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Zaragoza

patrimonio

La escuela de la Golondrina, un nido de enseñanza para todas edades

En pleno barrio de San Pablo de Zaragoza, se descubre un edificio con seña de Ricardo Magdalena que primero fue escuela municipal de niños y en la actualidad se imparten enseñanzas para adultos

Fachada de las escuelas de la calle de la Golondrina.
Fachada de las escuelas de la calle de la Golondrina, en el barrio de San Pablo de Zaragoza.
HeraldoTV

En el callejero de Zaragoza ya no existe ninguna vía que se llame de la Golondrina. Pero la hubo. Estaba en el barrio de San Pablo y corresponde con la actual calle de Mosén Pedro Dosset, que une San Blas con Predicadores. La infancia de muchos niños del Gancho está relacionada con esta calle, en concreto con un edificio que hace esquina con Las Armas. Era un colegio.

Es un inmueble que no destaca por altura, pero su extensa fachada llama la atención respecto al resto de viviendas, que lucen más estrechas. Detrás del ladrillo visto de su carta de presentación se esconde la historia de unas escuelas municipales con sello de Ricardo Magdalena, como todas de este carácter.

La calle donde se ubicaba le dio el popular título de escuela de la Golondrina. Un proyecto que se convirtió en necesidad: “La extensión de la enseñanza obligatoria a toda la población da lugar a la política municipal de construcción de escuelas en el Casco y en los barrios de fuera”, reza la ficha municipal de estas escuelas. Según varias fuentes, es considerado “un ejemplo notable” del trabajo de Ricardo Magdalena, donde se une la funcionalidad de las tendencias constructivas y pedagógicas del momento con una cuidada terminación. Es decir, se añade en los documentos, que se trata de una solución regionalista que evita los adornos eclecticistas. A pesar de ello, se hace constar que el edificio tenía limitaciones de espacio.

Los elementos expresivos del edificio recuerdan a otros de Magdalena. En especial el ladrillo o los sillares del zócalo de piedra con lumbreras. Las bandas verticales de los muros o las formas de cuadrícula que se forman también son algunos de esos detalles que se concretan en su informe histórico artístico. El remate es una cornisa con modillones.

Tiene dos alturas y un sótano, con bóvedas de cañón. En un principio las clases se impartían en la planta baja, mientras que la superior estaba destinada a las viviendas de los maestros. Con el paso del tiempo, las necesidades educativas convirtieron esa planta también en aulas. Estos datos apuntan fuentes del centro educativo para adultos Gómez Lafuente, su actual inquilino.

Esos apellidos, Gómez y Lafuente coinciden con los de Pedro y Eulogia, respectivamente. Un matrimonio de maestros del colegio que da nombre al edificio desde la década de los años treinta. Una placa de piedra en su fachada lo recuerda. Doña Eulogia Lafuente, quien fuera directora del Gascón y Marín, fue la primera docente de la Golondrina, junto a don Orencio Pacareo. Numerosas son las referencias que alaban a ambos profesores en varias noticias y breves publicados en HERALDO a principios del siglo XX.

En 1881 se culminaron los planos de este centro educativo de la calle de la Golondrina, un proyecto que tuvo que simplificarse por motivos económicos, como ocurrió en las de Buen Pastor. El solar había sido adquirido por el Ayuntamiento de Zaragoza en 1853 y su destino ya era la educación. Hubo que esperar 50 años para que se inaugurasen, tras casi un lustro de obras. Un hecho que contribuyó a popularizar la zona de la calle de la Democracia (actual Predicadores).

Una educación para adultos

Estuvo en funcionamiento hasta junio de 1988. “Cuatro colegios serán suprimidos en Zaragoza. El Colegio Gómez Lafuente, que ha venido cubriendo las necesidades educativas de una parte de la población del Casco Viejo, se suprime por considerar que "ha cumplido la función para la que fue creado, la transición a la enseñanza normalizada", se publicó en HERALDO. “A partir de ahora, los jóvenes que acudían al centro recibirán la educación en programas del Colegio Santo Domingo”, se añadía.

Pocos años más tarde, a comienzos de la década de 1990 se remodeló y se convirtió en un centro público para personas adultas, entidad que mantuvo el nombre de Gómez Lafuente. En la actualidad dentro de sus paredes se imparten clases de idiomas o de distintos niveles escolares.

La educación para adultos en este centro se remonta a 1904. Orencio Pacareo, el primer maestro que se ocupó de la enseñanza en este centro junto a Eulogia Lafuente, tejió un programa para enseñar a adultos en horario nocturno. Una dimensión educativa que se mantiene casi un siglo después en el mismo edificio.

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