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El presidente de los trabajadores sociales, condenado por abusar de un joven ebrio en un portal

La Audiencia de Zaragoza impone a Javier Escartín una pena de cuatro años de cárcel y otros cinco de libertad vigilada al considerar que se aprovechó del precario estado de la víctima, próxima al coma etílico

Consumo de alcohol en un bar de Zaragoza
La víctima había estado tomando cervezas, cubatas y chupitos y se encontraba próxima al coma etílico 
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La Audiencia Provincial acaba de condenar a cuatro años de prisión y otros cinco de libertad vigilada al presidente del Colegio Profesional de Trabajadores Sociales de Aragón, Javier Escartín Sesé, por abusar sexualmente de un joven ebrio en un portal de Zaragoza. Durante el juicio, celebrado el pasado 9 de julio, el acusado, de 49 años, aseguró que él también estaba bebido y que la relación fue consentida. Sin embargo, dada la gran cantidad de alcohol que había consumido la víctima, próxima al coma etílico, el tribunal considera que fue incapaz de dar su consentimiento. De hecho, está convencido de que el encausado se aprovechó de esta circunstancia para conseguir su propósito.

Los hechos por los que ha sido condenado Javier Escartín, que trabaja actualmente para el Instituto Aragonés de la Juventud y ha estado vinculado a colectivos como Cáritas o Sos Racismo, se produjeron la tarde noche del 4 al 5 de mayo de 2018. Según refleja la sentencia, contra la que cabe recurso ante el Tribunal Superior de Justicia de Aragón (TSJA), la víctima había estado tomando cervezas, cubatas y chupitos por distintos bares del Casco Histórico de Zaragoza. Entrada la madrugada, el joven iba tan borracho que ni siquiera recuerda bien lo sucedido. Pero sí pudo explicar a los magistrados que, de vuelta a casa, le costaba tanto mantenerse en pie, que hubo de recostarse en un portal próximo a la plaza de España.

«Apercibiéndose del estado en el que se encontraba el joven, sin que conste si pudo mediar conversación, lo condujo hasta el portal donde ocurrieron los hechos»

Fue precisamente entonces cuando se le acercó el acusado, quien, «apercibiéndose del estado en el que se encontraba el joven, sin que conste si pudo mediar conversación alguna entre ellos, lo condujo hasta el portal donde ocurrieron los hechos». Según el tribunal, una vez allí, entre las 4 y las 5 de la madrugada, aprovechándose de la precaria situación en que se hallaba la víctima, «sin posibilidad de reacción ni de oposición», Javier Escartín abusó sexualmente de esta.

Transcurrido un tiempo, el joven empezó «mínimamente» a reaccionar y comprobó que se encontraba en un lugar extraño. Como pudo, volvió a encaminarse hacia su domicilio, pero poco a poco empezaron a asaltarle imágenes confusas de lo que había sucedido.

Al llegar a casa, el joven se dio cuenta de que había perdido las llaves, por lo que tuvo que ser su pareja la que le abrió la puerta.Según relató la chica en el juicio, su novio estaba agitado y decía: «Me han jodido, me han violado».

La prueba de ADN, decisiva

La víctima ha mantenido siempre que nunca dio su consentimiento y que lo ocurrido le ha generado un enorme trauma psicológico, «con sentimientos de impotencia, miedo, rabia y vergüenza». Algo que corroboraron los psicólogos que lo vieron y que le diagnosticaron un cuadro de estrés postraumático. A la hora de esclarecer la autoría de los hechos fueron claves tanto los mensajes de Whatsapp que el acusado envió al teléfono móvil de la víctima como los rastros de semen que dejó en la ropa interior y en varias partes del cuerpo del denunciante.

Para probar que, después de haber consumido tanto alcohol, el joven no tenía ningún control sobre sus actos, la Audiencia de Zaragoza recuerda que uno de los amigos con los que estuvo de copas aquella noche por el Casco Viejo usó una expresión muy descriptiva: «Estaba como una columna en el bar». Y así lo confirmaron los análisis de sangre que se le practicaron, en los que, 12 horas después de los hechos, arrojó una tasa de 0,45 gr/l. Hasta los especialistas se extrañan de que no estuviera en coma etílico.

La acusación particular pedía una pena de 10 años cárcel por violación, pero entienden los magistrados que al no mediar violencia, resulta más adecuado condenar por abuso sexual, tal y como proponía la Fiscalía.

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