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Zaragoza

ARAGÓN, PUEBLO A PUEBLO

Negocios que dan vida a Aranda de Moncayo

Una tienda multiservicio, varios establecimientos de hostelería y otras empresas siguen al pie del cañón en este municipio de una de las comarcas más azotadas por la regresión poblacional.

Aranda de Moncayo se apiña en torno a un cerro, desde cuyo punto más alto se puede contemplar la fértil vega del propio río Aranda y las aguas retenidas en el pantano de Maidevera. Desde este punto, uno de los trece municipios que componen la comarca –también bautizada por el mismo cauce y al que se llega por la maltrecha A-1503– varios vecinos han emprendido negocios como apuesta personal, con el objetivo común de dar vida al pueblo. Hay una tienda, empresas de construcción, ganadería, negocios de hostelería…

Una de esas emprendedoras es María José Revuelto, dueña de la tienda que lleva su nombre desde hace 16 años. "Soy de aquí, pero vivía con mi pareja en Brea", cuenta. Cuando el negocio se traspasaba, ella decidió "cogerlo, porque no lo hacía nadie, y optamos por empezar a vivir aquí". De sus dos hijos, el mayor ya está estudiando en la universidad y el pequeño baja al instituto de Illueca. "Vamos resistiendo, para invierno hay menos gente, pero los veranos, fines de semana y cuando se organiza alguna fiestecilla esto se anima", comenta mientras la parroquia pasa ante su mostrador.

Una de las que se acerca por allí es Lydia Bermejo, que junto a su pareja, Ángel Escorihuela, llevan cuatro años en la localidad. "Vivíamos en un pueblo de Teruel y llegó un momento que tuvimos que buscar nuevos pastos para el ganado". "Llevo vacas avileñas y caballos", concreta. No se ha quedado ahí su iniciativa en el pueblo. "Fundamos la Asociación Sentir Rural, con la que organizamos actividades culturales, de recuerdo y homenaje al modo de vida de estas zonas y sus oficios antiguos: la trashumancia, la trilla... todo eso", indica.

También han puesto en marcha unos apartamentos rurales en El Batán, un molino del siglo XVIII. "Hemos arreglado la cuadra y hacemos conciertos, conferencias, exposiciones; hemos acogido la primera edición del Festival Ecozine Rural", enumera. "Nosotros lo gestionamos en régimen de custodia del territorio, corremos con los gastos y llevamos un negocio que redunda en la conservación del patrimonio", defiende.

Otra de las personas que ha puesto en marcha un negocio es María Ángeles Gil; en su caso, se ha lanzado a la aventura en varias ocasiones. "Llevé un bar en el pueblo durante 20 años, lo dejamos y retomamos un bar-parrilla al pie del pantano hace 9, El Chiringuito", comenta. "Funcionamos mucho los fines de semana y vienen muchos senderistas, pescadores, cazadores…", explica. "Tenemos bastante trabajo, tanto en verano como en invierno, porque hemos conseguido una clientela fija", subraya. En su negocio, los comensales pueden encontrar carne a la brasa, menú o platos combinados.

De sus hijos, ninguno parece dispuesto a continuar con el negocio. "Es algo muy esclavo, te exige estar allí mucho tiempo", reconoce. Respecto al nivel de actividad, Gil se muestra clara. "Cuanto más trabajo haya, mejor. Es como una red que se despliega: si hay trabajo, lo hay para todos", esgrime.

Venir, quedarse o volver

Muy cerca de su negocio también está en marcha La Venta, otro bar-parrilla que ahora gestionan Concha y Carmen Romero desde marzo. También se centran en los fines de semana y ponen a disposición del visitante "ternasco, chuletón, entrecot y, por encargo, paellas, rancho, fideuá…", va explicando Concha. "Somos de Zaragoza, nos ofrecieron la gestión de este espacio, y como teníamos experiencia en hostelería, aceptamos", indica. Se definen como "viejas emprendedoras" y Concha plantea que "también queremos unirlo con una parte artística, pero lo iremos viendo poco a poco".

A ellas se une Casa Maidevera, en plena plaza Mayor de Aranda, un restaurante y casa rural en los que se desempeña Javier Jordán. "Llevamos 20 años con la casa y el restaurante, y tenemos bar desde hace 6, es un trabajo discontinuo". "En la comarca hay pocos alojamientos, pero aquí viene la gente y puede ver todos los alrededores, aunque hasta hace poco tiempo no estaba bien preparado", se lamenta.

