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El antes y después del Rollo tras declararle la guerra a los grafitis

La Asociación de Vecinos La Huerva ha conseguido que una treintena de fachadas luzcan limpias gracias a los servicios de Mapiser, que eliminan las pintadas en cuanto aparecen para evitar que los vándalos las vuelvan a hacer.

La Asociación de Vecinos La Huerva ha conseguido que una treintena de fachadas luzcan limpias gracias a los servicios de Mapiser, que eliminan las pintadas en cuanto aparecen para evitar que los vándalos las vuelvan a hacer.

La imagen que luce hoy el Rollo es muy distinta a la que lucía hace un año. Para alegría de sus vecinos, los grafitis y las pintadas que adornaban muchas de las fachadas de sus edificios han desaparecido y el barrio presenta un mejor aspecto. Detrás de este lavado de cara se encuentra la Asociación de Vecinos La Huerva, que lleva aproximadamente doce meses luchando para erradicar estos actos vandálicos.

“Cuando empezamos, el último domingo de mayo de 2018, eran diez las comunidades que se sumaron a la iniciativa y ahora somos más de treinta. Estamos encantados”, comenta orgulloso Carlos Monge, presidente del colectivo vecinal.

En total, han cambiado de aspecto quince fachadas y locales de la calle Moncasi, cinco de Lozano Monzón, cuatro de Maestro Marquina, tres de Perpetuo Socorro y dos de Vasconia. Esto, sumado a que varias comunidades están arreglando sus fachadas o tienen previsto hacerlo, ha hecho que los paseos por la zona sean más agradables. “Ahora da otra imagen diferente”, señala Monge.

La campaña de limpieza, llevada a cabo por la empresa de inserción social Mapiser, debe su éxito a la teoría de las ventanas rotas, que dice que si en un edificio aparece un cristal roto y no se arregla de inmediato, el resto de cristales serán destrozados pronto por los vándalos. “Si pintan un grafiti a las cuatro de la mañana de un sábado y el lunes a las nueve ya lo han limpiado, seguramente vayan a firmar a otra parte”, apunta.

Se trata, según Monge, de una “labor titánica” en la que la asociación juega un papel fundamental. “Nosotros localizamos la fachada en la que se han hecho los grafitis, contactamos con los residentes para ver quién es el presidente, hacemos fotos a las pintadas, se las pasamos a Mapiser para que hagan el presupuesto, etc.”, explica.

Además, a pesar de los esfuerzos de la asociación por hacer entender a los vecinos que la campaña es en beneficio de todos, en ocasiones se han encontrado con reticencias por parte de algunos residentes. “La gente desconfía por el trabajo, el coste y por si las pintadas vuelven a aparecer, pero lo cierto es que las fachadas que se limpiaron en mayo del año pasado apenas han vuelto a ser vandalizadas”, asegura el presidente.

La campaña ha supuesto también la creación de empleo para Mapiser, la compañía de inserción con la que trabaja el colectivo vecinal. “Somos una empresa sin ánimo de lucro que favorece la empleabilidad de las personas que necesitan una segunda oportunidad laboral”, explica Roberto Oyaga, gerente de Mapiser.

Oyaga reconoce que en los últimos meses ha habido “un repunte” de la actividad grafitera y que eso les ha hecho tener más trabajo, pero asegura que están “encantados” con el resultado de la campaña. “Es muy positiva. En la zona se nota sobremanera”, manifiesta.

La empresa también trabaja en la limpieza de paredes de San Vicente de Paúl y otras calles adyacentes y su intención es seguir expandiéndose por la ciudad. “Intentaremos avanzar por otras zonas del Casco Histórico”, apunta el gerente.

“El barrio es ahora un remanso de paz”

El último año de trabajo de la asociación también ha destacado por sus logros en cuanto al descanso vecinal. El colectivo asegura que sus denuncias han servido para abrir un total de 53 expedientes sancionadores a ocho bares de la zona por un importe de 45.808 euros y para cerrar varios locales que incumplían con la normativa. “Han sido siete cierres, aunque algunos de ellos se han conseguido cerrar más de una vez”, apunta Monge.

Además, su implicación también resultó clave en la sentencia pionera que obligó al propietario de La Enagua a clausurar durante tres meses su local por vender bebidas alcohólicas para consumir en la vía pública.

Ahora, un sábado o un domingo por la mañana puedes ir tranquilamente a tomar un café sin ver coches de policía en los ‘afters’ y sin encontrarte restos de botellón. Es un remanso de paz”, señala este vecino.

A esta mayor concienciación también ha contribuido la campaña que pusieron en marcha algunos bares de la zona hace un par de meses. El Desastre, el Atrio, el Posturas y El último deseo colocaron junto a sus puertas carteles pidiendo silencio para que los ciudadanos respeten el descanso de los vecinos.

Por último, la asociación también recuerda que han logrado que los domingos se riegue la calle Perpetuo Socorro y, entre semana, la calle Vasconia.

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