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Zaragoza

Operación Markhor

Sin sueldo y una comida al día: así trataba una mafia a 4 pakistaníes en Zaragoza

La Policía Nacional ha detenido a ocho personas que formaban una red de explotación laboral. En la capital aragonesa regentaban nueve fruterías, en las que obligaban a trabajar a sus víctimas.  

Intensa actividad en el mercado central de frutas y hortalizas de Mercazaragoza.
Foto de archivo del mercado central de frutas y hortalizas de Mercazaragoza.
Guillermo Mestre

La Policía Nacional ha liberado en Zaragoza a cuatro ciudadanos pakistaníes que estaban siendo explotados laboralmente por una mafia de compatriotas que regentaba nueve fruterías en la capital aragonesa y les obligaba a trabajar jornadas de hasta 16 horas al día. En total se han practicado ocho detenciones, aunque la operación policial, que se ha denominado Markhor, sigue abierta y no se descartan más arrestos.

Según informó este sábado la Jefatura Superior de Policía de Aragón, hace casi un año que los investigadores seguían la pista de esta red, después de que varios fruteros zaragozanos denunciaran que tenían noticia de que un negocio pakistaní de venta de fruta al por menor tenía un empleado en situación irregular. Junto a la Inspección de Trabajo y Seguridad Social se abrió entonces un expediente, que culminó con dos detenciones y sanciones de más de 10.000 euros.

El cierre de la infracción laboral, sin embargo, no provocó el cese de las pesquisas policiales, que en una segunda fase de la operación, consiguieron demostrar que varios ciudadanos pakistaníes estaban siendo utilizados para descargar camiones de fruta de madrugada en Mercazaragoza. Ninguno estaba dado de alta ni residía de forma regular en España.

La investigación de la Policía Nacional pudo determinar que las víctimas habían sido captadas en su país de origen bajo las falsas promesas de conseguir un permiso de residencia y un trabajo. Era la propia mafia quien les traía desde Pakistán hasta la península ibérica, un viaje que en parte realizaban a pie, utilizando fronteras no habilitadas para no llamar la atención de las autoridades migratorias. Por este trayecto contraían una supuesta deuda individual de hasta 8.000 euros.

Una vez en España, los ciudadanos pakistaníes eran alojados en dos pisos que la organización tenía en Zaragoza, donde les obligaban a vivir en condiciones precarias: debían compartir un mismo camastro y les daban solo una comida diaria.

Según señalaron fuentes oficiales, los responsables de la red tenían a sus víctimas permanentemente controladas para evitar que denunciaran su penosa situación y, además, les sometían a continuas agresiones, amenazas y coacciones.

Los ahora arrestados les trasladaban de madrugada desde el piso hasta Mercazaragoza, donde iniciaban su jornada laboral a las 4.20 descargando camiones, y una vez culminada esta tarea, les llevaban a los establecimientos de la organización, donde trabajaban hasta las 21.00. Después, les devolvían de nuevo al inmueble en el que vivían hacinados. Estos empleados no tenían ni sueldo ni contrato, y tampoco días de descanso o vacaciones, según la Policía.

Competencia desleal

Según detallaron desde la Jefatura Superior, con estas prácticas los empresarios pakistaníes que lideraban la mafia lograban un margen mayor de ganancias en la venta de fruta, ya que se ahorraban costes en personal y Seguridad Social, y podían ofrecer precios más bajos. Esto supone una competencia desleal a otras fruterías que sí respetan los derechos de sus trabajadores y están al día en los pagos de cuotas.

El principal investigado en la Operación Markhor fue detenido el pasado martes, tras regresar de su país natal, donde había permanecido durante todo el desarrollo del operativo policial. Tres de los ocho detenidos pertenecen a la misma familia, de acuerdo con fuentes oficiales. La mayoría están siendo investigados por delitos de trata de seres humanos y contra los derechos de los trabajadores y dos de ellos, por infracciones a la Ley de Extranjería. Además, la Inspección de Trabajo ya les ha impuesto sanciones superiores a los 40.000 euros a las nueve fruterías.

Una vez en España, fueron conducidos por miembros de la organización, los encargados de explotarles, hasta Zaragoza, donde eran empadronados y alojados en dos pisos de la misma organización, donde incluso debían compartir un mismo camastro.

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