El punto negro es la carretera, la A-1503. "El año pasado el arreglo se quedó en el cruce de Oseja; todo ese tramo que acondicionaron da gusto verlo. Lo restante estaba previsto, pero en septiembre no llegó, tampoco en noviembre, ni en febrero… y lo que llegaron fueron las elecciones", remarca. "Lo suyo sería que acaben toda la carretera, porque permitiría que hubiera más tráfico".

El caso de Benita Álvarez es reflejo de esa vena emprendedora. "Me fui al País Vasco y estuve allá mucho tiempo, 25 años; cuando cerraron Altos Hornos volví con mi marido al pueblo y retomamos durante años la panadería que traspasaban. Siempre nos ha encantado estar aquí", concluye.

Aratikos y los cascos celtíberos; mirada resignada al pasado y una esperanza de futuro

En los años 80, el yacimiento celtíbero de Aratikos (Castejón I-El Romeral), el mayor de toda Europa, fue expoliado; de él salieron piezas de gran valor, y los conocidos como cascos celtíberos fueron quizá la pérdida más notable. Un total de 18 de ellos acabaron en manos del coleccionista alemán Axel Guttman y a su fallecimiento comenzaron a diseminarse, por mor de diversas subastas incontroladas y ante la parsimonia de las autoridades españolas, que no supieron hacer valer los derechos adquiridos sobre los hallazgos. El expolio acabó en los juzgados.

"Tendría que excavarse, ponerse en valor y que la gente lo conozca. Tendríamos que empezar a mirar hacia el futuro", defiende Marcos Antonio Ruiz, licenciado en Historia y Gestión cultural y guía turístico del Centro de Interpretación Aratikos y la Celtiberia. En estas instalaciones, que abarcan unos 100 metros cuadrados, se recuerda la ciudad-estado que fue capital del valle del Aranda; se cuenta con 3 réplicas de las famosas armaduras elaboradas por José Manuel Pastor. Hasta julio abre los sábados de 16.00 a 19.00.

Maidevera, un refugio acuático en un entorno para perderse en la naturaleza

Finalizado en 1981, este embalse se levanta en el cauce del río Aranda, aguas abajo de las aportaciones que hace el barranco de Pedreñas. Riega cerca de 555 hectáreas y abastece a unos 6.700 habitantes de varias localidades; entre ellas están Jarque, Gotor, Illueca, Brea y Arándiga. Maidevera es enclave de pesca; en sus aguas pueden encontrarse barbos, trucha arco iris, carpas, madrillas, tencas (este pez de apreciada carne también es abundante en lagos italianos como Iseo y Garda) o black bass. Desde marzo, la Confederación Hidrográfica del Ebro lo ha incluido en la lista de embalses protegidos contra el tristemente famoso mejillón cebra, para minimizar el riesgo de invasión y preservar las aguas que todavía no han sido tomadas por esta dañina especie. Por esta disposición, se hace obligatoria la desinfección exhaustiva de las embarcaciones que lo transitan. Las cerca de 135 hectáreas de pantano sirven para atraer igualmente por su entorno a senderistas y ciclistas de montaña, con la sierra de la Virgen y varias rutas aledañas como principales atractivos. A esta oferta natural se suman lo que se suman los diversos negocios de hostelería repartidos por las cercanías.

En datos

Comarca: Aranda

Población: 160

Distancia a Zaragoza, su capital de provincia: 106 km

Los imprescindibles

Florencio Gea Andaluz

Se menciona su nombre en varios puntos del casco urbano de Aranda de Moncayo; por ejemplo, en la fuente de la plaza Mayor, se recuerda que en 1915, siendo alcalde él, se consumó la elevación de aguas que abastecen al pueblo.

El castillo

Levantado durante la presencia musulmana, pasó a manos de la Corona de Aragón durante la Reconquista. Su estado de ruina progresiva deja ver escasos tramos de murallas, con almenas y parte de una torre.

Iglesia de la Asunción

Situada en uno de los puntos más altos del casco urbano, se trata de un edificio gótico del siglo XV y de principios del XVI. Tiene una nave con dos tramos y cabecera semioctogonal, y cuenta con bóvedas de crucería.

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