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Cuatro años de cárcel por ofrecer dinero y regalos por sexo a dos chicos menores

El acusado, de 71 años, compró a los adolescentes desde móviles a patinetes eléctricos o ropa deportiva. La Audiencia de Zaragoza lo condena por dos delitos de corrupción de menores. 

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Miguel Ángel E., ante el tribunal de la Audiencia el día que fue juzgado.
Heraldo

La Audiencia Provincial de Zaragoza ha condenado a Miguel Ángel E. S., de 71 años, a cuatro años de cárcel por sendos delitos de corrupción de menores de los que fueron víctimas dos chicos de 13 y 14 años vecinos del barrio Oliver. 

La pena de prisión lleva aparejada otra de cinco años de libertad, tiempo durante el cual deberá participar en programas formativos de educación sexual relacionados con el delito cometido.

Igualmente, el tribunal lo condena a indemnizar con 600 euros a cada uno de los adolescentes por los daños morales causados y no se podrá acercar a ellos a menos de 300 metros en cinco años.

La sentencia de la Sección Sexta, de la que ha sido ponente el magistrado Francisco Picazo, considera probado que el acusado contactó con los chicos a principios de 2017 y, movido por un ánimo libidinoso, comenzó a hacerles regalos de todo tipo para ganarse su confianza. El hombre les compró desde teléfonos móviles hasta gorras, zapatillas deportivas de marca y bonos de piscina hasta patinetes eléctricos o una minimoto.

Cuando logró entablar lo que el propio encausado describió en el juicio como una relación de amistad, empezó a llevarlos a su casa, en Cuarte de Huerva, donde fumaban, jugaban al guiñote y veían pornografía.

Según el fallo judicial, en cierta ocasión llevó al chico de 13 años a su habitación, cerró la puerta, se quedaron ambos en calzoncillos y le ofreció dinero si le masturbaba. En ese momento fueron sorprendidos por el otro menor y se lo llevó del cuarto. Para los magistrados, este ofrecimiento lo repitió en otras ocasiones a ambos chicos, a los que también abrazaba y besaba.

Aunque Miguel Ángel E. S. negó todas las acusaciones en el juicio y declaró que les daba dinero y hacía regalos por "amistad", sin pedirles nada a cambio y porque veía que eran chavales "necesitados", el tribunal llega a diferentes conclusiones.

La Policía se puso tras la pista del jubilado alertada por la madre de uno de los chicos, que se alarmó ante la cantidad de regalos que llevaba y el dinero de que disponía. El menor le decía que se los daba un "amigo" llamado Miguel. Si bien cuando fueron interrogados por los investigadores no dijeron nada de ofrecimientos sexuales, durante la vista oral sí que lo hicieron.

Uno de ellos aseguró que al principio se lo calló porque le "daba vergüenza". Manifestó que Miguel E. S. les "obligaba" a darle besos y les amenazaba para que le masturbaran, aunque añadió que él nunca accedió a sus pretensiones. El otro menor se explicó en términos similares.

Para la Audiencia, el testimonio de ambos antes y durante el juicio es "plenamente elocuente" y "esclarecedor" de lo sucedido. La profusión de regalos y entrega de dinero en ocasiones diferentes a cambio de favores sexuales constituye un delito de corrupción de menores.

El tribunal rechaza que se tratase de "tocamientos fugaces" o por encima de la ropa, lo que podría constituir un delito leve de vejaciones como llegó a plantear el abogado defensor como alternativa a la absolución que pidió para su cliente.

La sentencia, que condena al acusado a dos años por cada uno de los delitos, no es firme y puede ser recurrida ante el Tribunal Superior de Justicia de Aragón.

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