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Chicanes de colorines y dudosa legalidad en el barrio Oliver de Zaragoza

Vecinos y responsables policiales consideran que las isletas infringen la normativa de seguridad vial, mientras el Ayuntamiento alega que son “espacios peatonales”.

El Ayuntamiento de Zaragoza ha comenzado esta semana el pintado de las chicanes instaladas hace escasos días en la calle de Antonio Leyva del barrio Oliver. Estos elementos, pensados para disuadir el exceso de velocidad y las carreras ilegales registradas en esa zona, están siendo decorados con pintura de diferentes colores para darles una estética similar a la que proporcionó el festival Asalto al barrio en su pasada edición. Sin embargo, este pintado ha generado dudas sobre su legalidad entre la Policía Local y los vecinos al considerar que infringe la normativa de seguridad vial, que establece que “las isletas y elementos de canalización no pueden ser de colores”.

Desde el Consistorio, no obstante, señalan que sobre esas chicanes no se va a circular ni tampoco se van a utilizar como estacionamiento, sino que “se están definiendo como espacios peatonales” y que como tales, están delimitados por “una raya continua y bolardos”. Niegan, por tanto, que el pintado incumpla la ley y aseguran que, cuando se concluya la decoración, se abrirá “un proceso participativo” para elegir los elementos de mobiliario urbano a colocar sobre los mismos, que podrían ser bancos o maceteros.

Esta versión no convence al vecindario, que tilda la medida de un “empecinamiento” del gobierno municipal. “La ley de seguridad vial es muy estricta con el pintado de las calzadas”, indica Antonio García, presidente de la asociación Oliver Centenario. Desde la agrupación nunca han defendido la instalación de las chicanes, sino que se han decantado en todo momento por la colocación de cojines berlineses (unas elevaciones en mitad de la calzada que obligan a reducir la marcha del tráfico), “algo mucho más barato y fácil de colocar”, añade García.

Desde la otra entidad vecinal del barrio, Oliver Aragón, coinciden en que esta no era la solución que más agradaba a los vecinos, si bien prefieren no entrar a valorar cuestiones legales. “Nosotros no somos ingenieros ni sabemos de normativa, pero es una opción que nos resulta extraña porque no la hemos visto en otro sitio, como sí hemos visto pasos elevados u obstáculos”, comenta su presidente, Manuel Clavero.

Se descartaron las elevaciones

Fuentes municipales explican que se decidió optar por las chicanes como solución a la alta siniestralidad registrada en la calle de Antonio Leyva desde su reforma integral de hace apenas diez meses. “La opción preferida por los vecinos era la instalación de elevaciones o de cojines berlineses, algo que desde Movilidad, desde el primer momento y con informes con contenido y sustancia, se ha transmitido que no era posible ni recomendable en vías urbanas, que en los sitios en los que se ha colocado en Zaragoza hay muchas quejas vecinales por el ruido que generan y que tampoco son disuasorios de la velocidad por el tamaño que tienen”, aclara la consejera de Participación y Policía Local, Elena Giner.

Pero los vecinos no encuentran la ventaja de este sistema ni ven con buenos ojos que las chicanes puedan utilizarse como zona peatonal. “Puestos a dejar un carril, se podría haber aprovechado para crear aparcamientos, porque andamos bastante escasos, o para hacer las aceras más amplias. Además, con esas curvas, cuando tenga que pasar un vehículo de emergencia, ¿cómo hacen los demás para apartarse? Por otra parte, a los que les gusta hacer carreras siguen pasando a 40 o 50 km/h y lamiendo los bolardos, porque ahora sí que se asemeja a un circuito”, comenta el presidente de la Asociación Oliver Centenario.

“Esperamos que a los incívicos que solo se dedican a molestar a los vecinos no les sirva de aliciente ni se lo tomen como curvas y contracurvas de un circuito”, coincide Manuel Clavero. El presidente de Oliver Aragón reconoce que los vecinos están “expectantes” por ver el resultado que dan las chicanes, aunque les consuela que, dado el caso, sea “una medida reversible”. Antonio García, por su parte, duda de que vaya a funcionar y le preocupa que el problema se acreciente mientras se decide el nuevo gobierno municipal, ya que hasta entonces no se reanudarán las comisiones con los vecinos.

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