Zaragoza

semana santa

Perfecta comunión de imágenes y tambores

Siete cofradías recorrieron las calles con numeroso público. Retumbaron los bombos de la Piedad, el Huerto salió con todos su pasos y la procesión de las Lágrimas causó gran impresión. 

Lo de este martes puede considerarse un espejismo, pero la jornada fue propicia. Tras la lluvia del Lunes Santo y con los chaparrones que anuncian a partir de esta tarde, las nubes dieron el martes un pequeño respiro a los cofrades y siete cofradías pudieron pisar las calles sin contratiempos y fueron recibidas por numeroso -y ansioso- público.

Uno de los actos más emotivos de la Semana Santa zaragozana es la entrega del Cristo del Santo Refugio a la cofradía de la Piedad. Las calles aledañas a la Hermandad del Refugio lucían llenas de cofrades, curiosos y algunos turistas desde media hora antes de que saliera el Cristo. Allí esperaban incondicionales de esta tradición, como Israel Buey, uno de los jóvenes que maneja con creatividad sus horarios para poder acudir al máximo número de procesiones posible. "Siempre me han gustado, es por la emoción", explicó, añadiendo que su asistencia es algo que "va más allá del hecho religioso".

También estaban allí cofrades preparándose para la marcha, como Ángel Arévalo, que lleva acudiendo a esta cita "desde los 6 años". "La procesión ha cambiado mucho, ahora es más grande, pero nunca me podría ir de ella", dijo. Las cornetas y el olor a incienso avisaron al filo de las 20.00 de que la salida del Cristo era inminente. Pronto cesaron las charlas entre los asistentes y dejaron paso al silencio. Tras las dos llamadas a la puerta de la Hermandad realizadas por el hermano mayor de la cofradía de la Piedad, José Manuel Etayo, el paso se asomó a la calle. Santiago Sánchez, responsable del Refugio, se dirigió entonces a los presentes para recordarles que "vivimos en un mundo en el que el dolor del otro no nos afecta". Etayo, por su parte, pidió rogar a Dios que tenga "piedad de este mundo desbordado" de violencia, dolor y terrorismo, entre otros.

Siete cofradías recorrieron las calles con numeroso público. Retumbaron los bombos de la Piedad, el Huerto salió con todos su pasos y la procesión de las Lágrimas causó gran impresión.

Con una lluvia de pétalos de rosas, el Cristo salió del Refugio para ser transportado lentamente a la peana al ritmo de dos bombos atronadores. Cuando lo subieron para colocarlo sobre ella, aún cayeron algunos de los pétalos que se habían quedado en el crucifijo. El anclaje se realizó en absoluto silencio, roto solo por las leves sonrisas cómplices de los asistentes ante un pequeño cofrade que quería irse y otro que le animaba a quedarse porque se lo iba "a pasar muy bien".

Finalmente, los tambores anunciaron la marcha de la peana del Crucificado hacia la iglesia de Santa Isabel, donde la talla del siglo XVII ya reposa, antes de volver a pisar las calles el viernes en el Santo Entierro junto a la Piedad de Palao.

De jotas y lágrimas

Otra cita multitudinaria e ineludible en Martes Santo es la procesión de las Lágrimas, que muchos espectadores siguen desde su inicio en el patio del colegio del Salvador. Los hermanos del Descendimiento les obsequiaron con jotas y predicaciones y -como es costumbre- pasaron en riguroso silencio por delante del hospital Miguel Servet, brindando así su solidaridad a los enfermos. A pesar de que durante buena parte del recorrido el Descendimiento tiene que convivir con el tranvía, la procesión se engrandece en las grandes avenidas y va ganando seguidores en zonas como Gran Vía, los alrededores de León XIII y junto al pórtico de Santa Engracia.

La Oración del Huerto, por su parte, completó anoche su procesión titular con todos sus pasos y un gran estruendo. Es emocionante ver su salida del Portillo, envuelta por la bruma de los incensarios, si bien los espectadores que acompañan al Huerto disfrutan también de otras estampas de singular belleza como las que se brindan frente a las fachadas de los Escolapios, en Conde de Aranda, y un poco más abajo, frente a la Audiencia. El instante en el que a la Virgen de la Confortación, a su paso por la calle de Alfonso I, le llueven pétalos de rosa es una escena para enmarcar.

Por su parte, los hermanos del Cristo Despojado volvieron el martes a salir y cerrar desde su sede de San Juan de los Panetes, después de que en años anteriores las obras del Mercado Central trastocaran sus procesiones. Destacan los expertos que su peana de la Cruz se va engalanando año tras año -este 2019 ha incorporado un llamador- y anoche pudo verse una imagen inédita gracias a su paso por la zona alta de la calle de Santiago (la trasera de la Delegación del Gobierno), donde habitualmente no se dejan ver ni pasos ni peanas.

¿Más protagonistas? A la espera de su gran salida de Jueves Santo, la Eucaristía completó anoche un viacrucis por la avenida de Goya. Los hermanos sacaron de la parroquia del Perpetuo Socorro a su Crucificado, transportado a hombros de los cofrades, en una procesión en la que brilló la luz de las velas, pues son cientos los hermanos de túnicas blancas que, de forma ceremoniosa y entre tambores, desfilan con esta intimista iluminación.

La jornada de Martes Santo se completó con dos viacrucis. El de la Verónica, que sorprendió a no pocos viandantes en torno a la puerta del Carmen, y el de la Crucifixión, por el barrio de Jesús. Uno de los momentos más destacados de este último es cuando los hermanos con sus capuchas propias del hábito franciscano cruzan en silencio por el puente de Piedra. Por su parte, los fieles de la Verónica celebran especialmente la estación en la iglesia de Santiago, donde se saludan con los cofrades de la Columna.

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