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Zaragoza

Encinacorba vivió en 1988 una tragedia casi calcada a la de Paniza

Tres trabajadores de la bodega cooperativa San Esteban murieron intoxicados.

Momento del funeral en Encinacorba en 1988
Momento del funeral en Encinacorba en 1988
Archivo Heraldo

En agosto de 1988 -el próximo 29 de agosto se cumplirán 31 años- la comarca de Cariñena y Aragón enteros se vieron sacudidos por una tragedia similar a la ocurrida este martes en Paniza. El suceso, que se cobró la vida de tres hombres de la vecina localidad de Encinacorba, tuvo lugar en la bodega cooperativa San Esteban. El recuerdo de aquel día ha vuelto a la mente de los lugareños al enterarse de la trágica muerte de otras dos personas en las Bodegas Paniza en similares, casi idénticas circunstancias. Finalmente, un tercer trabajador que se encontraba ingresado en el Miguel Servet en estado grave también ha fallecido. 

El alcalde de Encinacorba, Jesús Martín Casanova (PP), lo rememora pese a que entonces aún no había trasladado su residencia a la localidad y vivía en Zaragoza. “Era a finales de agosto y estaban cambiando los aros de los trujales subterráneos. Al llegar al depósito en el que se vertían los sobrantes, el agua, etcétera, el trabajador que abrió la tapa cayó y murió al instante”.

Martín prosigue relatando que un compañero que vio el percance no dudo un instante y se dispuso a socorrer al primero: “Bajó por la escalera para tratar de ayudarle y allí se quedó también”.

En la oficina de la bodega estaban otros dos vecinos del pueblo, el contable y otro trabajador de la bogega que acababa de volver de viaje de novios y estaba haciendo el papeleo para incorporarse a su puesto al día siguiente: “En un momento determinado, este último comentó al contable que no se oía a sus compañeros y alertó de que algo les podía haber pasado. El contable le dijo que no bajara, que podía ser muy peligroso, pero también se deslizó por la escalera sin respirar e intento sacar a los dos accidentados. Cuando el contable le gritó para que saliera cuanto antes, este le contesto con un ‘voy’ que fue letal porque le hizo inhalar los gases tóxicos”.

El suceso marcó un antes y después en una localidad que se preparaba entonces para vivir y disfrutar sus fiestas en honor de la Virgen del Mar, pero tuvo que suspenderlas para despedir en un emotivo entierro a sus vecinos fallecidos.

Así contó HERALDO la noticia en 1988

Así contó Heraldo la tragedia en Encinacorba
Así contó Heraldo la tragedia en Encinacorba
HA

Alrededor de mil quinientas personas asistieron al entierro. Las tres víctimas de la Cooperativa San Esteban, de Encinacorba.

Fue un día de luto, compartido por toda la comarca, que también estaba representada en el funeral que oficiaron seis sacerdotes en la iglesia parroquial de Santa María. La centenaria banda de música de la localidad, a la que pertenecía uno de los fallecidos, interpretó la ‘Marcha fúnebre’, de Chopin.

A las cinco de la tarde del 29 de agosto, Encinacorba vivía con tenso silencio la tragedia. Eran tres hombres de buena voluntad, unidos en la experiencia y el trabajo, que encontraron también una muerte solidaria.

El primero murió por su diligencia para recuperar la herramienta caída al fondo del trujal, el segundo encontró la muerte por intentar salvar al primero, y el tercero, por querer arrancar de la muerte a los otros dos.

Adolfo García Gimeno, concejal del Ayuntamiento de Encinacorba, estaba soltero. Vivía con su padre de 85 años de edad, al que cuidaba y le recordaba a diario la alegría de vivir. Cuentan que, además de buen hijo, era dinámico y emprendedor, dispuesto siempre a sacrificarse por los demás.

José Hernández Gasca, presidente de la Cooperativa San Esteban, estaba casado y deja viuda y dos hijos. Desde los catorce años pertenecía a la banda de música del pueblo, que suma más de cien años de existencia, en los que ha ido ganando popularidad y prestigio. Cuando estaba completa, José tocaba el requinto; después, el clarinete. La banda tocó para él y sus compañeros la “Marcha fúnebre”, de Chopin. Las lágrimas tuvieron ese sonido.

Finalmente, Gerardo Sancho Pardos, bodeguero de la cooperativa, había contraído matrimonio el pasado día 7 con Man Carmen, de Paniza, él con 28 años y ella con 25. Acababan de regresar de viaje de novios y en la fecha de su entierro, le tocaba reincorporarse a su trabajo habitual. Ambos, Mari Carmen y Gerardo, regresaron de su luna de miel a tiempo para gozar las fiestas en honor de la Virgen del Mar, que iban a comenzar este mismo fin de semana. Pero ya no habrá fiestas para ellos, ni para nadie, porque el Ayuntamiento, haciéndose eco del sentir de los vecinos, las ha suspendido en señal de duelo. Centenares de personas -miles, sin duda- acudieron a decirles su último adiós, que a pesar de ello nunca será definitivo, porque estarán presentes para siempre en la memoria de todos. Cayeron al pozo sin fondo de la muerte traicionera, y desde allí han remontado un vuelo imposible para los vivos.

Noticia publicada por Alfonso Zapater el 31 de agosto de 1988.

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