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El nuevo alcalde cambia el estilo y hasta los bocadillos

Azcón, en su primera sesión al frente del pleno, marcó los límites desde el principio y recibió críticas por «autoritario»

El nuevo alcalde, Jorge Azcón, durante un momento de su primer pleno como presidente de la sesión.
El nuevo alcalde, Jorge Azcón, durante un momento de su primer pleno como presidente de la sesión.
José Miguel Marco

Exactamente 16 minutos tardó el nuevo alcalde, Jorge Azcón, en tener su primer encontronazo con su predecesor, Pedro Santisteve. En una situación extraña –pero no inédita en la historia del Ayuntamiento–, un alcalde y un concejal se intercambiaban este miércoles los puestos de la presidencia a la oposición, y viceversa. Azcón quiso fijar su estilo al frente del pleno desde el minuto uno. «Aplicaré el reglamento porque me lo conozco», explicó en un momento de la sesión.

Bajo esa premisa, cortó las intervenciones de los concejales cuando superaban los tiempos permitidos y rechazó abrir turnos de intervención por varias supuestas alusiones. Lo hizo con el portavoz de Podemos-Equo, Fernando Rivarés, y con el concejal de ZEC Alberto Cubero. Fue en las dos ocasiones en las que Azcón hizo uso de su derecho a cerrar las mociones, una potestad que apenas aprovechó Santisteve durante su mandato, y que su sucesor ya adelantó que usará cuando crea conveniente. «¿Puedo intervenir por alusiones?», preguntó Cubero tras la rúbrica de Azcón. «No», le frenó el alcalde. «Yo cierro el debate, no lo reabro», explicó.

El alcalde se empleó con contundencia si era necesario, lo que provocó acusaciones de «autoritario» –en boca de Santisteve– y de «tiránico» –de Rivarés–. «Si le llamo tres veces al orden, el pleno habrá acabado para usted», avisó el alcalde al portavoz de Podemos tras amonestarle cuando quiso intervenir sin turno de palabra.

Azcón, que en los últimos años ha sido uno de los mayores agitadores de los plenos, pedía ahora mesura. Pese a su nuevo papel, desde la oposición señalaban que estuvo «sobrado». El nuevo alcalde no ahorró en gestos de aprobación o desaprobación de las intervenciones de los ediles dependiendo del lado de la bancada del que salieran.

PP y Cs marcaron cuál va a ser su estilo: cierre de filas en torno al gobierno municipal. Sus intervenciones se fusionaron en una sola, «como hacían PSOE y CHA cuando gobernaron –en la coalición de 2003–», explicaron. El gobierno funcionó como un bloque, y tampoco permitió que Vox, su socio de investidura, se le distanciara. Los tres partidos coincidieron en la práctica totalidad de las votaciones, y en todas las importantes.

Con todos estos ingredientes, el pleno ayer pareció cambiado. Por cambiar, cambiaron hasta los bocadillos de los que dan cuenta los concejales a la hora de comer. El gobierno PP-Cs decidió encargarlos a otro bar. «Ahora sale más barato», aseguraron. Aunque la impresión general era que la calidad había aumentado, también hubo críticas por la ausencia de bocatas veganos. Azcón, a diferencia de Santisteve y Belloch, comió con el resto de concejales, y no en Alcaldía. Y, por cierto, la Frixen Cola –la alternativa ‘ética’ a las bebidas carbonatadas– ya ha dejado paso de nuevo a la Coca-Cola.

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