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Zaragoza

crimen de los tirantes

Lanza le dijo a Laínez que ese barrio era un "espacio antifascista" y no debía estar allí

Dos chicas que iban con el acusado admiten que hablaron de la "tendencia ideológica" de la víctima. Los clientes del bar coinciden en que el fallecido llevaba unos tirantes con la bandera de España.

Imágenes de la segunda sesión del juicio contra Rodrigo Lanza por el crimen de los tirantes.
Imágenes de la segunda sesión del juicio contra Rodrigo Lanza por el crimen de los tirantes.
Guillermo Mestre

El componente ideológico en la muerte de Víctor Laínez, de 54 años, es una cuestión clave en el juicio contra Rodrigo Lanza, de 35, pues es una circunstancia agravante del homicidio. Desde que ocurrieron los hechos, las acusaciones, guiadas por las declaraciones de los testigos de los hechos, han mantenido que la costumbre del fallecido de ponerse tirantes con los colores de la bandera de España y su supuesta ideología fueron los detonantes de la agresión.

Durante la segunda jornada de la vista oral, el jurado escuchó a los jóvenes que la noche del 8 de diciembre de 2017 estaban en el bar Tocadiscos. Y todos ellos, de una manera u otra, hablaron o bien de los tirantes o bien de su «tendencia ideológica» o de ambas cuestiones a la vez.

Empezando por los tres acompañantes del acusado (un varón y dos mujeres), su propio amigo P. M. G. confirmó que fue él quien indicó a Lanza que Laínez era de ideología ultraderechista. «P. M. G. nos dijo que el señor tenía ‘‘tendencia’’ fascista», ratificó su amiga M. N. A. «Comentamos que pertenecía a los templarios o los legionarios», amplió después la tercera acompañante, B. T. S.

Los tres coincidieron en que ese comentario fue el que provocó que Lanza –sin necesidad de que Laínez le hiciera ninguna seña para que se acercase, como declaró el procesado el día anterior, se levantara y fuera directamente a hablar con la víctima, que estaba sentada tranquilamente junto a la barra tomando una cerveza.

Igualmente, los tres manifestaron que ninguno oyó la breve conversación, pero que al volver Lanza a la mesa le preguntaron de qué habían hablado. «Nos dijo que le había llamado puto sudaca de mierda y que se fuera a su país», relató P. M. G., el cual añadió que no recordaba lo que Lanza había respondido a estos supuestos insultos.

Mejor memoria demostraron y más precisas fueron las dos mujeres. «Rodrigo nos explicó que le había dicho que el barrio de la Magdalena es un espacio antifascista libre de agresiones de ideología fascista y que no tenía mucho sentido que estuviera allí», declaró M. N. A. «Lanza nos contó que habían hablado de tonterías; que estaba en un barrio antifascista y el otro le había respondido que, como era de Chile, se fuera a su país», indicó B. T. S.

En cuanto a los tirantes con la bandera española, ninguno de los tres acompañantes de Lanza los vio, según declararon. Sin embargo, todo lo contrario señalaron cinco clientes presentes en el bar –y que no conocían de nada a los protagonistas–, y el dueño del local. Unos se los vieron puestos cuando estaba en la barra –«se le veían debajo de la chaqueta», dijeron– y otros cuando ya estaba tirado inconsciente en el suelo. Después, los sanitarios se los cortaron, igual que la camiseta y la chaqueta, para hacerle las maniobras de reanimación cuando entró en parada cardiorrespiratoria.

Los cinco jóvenes que estaban en el bar, y que se quedaron conmocionados al presenciar la «brutal» agresión que después se produjo «por la espalda», fueron tajantes a la hora de explicar que no vieron ninguna navaja en la mano de la víctima ni tampoco un objeto contundente en la del agresor. Los dos policías que inspeccionaron el local tampoco encontraron ningún arma blanca.

Con sus testimonios, la versión de Lanza de que actuó para defenderse de Laínez y con un miedo insuperable a perder la vida se ha visto bastante desvirtuada.

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