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Zaragoza

tribunales 

Un jubilado se enfrenta a 4 años de prisión por presunta corrupción de menores en Zaragoza

El acusado admitió que compraba zapatillas, ropa y móviles a dos chavales de 13 años y negó que a cambio les hiciera proposiciones de índole sexual. 

El acusado, durante su declaración ayer ante los magistrados de la Audiencia Provincial de Zaragoza.
El acusado, durante su declaración ayer ante los magistrados de la Audiencia Provincial de Zaragoza.
Heraldo

La Audiencia Provincial de Zaragoza empezó a juzgar este martes a Miguel Ángel E., de 71 años, por dos presuntos delitos de corrupción de menores de los que supuestamente fueron víctimas dos chicos, vecinos del barrio Oliver, que cuando ocurrieron los hechos tenían 13 años. 

El hombre, que se enfrenta a una posible condena de cuatro años de prisión, negó haber cometido algún acto de índole sexual con los menores. Su abogado defensor, Alejandro Sarasa, solicita para él la absolución y mantiene que no existe ningún tipo de delito.

Durante la vista oral, Miguel Ángel E. declaró que conoció a los chicos en 2017 a través de un amigo del padre de uno de ellos. "Tengo amistad con ellos por lo menos desde 2017. Si me llamaban cinco o seis veces yo acudía una", indicó. Explicó que iba con ellos a la piscina o a jugar al billar y los invitaba a merendar y a tomar consumiciones. Todo esto lo hacía por "amistad" y para "entretenerse" y porque veía que eran chavales "necesitados"

Él reside en Cuarte y cuando quedaba con los menores iba a buscarlos con su coche. Admitió que les compró ropa buena o zapatillas deportivas de marca, teléfonos móviles, un patinete o incluso una minimoto. "Es cierto que les hice algún que otro regalo y como soy un blando me sacaban lo que querían", manifestó.

Todo esto, dijo, lo hizo a cambio de nada y negó que les hiciera una proposición de tipo sexual, como que le besaran o le masturbaran. "Al revés, uno me propuso hacerlo a cambio de dinero y le dije que no", señaló.

En cuanto a unas fotografías que tenía en su móvil de los chicos sin camiseta, explicó que se las hicieron ellos "para enredar". De la relación, aseguró, estaban al corriente los padres de los menores.

Uno de los chicos declaró que era cierto que les hacía todos esos regalos y los llevaba a su casa pero que no sabía por qué lo hacía. El menor relató un episodio ocurrido un día en que el acusado le dijo que fuera con él a una habitación de su casa, pero no llegó a pasar nada. 

"Mi primo entró y nos vio sentados en la cama, con ropa, le dio un tortazo a Miguel y me sacó de ahí", contó. En otra ocasión le dio algún beso en la mejilla. "Una vez me pidió que se lo diera en la boca y no se lo di", dijo. Contó que, también en una ocasión cuando iban caminando por la calle, le puso la mano en "el trasero por encima de la ropa". 

Añadió que se iban con "el viejo" –como le llamaban– porque tenía dinero y les compraba cosas, les dejaba conducir su coche y la moto por caminos y les dejaba ver pornografía en su portátil.

La madre y una amiga del adolescente testificaron en el juicio y coincidieron en señalar que durante ese año el chaval llevaba ropa nueva y regalos. Añadieron que al principio decía que se los daba un amigo y luego que les contó que iba a casa de un "viejo" que les compraba cosas y les invitaba "a cambio de nada". 

El acusado llegó a presentar una denuncia contra uno de ellos -cuatro meses después de que le hubieran denunciado a él- porque le quitaron un móvil y le pedían 130 euros para recuperarlo. 

El juicio quedó aplazado ya que el otro menor no fue a declarar y su testimonio se considera fundamental. 

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