cuatro forenses del Instituto de Medicina Legal de Aragón (IMLA) que ayer declararon en la cuarta sesión del juicio contra Rodrigo Lanza.

Dos psicólogas y dos médicas de experimentada trayectoria en valoraciones judiciales dejaron poco resquicio a la duda sobre la posibilidad de que el acusado no supiera lo que hacía y que actuara en defensa propia movido por el miedo a perder su vida.

Las cuatro explicaron sus informes y coincidieron en que tras el primer roce con la víctima (una conversación en la que se cruzaron, según el acusado, calificativos del tipo ‘fascista’ y ‘sudaca’) cuando Lanza entra detrás de Laínez y después del primer golpe lo derriba y cae al suelo desplomado, él mismo verbaliza que ve la "oportunidad" y se "abalanza" contra el hombre y le golpea en la cara porque "tiene miedo de que se levante" y le clave el cuchillo (que salvo él y su amigo nadie más ve ni se encuentra después).

Esa "valoración del riesgo" y de la "oportunidad" que a juicio de las psicólogas hace Rodrigo Lanza durante la agresión revela que no estaba ni "bloqueado" por el pánico ni tuvo síntomas disociativos de la realidad.

Las forenses sometieron al acusado a varios test, uno de casi 600 preguntas, para ver las tendencias básicas en su personalidad. En las escalas básicas, las dos puntuaciones más altas que obtuvo fueron la desviación psicopática, el paranoidismo y el neuroticismo. 

"Quiere decir que sin ser una patología, es una persona con tendencia a tener problemas con la autoridad, muy impulsivo, reactivo y emocional. Se dispara muy rápido. Una vez que está motivado por desafíos o agravios le resulta muy difícil volver a relajarse", explicaron.

En los rasgos positivos, indicaron que es "sociable, seductor, encantador, hablador y divertido, creativo y poco convencional en sus creencias". "Pero terriblemente emocional tanto para las buenas reacciones como para las malas", precisaron."En la escala de impulsividad estaría en un percentil de 95, es decir, de 100 personas solo cinco serían más impulsivas que é"».

Respecto al consumo de alcohol (una de las atenuantes que pide la defensa), explicaron que de probarse que estaba influenciado, pudo contribuir a desinhibir su conducta y perder el control de sus impulsos. Pero, añadieron, su "conducta organizada" tras la agresión y su "amnesia selectiva" de lo que ocurrió esa noche, indican que era consciente de lo que pasó.

Por conducta organizada se refieren a que tras los hechos salió del bar andando, desató el candado de la bicicleta, se fue pedaleando, se paró en un portal del Camino de las Torres a llorar –"algo normal en una situación así"–, y luego, como le dolía la mano, se fue al bar de una amiga, le pidió hielo, le contó lo que había pasado y se marchó a su casa. Al día siguiente miró la prensa para ver si contaba algo de lo ocurrido.

Durante la sesión del juicio, el abogado del acusado recordó al jurado que  hace dos semanas recusó (y se rechazó) a las forenses del IMLA por considerar parciales a las dos psicólogas e inadecuado el método usado para la entrevista (estuvo esposado y delante de dos policías en el juzgado de guardia).

Este jueves, estas explicaron que la forma de entrevista es la misma para todo el mundo y que hacen preguntas que suelen molestar a los entrevistados porque los confrontan. Indicaron que la seguridad en los Juzgados la decide la Policía, no ellas. En cuanto a los tuits de una de ellas sobre cuestiones políticas, la psicóloga relató que todas las mañanas lee la prensa y retuitea muchas cosas.

La defensa trata de desmontar la versió

Los miembros del jurado tuvieron este jueves  la oportunidad de escuchar las conclusiones de los peritos contratados por la defensa de Rodrigo Lanza respecto a su estado psicológico y mental en el momento de los hechos y sobre el mecanismo de las lesiones causadas a la víctima.

Como estaba previsto, sus resoluciones fueron diametralmente opuestas a las planteadas por los peritos del Instituto de Medicina Legal de Aragón. En cuanto a la personalidad del acusado, manifestaron que es una persona normal sin tendencias psicopáticas ni de hostilidad.

 Afirmaron que el consumo de alcohol previo le impidió poder elegir y controlar sus impulsos por completo. A esto se añadió, en su opinión, un miedo que anuló su capacidad para actuar. Y, sobre todo, una "reacción en cortocircuito", es decir, una "conducta refleja provocada por un impulso instintivo e irresistible».

"En este caso se trató de una defensa de la propia vida generada por un miedo extremo", expuso el psiquiatra Pau Pérez del Hospital de La Paz.

Mientras, los médicos Esteban Fernández, del Instituto de Medicina Legal de Cataluña, y Víctor Pineda, del Vall d ‘Hebrón valoraron las lesiones de la víctima y expusieron que, al contrario de lo que opinan los médicos de Zaragoza, la causa más probable de la muerte era por el golpe en la cabeza en el suelo. 

Según ellos, la caída fue lateral, la cabeza rebotó en el suelo y el cráneo se fracturó, no por un golpe efectuado con un mosquetón (anilla metálica) asestado por detrás a la víctima, como concluyeron los doctores zaragozanos. Respecto a las lesiones de la cara, dijeron que por el grado de hundimiento eran leves y no severas (tenía fracturas nasales, maxilares y de los pómulos).

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