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Las pintadas no dan tregua en el Rollo, que no se resigna y sigue luchando contra ellas

El número de firmas y pintadas se ha incrementado en los últimos meses, aunque el aspecto de la zona nada tiene que ver con el de hace algunos años desde que la Asociación de Vecinos La Huerva inició su particular cruzada contra los grafiteros.

Las pintadas no dan tregua en el Rollo.
Las pintadas no dan tregua en el Rollo.
AVV La Huerva

Hace aproximadamente un año y un trimestre, la Asociación de Vecinos La Huerva asumió el reto de conseguir realizar un lavado de cara al barrio y terminar con una de las prácticas que más degradaban su aspecto: las pintadas y firmas en las fachadas de sus edificios y en las persianas de sus comercios. Una labor que ya ha dados sus frutos, pero que se ha tornado algo más difícil de unos meses a esta parte, ya que los vecinos han percibido un repunte en este tipo de gamberradas.

Carlos Monge, presidente de la entidad vecinal e impulsor de la iniciativa antigrafitis lamenta lo que está ocurriendo, aunque asegura que ya han puesto en marcha medidas para evitar que vandalicen las fachadas de la zona del Rollo. “Es como tener un jardín que cuidas con esmero y en el que entra un jabalí a destrozarlo, y lo único que haces es quejarte en el bar”, apunta. Por eso cree que “no hay que limitarse a aceptar que lo ensucien o lo destrocen”. Con el objetivo de disuadir y pillar ‘in fraganti’ a quienes ensucian las paredes, algunos vecinos se han echado a las calles en busca de este tipo de gamberros. “Desde hace unas seis semanas, algunos días salimos a las cinco y media de la mañana con la intención de dar una vuelta y cogerlos con las manos en la masa”, comenta Monge. Su estrategia dio sus frutos hace un par de semanas, cuando se toparon con dos individuos haciendo pintadas. “Llamamos a la policía y los cogieron. Son viejos conocidos suyos”, comentan desde la asociación.

La parte positiva, a pesar de que últimamente hayan proliferado estos actos vandálicos, es que no lucen en las paredes más de dos días. El servicio de Mapiser que tienen contratadas el 66% de las comunidades del Rollo, y que no descansa ni en verano, actúa a las pocas horas para eliminar las pintadas y evitar el efecto contagio. “La mayor parte desaparecen rápidamente. Las que se hacen en las comunidades que no tienen contratado el servicio, ahí se quedan”, apunta Monge, que lleva más de un año reuniéndose con los vecinos de los edificios para proponerles que se unan a su particular cruzada contra los grafitis. El objetivo ahora es conseguir que la totalidad de los bloques se adhieran a la iniciativa, tarea que retomará en septiembre. “En septiembre tenemos tres visitas agendadas para intentar convencer a los presidentes de otras comunidades”, afirman desde la asociación.

La oleada de pintadas que más preocupó a los vecinos se produjo el pasado mes de mayo, cuando aparecieron decenas de consignas antipoliciales y a favor de la okupación. Con todo, la Asociación de Vecinos La Huerva ha decidido no rendirse y seguir trabajando en este y otros asuntos de cara al próximo ejercicio. La entidad ha solicitado a través del Ayuntamiento de Zaragoza la concesión de una subvención y ha decidido ampliar su radio de acción y comenzar a organizar actividades culturales. “Es un reto, pero puede ser interesante. Tenemos prevista una charla a cargo del escritor Luis Zueco para el último trimestre del año y una Coral de cara a Navidad”, adelanta Monge.

Las pintadas no dan tregua en el Rollo
Las pintadas no dan tregua en el Rollo
AVV La Huerva

Menos ruido y botellón

Otra de las cuestiones contra las que la asociación ha luchado fervientemente desde su reactivación ha sido el ruido del ocio nocturno y el botellón. Una batalla que ha dado como resultado la clausura de los bares que operaban sin licencia o que hacían un mal uso de la declaración responsable de apertura y, por tanto, la reducción del ruido, los altercados y el consumo de alcohol en la vía pública. “Por el momento, el tema está bastante controlado. Firmaría por que siguiese así”, apuntan desde el colectivo.

No obstante, las acciones de concienciación que se han llevado a cabo en la zona no han gustado a todo el mundo. Prueba de ello es que, hace tan solo unos días, el cartel que pedía silencio en la puerta del Atrio, uno de los bares más emblemáticos del Rollo, fue arrancado de cuajo. Su propietario asegura que volverá a colocarlo porque muchos otros bares han seguido su iniciativa, pero pide a la administración y a la policía que asuman la responsabilidad de concienciar a la ciudadanía. “Falta pedagogía. No ha habido campañas por parte del Ayuntamiento. A la gente que hace botellón la autoridad no les dice nada, ¿qué hacemos nosotros encargándonos de esa labor?”, se pregunta el hostelero. “Queremos trabajar. Entendemos que los vecinos tienen razón, pero nosotros no somos quienes tenemos que solucionarlo”, señala. Por ello, desde el Atrio recuerdan que conciben los bares como “templos de la tolerancia”, y aseguran que seguirán abriendo sus puertas a los clientes para que consuman en el interior del bar, respeten a los residentes cuando salgan y se diviertan responsablemente en locales insonorizados, tal y como marca la normativas.

El Atrio no es el único bar de la zona que está haciendo todo lo posible para que los clientes se comporten: el Posturas y el Desastre también colocaron en sus puertas carteles en los que se pide respetar el descanso de los vecinos. “Creo que hemos demostrado que se puede tener una convivencia aceptable con los vecinos residentes siempre que no haya piratas fomentando el botellón”, apuntan.

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