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Zaragoza

Las reservas para las visitas guiadas a la iglesia de la Magdalena ya están completas hasta 2020

El cambio de orientación que sufrió la parroquia en el siglo XVIII llama la atención de los visitantes.

Vista –tomada domingo– del interior del templo recién restaurado. Al fondo, el altar mayor.
Vista –tomada domingo– del interior del templo recién restaurado. Al fondo, el altar mayor.
José Miguel Marco

Intuían que, después de 17 años cerrada al culto, los zaragozanos tendrían interés en volver a ver la iglesia de la Magdalena, pero las cifras de visitas están superando todas las expectativas. Entre mayo y junio ya han pasado por el templo unas 1.500 personas y las reservas para participar en las visitas guiadas están completas hasta mitad de enero del año que viene. "Es posible que en agosto, por el éxodo vacacional, quede algún hueco libre de gente que tuviera reservas y se vaya de viaje, pero las reservas están completas en los próximos seis meses", explica Pilar Muniesa, responsable técnico del Alma Mater Museum, desde donde se coordinan las visitas.

Estos recorridos por una de las joyas del mudéjar aragonés se hacen los jueves y sábados, en grupos de una veintena de participantes. Duran una hora y uno de los máximos reclamos es poder subir a la torre, una atalaya que alcanza los 47 metros de altura y que, junto a la galería de arcos, ofrece unas vistas espectaculares de todo el Casco Histórico.

Singular distribución

"La torre también impresiona mucho porque ofrece unas vistas de toda la ciudad, desde la zona de la Expo hasta la huerta de Las Fuentes", explican los cuatro guías que se turnan en las visitas, si bien también añaden que para disfrutar de este premio hay que ascender los 170 peldaños que conducen al campanario.

"Lo que más llama la atención de los visitantes son detalles como que el coro y el altar estén detrás del retablo mayor del templo", cuenta Muniesa. Esto tiene su explicación y no es otra sino que "la iglesia cambió su orientación en el siglo XVIII y la zona por donde antes se accedía es donde hoy se encuentra el ábside". Muchos visitantes también muestran interés y requieren información de detalles como la veleta del gallo (símbolo del barrio) o el patrimonio más destacado de los bienes muebles. Las imágenes del retablo mayor son del siglo XVIII, obra de José Ramírez de Arellano, quien se benefició del mecenazgo del botánico José Suñol, pero también existe otro retablo menor, de Damián Forment, troceado en dos capillas del templo.

La cripta, que no se visita en estos paseos, genera alguna que otra pregunta porque muchos vecinos saben que bajo el presbiterio se encontraron numerosos restos óseos, y también hay participantes que se interesan por el órgano sobre un voladizo, que da nombre a una calle adyacente.

Vecinos de siempre

El perfil de los interesados en recorrer la Magdalena es muy dispar, si bien "es una parroquia muy integrada en el barrio y acostumbran a venir vecinos que años atrás fueron bautizados en la pila del templo o que conservan fotografías de la bodas de sus padres en la iglesia", comentan los responsables de las visitas.

Entre jóvenes, mayores, zaragozanos y turistas, también figuran no pocos historiadores que acuden a la Magdalena para rastrear parte de la historia de la ciudad. Unos estudian cómo bajo el templo actual se ha identificado el alminar de una mezquita (que se utilizó como campanario cristiano a partir del siglo XII) y otros lamentan que en los años 50 se colocara junto a la cripta la caldera de la calefacción, lo que pudo poner en riesgo algunos nichos poco documentados.

Mientras se decide qué fin darle a la casa del campanero –aún pendiente de reforma– y si se presta un acceso independiente a la torre por la portada medieval de la calle Mayor –para no interferir en el horario de misas– las visitas continúan tratando de rebajar poco a poco la lista de espera.

La Magdalena, que es Bien de Interés Cultural desde 1931, volvió a abrir sus puertas el pasado febrero tras casi dos décadas cerrada y una inversión –en fases– de 4,4 millones para eliminar daños y luchar contra las humedades.

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