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Godojos abastece a casi 300 bares de toda la zona

Castor Ciria pierde la cuenta de los kilómetros que hacen al cabo del año en su empresa de distribución de bebidas, que resiste frente al avance de la despoblación.

Como aquella aldea gala de Astérix que resistía al avance inexorable del Imperio Romano, y que siempre desesperaba a César, en Godojos una pequeña empresa hace lo propio contra el rodillo de la despoblación. Se trata de la distribuidora de bebidas que lidera Castor Ciria, desde cuyo almacén se abastecen casi 300 negocios repartidos por media docena de rutas que van desde los pueblos manchegos del río Mesa, como Villel, al eje del Aranda, el Jiloca o Calatayud.

"Son un montón de destinos: Ariza, Monteagudo, Torrehermosa, Santa María de Huerta, Nuévalos, Milmarcos, Fuentelsaz, Illueca, Daroca, Villafeliche, la Venta de Malanquilla, Huérmeda…", va enumerando Ciria mientras se sitúa entre torretas de cajas de botellas y botellas, principalmente de Mahou y Coca-Cola; la lista podría continuar un buen rato. Desde su localidad natal emplea a cinco personas de manera directa, más algunos más de forma indirecta. "La empresa la empezó mi hermano, que falleció hace 22 años ya, el negocio lo asumí yo luego, pero todo empezó con él", recuerda.

Para explicar la razón de su asentamiento en Godojos, Castor Ciria lo resume pronto: "Porque es nuestro pueblo, porque me gusta estar aquí". "¿Más rentabilidad? En Calatayud. ¿Menos kilómetros? En Calatayud. Porque es el centro de la comarca. Y eso que he tenido oportunidad de trasladarme, pero he preferido quedarme. Si te gusta tu pueblo, eso tira mucho", reconoce sin ambages. Además, también argumenta que "no es mucho, pero contribuyo con los impuestos de los vehículos, el IRPF… todo eso es en el pueblo".

En la nave se guardan tres camiones, dos furgonetas y otros dos coches privados. "Hacemos con cada vehículo 100 kilómetros mínimo cada vez que sale", detalla. El principal problema es sencillo: las averías. "Me ha pasado muchas veces repartiendo, una de ellas yendo a Monteagudo se rompió la caja de cambios", relata.

Con la carga a bordo

A bordo, además de la cerveza, también van varios tipos de refrescos, leche, agua, bolsas de patatas, encurtidos… "Lo que traemos es lo que más o menos necesita un bar. Intentamos tener una variedad amplia de productos para que cada salida de un camión sea lo más rentable posible", defiende. Sin embargo, también se pone un límite. "Me han ofrecido que tenga más productos, pero no quiero complicarme más la vida, ya tengo suficiente tarea".

A pesar de los años de experiencia que acumula en este sector, Castor Ciria reconoce que el ámbito rural ha cambiado mucho con la despoblación. "Los comerciales de empresas grandes te exigen que vendas más y yo les digo que no pueden medirnos igual que si estuviéramos en una ciudad", se lamenta. Y pone un ejemplo claro. "Les digo que donde estoy yo tengo 40.000 habitantes repartidos en 5.000 kilómetros cuadrados, cuando en una esquina pequeña de Madrid, en Torrejón de Ardoz, tienen 130.000".

Así, las dos caras que ofrecen los pueblos según la estación del año también se replican en el negocio que gestiona Ciria. "Durante la temporada de verano llegamos a mover hasta cinco camiones al día, para invierno son dos", describe. En este sentido, relata como "el verano se nota y ya desde Semana Santa se incrementa algo; también se siente los fines de semana de mayo por las romerías".

El bar

Poco más arriba, hacia el centro del pueblo, unas decenas de metros, está el bar de Godojos. Allí, detrás de la barra, está desde hace cuatro años Juan Mijarra. "Me ofrecieron que me presentase a la subasta, vine, eché y salí", recuerda. Entre semana, el ajetreo es mínimo. "Viene la gente sobre todo a echar la partida, al medio día, y los fines de semana, que es cuando mi mujer me echa una mano porque hay más faena".

