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El camarero acuchillado por su jefe sufrió una herida en el abdomen de "riesgo vital"

Los forenses avalan en su último informe la tentativa de homicidio, lo que puede llevar al juez a negar la libertad provisional que había pedido la defensa por los hechos ocurridos a las puertas del pub Göia de Zaragoza.

La Policía Científica, cuando tomaba pruebas en la calle de Lacarra de Zaragoza, donde ocurrieron los hechos el 19 de mayo.
La Policía Científica, cuando tomaba pruebas en la calle de Lacarra de Zaragoza, donde ocurrieron los hechos el 19 de mayo.
José Miguel Marco

El camarero del pub Göia acuchillado por su jefe el pasado 19 de mayo en la céntrica calle de José María Lacarra sufrió múltiples incisiones de pequeño tamaño en la cabeza, tres más en el rostro y una herida incisa penetrante en la cavidad abdominal. Según el informe forense que acaba de recibir el juez instructor del caso, de todas estas lesiones, la última sería la más grave, ya que le afectó al estómago, al intestino y al hígado y tuvo un "claro riesgo vital". De hecho, según los especialistas del Instituto de Medicina Legal de Aragón (IMLA), de no haber recibido asistencia médica urgente y pasado por el quirófano, Alejandro A. C., de 28 años, podría haber muerto.

La defensa de Ian R. B., de 34 años, ha solicitado al titular del Juzgado de Instrucción número 12 de Zaragoza su puesta en libertad. Según la abogada Carmen Sánchez, transcurridos ya dos meses desde el encarcelamiento del presunto agresor, el Grupo de Homicidios de la Policía Nacional ha tenido tiempo suficiente para investigar los hechos. Para esta, no existe ya ni riesgo de destrucción de pruebas ni de fuga. Sin embargo, el informe de los forenses podría condicionar ahora la decisión del juez, ya que esta valoración médica permitirá a las acusaciones calificar los hechos como tentativa de homicidio, delito que tiene un castigo superior a las lesiones.

Tras examinar a la víctima, los forenses comprobaron que una de las cuchilladas se produjo en el malar izquierdo y otra junto a uno de los globos oculares, lo que hizo necesaria también la intervención de un oftalmólogo. A tenor de la gran cantidad de heridas que presentaba el camarero, los facultativos deducen que el agresor actuó de forma «muy agresiva». Ello ha provocado también al paciente un cuadro de estrés postraumático que le impide conciliar el sueño con normalidad, dado que todavía recuerda «todo lo que pasó» aquella aciaga mañana del 19 de mayo.

Los especialistas recuerdan en su informe que el joven estuvo seis días hospitalizado y estiman que serán 96 los que tarden en estabilizarse su heridas.

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