Zaragoza

elecciones 26-m

A la sombra de los pinos

Esta semana, con motivo de San Isidro, se celebran decenas de romerías por las que los políticos asomarán sus bigotes. Los vecinos del Arrabal honraron este domingo a su patrón en la ermita de San Gregorio.

El tradicional dance del Rabal, tras la bendición de términos, este domingo por la mañana.
El tradicional dance del Rabal, tras la bendición de términos, este domingo por la mañana.
C. P. B.

"Yo iba de peregrina y me cogiste de la mano...”. Las ‘cassettes’ gozan de una vida imperecedera en las guanteras de los coches. El R-5 arranca a la primera –prodigio de motor– y levanta una inmensa polvareda. María del Monte se escucha cada vez más lejos mientras se disipa la nube de tierra y comienza a adivinarse un coqueto sendero.

No es la feria de abril, ni falta que le hace. Es una de las decenas de romerías que estos días se celebran en Aragón y eso que ni siquiera ha llegado aún San Isidro. En estas citas pseudocampestres –oh, sorpresa– también se dejan ver numerosos candidatos y es que entre matorrales y zarzamoras también se pueden rascar algunos votos.

Tomemos de ejemplo a una protagonista nada sospechosa porque su examen con las urnas ya lo solventó, y con nota, las pasadas elecciones generales. La delegada del Gobierno, Carmen Sánchez, ha sido invitada en las últimas semanas a las romerías de Villarreal de Huerva, de Balconchán, de Santo Toribio y de Used, claro, su patria chica.

Este domingo también tuvo opción de participar en la de las fiestas del Arrabal, con la que se va a la ermita de San Gregorio, en el término de Mirasol, ojo, por mitad del campo de maniobras. Aguerrido escenario para hacer campaña.

Aunque en los últimos años estaba abonada a esta cita, este domingo se echó en falta a Lola Ranera, número 9 en la lista de Pilar Alegría, pero su ausencia se debía a una buena causa: estaba en la carrera de Amac-Gema. “Quería mostrar mi apoyo a las mujeres que atraviesan la enfermedad. Estoy segura de que San Gregorio no me lo tendrá en cuenta porque el viernes fui a la procesión y a la misa”, comentaba la concejal socialista y presidenta del distrito.

Autobuses y agravios

Se dejen ver o no los candidatos, lo que es inevitable es que en los corrillos se hable de política. Unos lamentan que “ya han vuelto a llenar el barrio de carteles electorales” entre árboles y farolas, y otros recuerdan –y eso duele– que ZEC suprimió el servicio de buses que permitían a los mayores alcanzar con más facilidad la ermita. “Dijeron que era un agravio comparativo con otros barrios, pero esta es la única romería urbana que queda en Zaragoza y se lleva haciendo igual desde hace cuatro siglos”, recordaban algunos participantes, mientras desplegaban los clásicos manteles de cuadros y las sillas plegables de playa.

Pocos simpatizantes parecen tener los comunes entre los peregrinos, pero es probable que tampoco los esperen. “Si fuéramos en patinete, otro gallo nos cantaría”, decía una vecina, sube que te subirás la cuesta que lleva a la ermita. Una vez arriba y pasada la misa y los folclorismos varios, el almuerzo parecía la única razón de ser y quintaesencia de esta reunión social. También hay cánticos, sí, porque en la España en la que un astronauta gestiona el ministerio del I+D+i, la tradición no deja de reinvidicarse en las celebraciones populares. Populares o ciudadanas, se entiende...

Mientras se hace la panceta o la rondalla afina cuerdas tocando el himno del Real Zaragoza, entre los bancos sacados de la ermita se sigue hablando de los votos. De que Vox obtuvo en el barrio en las generales 9.443 sufragios (en la circunscripción Actur-Arrabal) o de la aplastante mayoría socialista del distrito de la margen izquierda, donde el PSOE reunió el 34% de los votos.

Todos estos temas combinan, sin solución de continuidad, con lo cuajada que ha quedado la tortilla este año o con el tratamiento antivarices de alguna vecina. Qué realismo mágico ni qué niño muerto. Qué Jarama ni Jaramo de Sánchez Ferlosio… Si uno quiere costumbrismo, incluso electoral, que vaya de romería, y que cante agarrado a una cintura, a la sombra de los pinos.

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