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Opinión

Ceros y unos

FILE PHOTO: A computer keyboard lit by a displayed cyber code is seen in this illustration picture taken on March 1,  2017. REUTERS/Kacper Pempel/Illustration/File Photo [[[REUTERS VOCENTO]]] BANKS-DATA/
La inteligencia artificial toma cada vez más decisiones en nuestro nombre.
Kacper Pempel / Reuters

La semana pasada, al defender en estas páginas la vida de dos pinos amenazados por las motosierras municipales, que ya han acabado con sus otros seis hermanos de hilera, aludí a la inteligencia artificial. Con ello traté de hacer ver que, si se pretende que las políticas públicas sigan siendo humanitarias, tendrán que incorporar deseos, emociones y sentimientos que apenas son apreciados por la economía medioambiental, la estadística o la informática.

La inteligencia artificial es una creación del ser humano, pero este, a su vez, recíprocamente, la imita. Por ejemplo, para evaluar a mi alumnado conforme a los procedimientos actuales, he de renunciar a mi subjetividad, en favor de ‘rúbricas’ basadas en ceros y unos. Así que pronto sobraré. Examinará y calificará una aplicación cibernética. En general, dado que el cerebro humano procesa los datos y los algoritmos infinitamente peor que las máquinas, estas han empezado a resolver nuestros problemas de salud, política o amor. Ya hay programas informáticos que componen bellas melodías.

Además, las máquinas aprenden y evolucionan por sí mismas, por lo que están creando sus propios criterios, convenciéndonos de lo benéficos que nos resultan. Sinceramente, creo que este proceso es irreversible y que no hay alternativa, pero quizás todavía podamos orientarlo a la dignidad humana, con la esperanza de que a las máquinas no les parezca mal. Por eso, salvar dos pinos es mucho más que salvar dos pinos. Es también apostar por lo que nos define como seres sintientes y sentimentales, aquello que no puede reducirse a códigos binarios. Al menos, de momento.

jusoz@unizar.es

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