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Zaragoza

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El Meliá ya ha vendido el 60% de los nuevos pisos pero el hotel no reabrirá hasta octubre

La cadena quiere volver a acoger clientes para el Pilar tras un retraso en las obras

El piso piloto ya está terminado con acabados de lujo y pronto se podrá visitar.
El piso piloto ya está terminado con acabados de lujo y pronto se podrá visitar.
Guillermo Mestre

El hotel Meliá de Zaragoza no reabrirá sus puertas hasta el próximo mes de octubre. Esa es la nueva previsión que maneja la cadena, después de que un retraso en las obras de reforma que se llevan a cabo desde enero de 2018 haya hecho imposible acoger clientes este verano, tal y como se esperaba. Sin embargo, los promotores restan importancia a este cambio de fechas, que consideran dentro de lo habitual, y además destacan el "éxito" en la venta de los nuevos pisos que se están ejecutando en parte del histórico inmueble de la avenida de César Augusto. El 60% de las viviendas ya tienen comprador.

Gracias a una inversión de 20 millones de euros, la empresa va a reducir el número de habitaciones del establecimiento de 247 a 102 a cambio de reconvertir siete plantas en 68 viviendas de lujo. De esta forma, Meliá Hotels International busca ajustar su servicios a la demanda de la ciudad, que con la Expo disparó el número de camas.

Los pisos, comercializados por la inmobiliaria Castillo Balduz, son de calidad media-alta, con una superficie a partir de 69 metros cuadrados. Se ubican diez en cada planta, entre la cuarta y la novena, y ocho viviendas en la décima, donde se encuentra un lujoso piso de 214 m2, el único que alcanzará ese tamaño. "La promoción ha tenido una gran acogida, ya que es la única que oferta un producto de estas características en el centro de Zaragoza", destacan desde la compañía.

El 60% de los pisos ya están reservados, cifras que esperan que se eleven con la inauguración del piso piloto. "Las previsiones que manejamos es que nuestros clientes puedan disfrutar de sus viviendas durante el primer trimestre del 2020", anuncian los promotores.

Terraza y piscina en la azotea

Antes habrá reabierto el hotel. En este caso, el objetivo es volver a acoger clientes para las fiestas del Pilar de este año. Cuando se cerró el establecimiento, en enero de 2018, el plazo de reapertura se marcaba para un año después. Sin embargo, la aparición de algunas deficiencias en el edificio retrasaron seis meses esa fecha, con la intención de retomar la actividad este verano.

Ahora la empresa se emplaza al mes de octubre. El hotel mantendrá 35 habitaciones de entre 21 y 39 metros cuadrados en cada una de las tres primeras plantas. En la azotea se establecerán otros servicios del establecimiento, como piscina, una gran terraza, bar y vestuarios. Además, se ha habilitado en las tres plantas subterráneas un aparcamiento de 130 plazas (35 de ellas para el Meliá) y 68 trasteros para las viviendas.

El proyecto de reforma lo firma la compañía Ingennus, que ha previsto el acceso del personal del hotel y la descarga de mercancías por la planta semisótano, donde también se establecerán las oficinas comerciales, de administración y de la dirección del Meliá. Además, en la planta calle estará la puerta principal del establecimiento y los dos portales de las viviendas: uno en la avenida de César Augusto y otro en la calle de Ramón y Cajal. También, se reservará espacio para un local comercial y un restaurante.

Sin andamios

La actual no es la primera reforma que sufre el Meliá, que supera el medio siglo de vida (51 años). En 1978 sufrió el lamentable incendio del entonces hotel Corona, lo que propició la primera gran actuación en el inmueble, obra de los arquitectos José de Yarza y Teodoro Ríos. Dos décadas después del suceso que marcó un antes y un después en la ciudad, los propietarios actualizaron la fachada con las características bandas horizontales de cerámicas de Muel.

El último año la parte exterior del edificio, que se mantendrá prácticamente intacta, ha permanecido oculta bajo los andamios. A finales del mes pasado se retiró el último, además con cierto suspense, ya que un desvío en la vertical de la estructura obligó a cortar el tráfico y desmontarla por precaución.

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