Zaragoza

Pueblos en fiestas

El pregón desata el jolgorio en la plaza de Zuera

El chupinazo y una lluvia de espuma siguió a la lectura, que este año estuvo a cargo de Cristóbal Colón.

El primer día oficial de fiestas en Zuera, tras unas jornadas preliminares que sirvieron para calentar motores, ha amanecido con una temperatura agradable a la sombra. Sin embargo, el calor al sol era considerable. Por ello, la gente que esperaba impaciente el inicio del pregón ha aprovechado los escasos huecos cubiertos de la plaza para resguardarse hasta que todo empezara.

Al mismo tiempo, al pregonero de este año, Cristóbal Colón Palasí, un psicólogo sin ninguna relación con el famoso descubridor de América, le ha sido impuesta la insignia de Zuera de manos del alcalde de la localidad, Luis Zubieta. El condecorado ha recibido el reconocimiento con mucha emoción y se ha dispuesto a salir al balcón del Ayuntamiento para dar comienzo a la tradicional lectura del pregón. Ese lugar lo ocupaban ya las damas de las fiestas que habían conseguido que los presentes abandonaran el resguardo de la sombra y se acercaran al centro de la Plaza de España para ver lo que tenían que decir.

El primero en hablar ha sido el primer edil, del que casi solo se ha logrado escuchar las palabras “Viva San Licer”. Estas líneas, en honor del santo de las fiestas, han sido las mismas que se han oído pronunciar al pregonero de este año. La razón de que haya sido casi la única parte inteligible, se ha debido a que los jóvenes no han detenido ni por un momento el jolgorio que habían iniciado. Así, en la plaza todos se han embriagado de un sentimiento festivo que les obligaba a lanzar todo lo que tuvieran en las manos. Han empezado con las cosas típicas de las festividades, cubriendo a sus compañeros de harina y rebozándolos, rompiéndoles huevos en la cabeza o simplemente bañándolos en líquidos varios. Esto solo ha sido el comienzo, porque a medida que el pregón avanzaba también han empezado a romperse las camisetas y a tirarlas en dirección al balcón del Consistorio, junto a vasos o botellas.

La gente que quería disfrutar del inicio de sus fiestas sin acabar con todo el cuerpo manchado ha ocupado las esquinas de la plaza. Ha sido una decisión inteligente porque cuando Cristóbal Colón ha pronunciado las últimas palabras de su texto, se ha desatado la locura y la diversión de manera definitiva. La lluvia de camisetas hacia el balcón se ha incrementado y las damas se han afanado en ir devolviendo todas. Al mismo tiempo, las mangueras de agua y espuma se han puesto en marcha y todos los presentes han estallado en una guerra de huevos y harina que ha manchado los últimos rincones que quedaban inmaculados. Incluso, la plaza presentaba ya un aspecto acorde a la batalla que se había producido y estaba teñida de diversos colores, que iban desde el rojo del vino al blanco de la espuma. Finalmente, con los presentes derrotados por el cansancio se han empezado a dispersar para descansar y coger fuerzas para el día que tienen por delante.

Si la mañana les había sabido a poco, a las 14.00 han podido embarcarse en una nueva celebración con la fiesta del agua en las pistas de fútbol sala. Por la tarde, tampoco acabará la diversión sino que se prolongará con mayor fuerza si cabe con el concurso de carrozas. Así, todos porán acabar dándolo todo en la pista de baile de madrugada con una nueva fiesta en el pabellón multiusos de la localidad. De esta manera, los vecinos de Zuera se irán satisfechos a casa con el primer día de fiestas a la espera de que les deparará la jornada de mañana, repleta de actos para los más pequeños como cabezudos y pasacalles.

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