Aunque su origen está en Madrid, donde nació hace 51 años, ya lleva mucho tiempo por la comarca Comunidad de Calatayud. "Empecé en Termas Pallarés, en Alhama, y estuve 10 años. Luego fui cogiendo varias cosillas hasta que cogí el bar de Godojos", explica Mijarra, quien reconoce que "me encanta cocinar". Echa la vista atrás y recuerda con orgullo que actualmente lleva "40 años es la cocina, y he ido aprendiendo poco a poco, en gran parte por mis dos hermanos y porque no me gustaba estudiar, así que no me quedó otra".

Mientras prepara el salón, Mijarra reconoce que "estar entre puntos turísticos como el Monasterio de Piedra y los balnearios nos influye, porque tampoco hay mucha oferta de bares como esté en los alrededores. Hoy vienen cuatro personas que están alojados en el Sicilia de Jaraba", indica.

Truficultura y ganadería, corazón del proyecto de un joven con raíces en el pueblo

"No puedo estar en una oficina. Eso no es para mí". Pablo Jaime Gil, a sus 23 años, se ha embarcado en un proyecto que une truficultura y ganadería, en el pueblo de origen de su abuela. "Por una parte vamos a hacer una explotación de cebo de terneros, serán 300 cabezas estabuladas", detalla en medio del esqueleto de la nave que los albergara. "La idea es meter los animales en junio y será la parte fundamental", explica el joven Pablo, criado en Calatayud. A eso se añaden algunas fincas más, entre ellas unos almendros y una apuesta muy ambiciosa: la truficultura.

"Hemos hecho un estudio de tierras para ver si el terreno tenía las cualidades idóneas y vamos a empezar con una hectárea, que ampliaremos a cuatro", explica. Mientras, media docena de operarios van rematando una solera de hormigón, Pablo reconoce que el proceso burocrático/administrativo "te quita las ganas". "Si no fuera por el respaldo del Ayuntamiento… Tanto que hablan de despoblación y de frenarla, y las instituciones superiores no ayudan cuando hace falta", asume con resignación.

Un bien de interés cultural, emblema de la localidad, está a la venta por 1 millón de euros

Cuatro dormitorios, dos baños, gran patio con jardín, vistas y ubicación. Hasta aquí llega lo que podría ser la descripción de un inmueble más a la venta en internet. Sin embargo, está muy lejos de ser uno más. Se trata de la Torre de los Señores, una atalaya levantada en el siglo XV, de estilo gótico poco común en la zona. Resulta que es el vestigio mejor conservado del castillo que había en el mismo cerro, y que databa del siglo XIII. Actalmente, esta edificación –cuyo propietario comenzó a rehabilitar en 2000– está a la venta en la red por un valor de salida de 1 millón de euros, una cifra que llama la atención. Tiene más de 1.000 metros cuadrados de superficie,y su interior se reparte en tres alturas.

"Estaba en muy mal estado, pero un buen día llegó un ciudadano italiano que lo adquirió; lo ha arreglado al completo y ahora está muy bien", afirma Santiago Cebolla, alcalde de la localidad y ganadero. Santiago recuerda que el pueblo de Godojos sigue cimentado sobre el sector primario, como ha venido ocurriendo desde siempre. "En el pueblo hay varios agricultores, además de una granja de gallinas, otra de pollos y la explotación que tengo de ovejas", reconoce.

En datos

Comarca: Comunidad de Calatayud.

Población: 54.

A Zaragoza: 116 km.

Los imprescindibles

La Purísima Concepción

Del siglo XVIII, su torre, de estilo barroco conserva elementos estructurales y decorativos del mudéjar. Fue construida a expensas de Juliana Palafox, marquesa de Camarasa. Ermitas: Virgen de la Esperanza, San Jorge y Santa Ana.

Las aguas

En la plaza central de la localidad, cerca del ayuntamiento, hay fuente, bajo un arco de medio punto, fechada en el siglo XVI, a la que se unen abrevadero y lavadero. Urzay cataloga al conjunto como "de los mejores de la comarca".

El refrán

"El pan con ojos, / el queso sin ojos/ y el vino de Godojos". Este refrán, que recoge José Ángel Urzay en el libro ya citado, sirve para recordar el peso que tuvo la viticultura. Llegó a haber hasta dos millones de cepas en el término.

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