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El otro puente de San José, en Zaragoza

Trazos sobre planos antiguos de Zaragoza atestiguan que el puente de San José no siempre ha estado en su actual emplazamiento. Los Sitios o las crecidas del Huerva han escrito parte de la historia de este paso.

Trazos sobre planos antiguos de Zaragoza atestiguan que el puente de San José no siempre ha estado en su actual emplazamiento. Los Sitios o las crecidas del Huerva han escrito parte de la historia de este paso

El puente de San José no se disfruta en toda España. En esas fechas, en torno al 19 de marzo, se celebran las Fallas en Valencia. Galicia o Murcia también tienen fiesta. En Aragón hubo un tiempo que el Día del Padre fue festivo y existía ese puente. En realidad el puente de San José sigue existiendo en Zaragoza. Está entre ‘Migueles’, la plaza de San Miguel y la calle de Miguel Servet. También comparte linde con el paseo de la Mina, la calle de Coimbra, de Salvador Madariaga y de Asalto.

Si se observan planos antiguos se descubre que en un principio no estaba en ese punto. El que fue considerado el paso más importante sobre el río Huerva en su discurrir por Zaragoza durante el siglo XVI se encontraba unos cuantos metros aguas abajo del actual. Más o menos a la altura de la calle de Heroísmo, hacia el barrio de La Magdalena. Un lugar que casi coincidía con la desaparecida puerta Cremada, o Quemada.

En la época de Saraqusta ya se intuyen algunas pasarelas, que podrían ser un tanto improvisadas, ya que vistos otros planos de la época aparecen desplazadas unos metros. Unos cambios, tal vez, propiciados por las crecidas del Huerva. Siglos más tarde parece ser que ese puente se consolidó. En el Archivo Militar de Estocolmo se conserva una planta de Zaragoza realizada en 1655 por Leonardo Ferrari donde se pinta un paso en ese mismo lugar.

Esa fecha corrobora que su construcción se llevó a cabo en la década de 1570. Juan Landerri y Juan Cumista se señalan como los principales artífices. En el Diccionario Histórico de Arquitectos de Aragón, de Jesús Martínez Verón, se detalla que fue levantado en 1575 por estos dos maestros. El primero, vecino de las Cinco Villas y de tradición familiar en el oficio; el segundo, tras trabajar en Aragón se instaló en Cuenca. Ambos compartieron más proyectos, según el diccionario. Verón también sostiene que intervinieron otros profesionales como el maestro de la ciudad de Huesca Miguel de Allué, un oscense de origen guipuzcoano, además del cantero Guillén Bertox. En algunos documentos se defiende que la piedra utilizada era de Leciñena.

Un material que no resistió guerras. Los Sitios le pasaron factura. Parece ser que los zaragozanos decidieron volar una de sus tres arcadas para evitar que los franceses penetraran por allí. Benito Pérez Galdós lo relató en boca de uno de sus personajes: “Nuestro único recurso era minar el reducto para volarlo (…) y destruir también el puente para impedir que nos persiguieran”. "Por la mañana hubo una refriega furiosa con los franceses de Torrero en las inmediaciones del puente de San José, en la que les matamos más de cuarenta hombres", cuenta Faustino Casamayor en su diario del 7 de julio de 1808. La solución para transitarlo, una vez terminado el asedio, fue una pasarela de madera junto al puente en ruinas.

El vecino convento de los Carmelitas Descalzos de San José (que dio nombre al puente) también fue afectado durante la guerra, pero se rehabilitó y recibió otros usos. Tal y como reflejó HERALDO, este inmueble que se levantaba junto al canódromo hizo las veces de presidio tras la desamortización, también cuartel militar y fue derribado a comienzos de los 70.

El nuevo puente

El Sistema de Información del Patrimonio Cultural Aragonés (SIPCA) aclara que el actual puente de San José fue construido en hormigón en 1858, es decir, medio siglo después de la contienda. Un paso que se enfocó hacia la puerta del Duque de la Victoria. Años antes, en 1847, se documenta un fracasado proyecto de puente colgado.

Los tranvías circularon por él desde 1885, primero arrastrados por animales y más tarde con ayuda eléctrica. En septiembre de 1897 el arquitecto municipal Ricardo Magdalena dio aviso en una sesión plenaria del Ayuntamiento, tal y como recogió este periódico al día siguiente, que las vías no casaban en el puente y que era necesaria una intervención.

En 1920, durante un pleno municipal también, se volvió a solicitar una reforma, en este caso para “evitar accidentes”. Las obras consistieron en el ensanche del puente, apunta el SIPCA. “Se emplearon las estructuras metálicas del derribado puente de Santa Engracia, que unía la Glorieta, hoy plaza de Aragón, con las afueras”, se pudo leer en HERALDO. Una obra que se inauguró el Día del Pilar de 1923.

Con el paso del tiempo las necesidades cambiaron y en 1987 el tráfico rodado obligó a hacer nuevas obras. En la actualidad el puente es un concurrido punto de la capital aragonesa que, gracias a los mapas, grita lo que fue y no se llevó el Huerva.

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