Despliega el menú
Zaragoza

DÍA DE LOS ABUELOS

'Vivir y compartir', la experiencia entre un joven y una persona mayor para evitar la soledad

La Fundación Rey Ardid ofrece un programa mediante el cual un estudiante y una persona mayor conviven en un mismo hogar.

Se trata de un intercambio solidario que permite a los jóvenes residir en el domicilio de personas mayores, beneficiándose mutuamente de la convivencia.
Se trata de un intercambio solidario que permite a los jóvenes residir en el domicilio de personas mayores, beneficiándose mutuamente de la convivencia.
Pixabay

Ha acabado el curso y el verano va pasando... por lo que aunque se esté disfrutando de las vacaciones hay que poner la mirada en septiembre, en la vuelta a la rutina. Muchos estudiantes se encuentran embarcados en la tarea de buscar un piso o una residencia y con los precios que tienen, muchos de estos jóvenes optan por compartir gastos, ya sea con un amigo, familiar o cualquier otra persona que esté en su misma situación. 

Las opciones no acaban aquí. La Fundación Rey Ardid ofrece en Huesca y Zaragoza el programa 'Vivir y Compartir', una iniciativa con la que los estudiantes comparten piso con personas mayores. El objetivo: evitar la soledad. Se trata de un intercambio solidario que permite a los jóvenes residir en el domicilio de personas mayores, beneficiándose mutuamente de la convivencia. Solo se pagan 80 euros por los gastos comunes, como pueden ser la luz y el agua, además de los gastos personales. El enriquecimiento personal, el traspaso de la experiencia acumulada y la adaptación a las nuevas realidades sociales son parte de los beneficios que se obtiene de ello. La fundación lleva liderando el proyecto desde 2013 y en este tiempo han acompañado a un total de 143 usuarios.

“La población envejece cada vez más y el estilo de vida de nuestra época hace que haya un gran número de personas mayores que viven solas y sufren la soledad por elección y por obligación. Además, sumado a esto, existe un gran número de personas que por falta de recursos, teniendo la capacidad para estudiar y formarse en la universidad, prescinden de ello por no poder solventar los gastos que un cambio de residencia supone para muchos estudiantes. Desde la Fundación Rey Ardid nos preocupan estos temas y el programa 'Vivir y Compartir' surgió con el objetivo de dar respuesta a esta necesidad”, asegura Yanira Vallejo, psicóloga responsable de la Fundación Rey Ardid.

El curso pasado en Huesca hubo una pareja, esto es, una persona mayor y un estudiante. “Congeniaron muy bien, él era muy atento y cariñoso pero no sabía hacer las tareas del hogar, a lo que ella le ayudó y enseñó”, asegura Vallejo. Por su parte, en Zaragoza hubo cinco. Para este curso ya han recibido 15 solicitudes de información de estudiantes y 10 de personas mayores. A día de hoy hay nueve estudiantes inscritos para el curso que viene y cinco personas mayores. A lo largo del mes de agosto se irán asignando las parejas por compatibilidad. Desde la Fundación prevén que en estos meses las cifras aumenten en los estudiantes y asimismo,  animan a aquellas personas mayores que viven solas a que se interesen por probar esta experiencia, que puede ser muy gratificante. 

Laura Echevarría, estudiante de 22 años de peluquería, decidió embarcarse en esta experiencia. Comenzó en el año 2014 en una casa en la que no tuvo una buena experiencia, por lo que Rey Ardid le cambió de hogar. Ana María es ahora la mujer de 87 años con la que Laura vive desde hace tres años. En septiembre volverá a convivir con ella, sumando así un año más, mientras Laura estudia y trabaja. "Me va estupendamente con ella. Quise apuntarme para vivir una experiencia nueva, y creo que ha sido la mejor experiencia de mi vida, te acoge y te trata como si fueras su nieta", destaca esta joven, que además anima a los estudiantes a probar, ya que, asegura, es muy gratificante poder ayudar a una persona mayor a que no se sienta sola. En cuanto a las normas que deben cumplir, añade, todo depende de la relación con la persona mayor, "todo es acordar los requisitos para que las dos estemos mejor", afirma.

Requisitos

Tanto el estudiante como la persona mayor tienen que tener unos compromisos. Entre otros, el joven tiene que pasar cinco noches por semana en la vivienda; llegar como tarde a las 00.00; hacerse cargo de la limpieza de su habitación y de los espacios comunes que use, como el baño y la cocina; comprar y hacerse su comida; hacerse cargo de sus gastos en productos de limpieza; y además no está permitido llevar amigos a casa.

Por su parte, la dueña de la casa, es decir, la persona mayor, debe entregar las llaves del domicilio al estudiante; tener una habitación equipada para el universitario; y dejar un espacio en los sitios comunes, entre otros. El internet, algo bastante necesario para los estudiantes, corre a cargo de ellos si la persona mayor no dispone.

Yanira Vallejo, como responsable del programa, recomienda vivir esta experiencia que, garantiza, es muy enriquecedora para las dos partes. "Se aprende mucho y porque con algo tan sencillo como convivir podemos facilitar la vida de la otra persona obteniendo cosas muy positivas”, sostiene Vallejo. "El sentimiento de la soledad no elegido es muy arduo y la vitalidad de un joven en la casa es revitalizador. La experiencia intergeneracional hace posible que los "millenials" aprendan de una vida sin tecnología donde el poder de la conversación y la imaginación reinaban entre los jóvenes de los años 40", concluye.

¿Dónde hay que apuntarse?

Antes de la inscripción existe un primer contacto con las personas interesadas en el que son atendidos por la persona responsable del programa y mediante el cual se resuelven las primeras dudas. Al mismo tiempo, se realiza una valoración previa de idoneidad por parte de la persona responsable, haciendo una composición general de la persona solicitante. Las vías disponibles para ello son a través del correo vivirycompartir@reyardid.org o por el teléfono 976506786 o 652902109. Las solicitudes podrán presentarse a lo largo de todo el año, priorizándose como criterio la fecha de recepción de las mismas.

Ambas partes disponen de un mes de prueba durante el cual se ofrece una atención directa con la persona responsable para atender cualquier duda o cuestión que pueda surgir y se llama pasada una semana para valorar las primeras impresiones. Además, durante el curso, se hacen visitas cada mes y medio o dos meses para ver cómo va evolucionando la convivencia.

Etiquetas
Comentarios