Zaragoza

entrevista

Fernando Rueda:"Lejarza corre más peligro ahora que cuando se infiltró en ETA"

Fernando Rueda presentó ayer en la FNAC de Zaragoza el libro ‘Yo acuso. 45 años de espía’, las memorias de Mikel Lejarza, alias ‘el Lobo’.

Fernando Rueda, el jueves en Zaragoza.
Fernando Rueda, el jueves en Zaragoza.
Guillermo Mestre

Mikel Lejarza es un agente negro: alguien que trabaja para el servicio secreto pero no está en nómina. No existen, por eso son los mejores, dice el periodista Fernando Rueda, que ha contado su historia en ‘Yo confieso. 45 años de espía’. En este libro relata las memorias de uno de los espías más importantes de España, que ha pasado a la historia por su alias de infiltrado en ETA y que asestó a la banda uno de sus mayores golpes: el Lobo. Lejarza, que vive bajo otro nombre y en la semiclandestinidad, participa en la conversación a través del teléfono.

¿Qué le atrajo de Mikel Lejarza para aceptar escribir sobre él?

Fernando Rueda: Nos conocemos hace tiempo y un día me dijo que había llegado el momento. Ha aguantado 45 años porque tiene claros sus valores. Si no pensara que hace un servicio a su país, si solo fuera por dinero, no lo haría.

Mikel Lejarza: Han pasado 45 años, el tiempo suficiente para que se pueda saber cómo es la vida del agente negro, el que lo da todo. Me desnudo en el libro, hablo de lo bueno, y también de mis meteduras de pata. Quería que quedara la realidad para que mis hijos pudieran verla. Mis hijos han sufrido mucho, y quiero que sepan cuál es la realidad de su padre.

Y usted le convenció para que su esposa, Mamen, contara su visión de estos años como espía.

F. R.: Cuando nos reuníamos para que me relatara su historia, ella se unía al final y contaba cosas, anécdotas. Así que le dije a Mikel que la gente no entendería toda su historia si ella no participaba. Centra el relato. Ella era la tapadera perfecta en algunas de sus misiones.

M. L.: Mi mujer vivió etapas muy difíciles, siempre cambiando de lugar, a veces los niños quedaban sin escolarizar porque estábamos cambiando de vivienda, de país... Una vida muy dura, y si no tienes al lado a una mujer fuerte, es más difícil; yo tuve la suerte de dar con una todavía más dura que yo.

F. R.: Sus hijos pensaban que era comerciante, pero cuando en los 90 le detienen en Barcelona y va a la cárcel, oyen que es un delincuente. El juez que le mete en la cárcel avisa a Mamen de que han descubierto un plan de ETA para secuestrarlos. Y mientras, como Mikel era un agente negro, se olvidan de él, y ella es la que tiene que llamar a sus jefes para decirles: ‘O sacáis a mi marido o cuento todo lo que sé’.

Después de tantos años, habrá a quien no le guste el libro.

M. L.: Cuando eres un agente negro lo más fácil es machacarte. Muchos preferirían que no se hubiera escrito, porque cuando cuentas la realidad de tu vida siempre hay quien queda mal.

¿Sabe que, al haber sido un topo enETA, sigue corriendo peligro aunque la banda ya no exista?

M. L.: Los etarras eran, y son, monstruos, y para saberlo hay que haber convivido con ellos y escuchar lo que decían, auténticas barbaridades. Era terrible, sí, pero si tienes un fin, que es acabar con una organización, solo puedes pensar en seguir adelante y buscar la manera mejor de hacer tu trabajo. El miedo es un lujo, lo tienes que traducir en precaución. Convives con ellos siendo tú mismo, teniendo bien claro en la mente lo que tienes que hacer.

F. R.: El servicio secreto le ha dejado claro que ahora corre más peligro que antes. En 1998, el IRA abandonó la lucha y, cinco años después, se descubrió que uno de sus miembros en realidad trabajaba para el MI5 británico. Lo mataron con una escopeta de caza. ¿Quién fue? Algún resentido. El problema es que ahora matan a Mikel y sería un caso de delincuencia común.

¿Los servicios de inteligencia tratan bien a los agentes? Cuenta en el libro que no mucho...

F. R.: Conozco casos de agentes a los que dejaron tirados, con depresión. La experiencia de Mikel es que este tipo de gente se convierte en un problema. Con él lo intentaron, pero se fue sacando las castañas del fuego.

M. L.: Pero yo sigo luchando, por mi servicio, por mi país, yo doy la vida.

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