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Zaragoza

patrimonio

El palacete del Gancho que suena a guitarra eléctrica y batería

En la calle de Las Armas de Zaragoza se encuentra un edificio que data de finales del siglo XV o principios del XVI. Hace unos 20 años fue rehabilitado y ahora es la Escuela Municipal de Música y Danza.

En la calle de Las Armas de Zaragoza se encuentra un edificio que data de finales del siglo XV o principios del XVI. Hace unos 20 años fue rehabilitado y ahora es la Escuela Municipal de Música y Danza.

En el corazón del barrio de San Pablo, en el centro de la capital aragonesa, hay un lugar que vive a ritmo de música. Se escucha en la calle de Las Armas, a la altura del número 32. Son baterías, teclados, bajos y guitarras eléctricas. Se trata de una casa palacio que en la actualidad es la Escuela Municipal de Música y Danza.

Esta cuna de artistas es un edificio con solera que puede pasar desapercibido en el tránsito por dicha calle. Es una de las construcciones más singulares del barrio que cuenta con bodega, planta baja, noble y una superior con mirador de arquillos. Así podrían haber sido otros palacetes del barrio.

El Ayuntamiento de Zaragoza lo considera “una valiosa muestra” de vivienda palaciega de la alta burguesía de los últimos años del siglo XV o principios del XVI, ya que se desconoce la fecha exacta de su construcción. Al cruzar el umbral de su puerta de medio punto se corrobora ese encanto que retrocede unos cinco siglos. Lo que más llama la atención es el luminoso patio, de disposición rectangular y arquitrabado en tres lados. Además de las yeserías que decoran las partes superiores de un par de vanos.

“Durante la reforma esa columna apareció en el solar de la calle de Casta Álvarez, donde ahora juegan los chavales al fútbol”

La mirada pronto sube por el hueco del patio hasta la planta noble. Desde abajo se pueden ver unas delgadas columnas. De cerca se pueden disfrutar con más detalle, en especial las formas esféricas que las soportan. Hay tres completas y una a medias. “Durante la reforma esa columna apareció en el solar de la calle de Casta Álvarez, donde ahora juegan los chavales al fútbol”, desvela Chema Peralta mientras señala una de ellas. Él es el director de la escuela y participó activamente en la remodelación del edificio.

En esa misma planta, a escasos metros de las columnas se abre una puerta de madera decorada con una trabajada yesería que hace honores a lo que se esconde detrás. Es un salón polivalente, donde la música se mezcla con la danza. Una esencia de compartir que pudo existir en el pasado. “El salón era la estancia más cálida para el invierno, la más fresca para el verano y la más protegida porque tiene elementos construidos tanto por encima como por debajo”, apunta Peralta.

Es un escenario de lujo. Amén de las instalaciones, por los frescos que decoran cada una de sus paredes. Las zonas más oscuras corresponden con lo recuperado, mientras que el resto es una recreación de lo que se cree que fue. “Parece que su estilo es napoleónico”, desvela el director. “Así que pudo desempeñar la función de cuartel francés”, manifiesta. “Como se puede ver, este edificio ha tenido más de una vida”, apostilla.

Una de las primera es cuando los alarifes trabajaron en el alfarje de la casa. Una magnífica techumbre de madera plana pintada en la que posiblemente trabajaron maestros de la Aljafería, como Farag y Mahoma Gali. La parte más antigua vio la luz durante la remodelación, cuando se desplomó un falso techo que estaba abombado. “La escayola cayó y las cañas dejaron a la vista el alfarje”, relata Peralta. Por su apariencia, más austera, puede ser que el del espacio más amplio fuera la evolución de los alfarjes hasta llegar a los salones de la Aljafería, mucho más ornamentales. En cualquier pasillo o aulas también se conservan vigas similares.

No existen datos documentales ni de los propietarios, ni de los artífices de la casa. Aunque no se conozca con certeza, el director de la escuela deja en la conversación que “el señor de la casa pudo ser un comerciante emparentado con la nobleza aragonesa”. Estuvo en manos privadas hasta el siglo XIX, cuando pasó al Estado como bien desamortizado. En 1857 fue adquirida por particulares y dividida en viviendas.

Finalmente, en 1997 fue adquirido por el Ayuntamiento de Zaragoza que lo rehabilitó dentro del PICH (Plan Integral del Casco Histórico). Las fotografías antiguas, que muestra con orgullo Chema Peralta, son un ejemplo comparativo de esta actuación, ejecutada con fondos europeos y que tuvo como fin principal su actual ocupación.

Dos décadas más tarde de su rehabilitación luce como en sus mejores momentos, cuando se constuyó. Y sus nuevos inquilinos lo miman con danzas y música.

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