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Zaragoza

gestación subrogada

La "desesperante" situación de dos parejas zaragozanas que recurrieron a la gestación subrogada en Ucrania

Rebeca, Ramón, Susana y Alejandro acaban de convertirse en padres gracias a una mujer gestante y ahora esperarán durante tres meses a que los bebés obtengan el pasaporte ucraniano para regresar a España. 

Concentración de las familias españolas este lunes frente a consulado español en Ucrania.
Concentración de las familias españolas este lunes frente al consulado español en Ucrania.
R.

Rebeca, Ramón, Susana y Alejandro acaban de convertirse, respectivamente, en padres de Óscar y Lucas. Lejos de ser unos padres primerizos al uso, estas dos familias han podido hacer realidad su sueño -tener un hijo- siguiendo un proceso de gestación subrogada, gracias a una mujer gestante que, según Rebeca, les "ha cambiado la vida". Los motivos para elegir esta opción son variados pero, en este caso, las historias de las dos parejas, naturales de Zaragoza, siguen ciertas similitudes. Rebeca y Susana han atravesado diferentes enfermedades que ahora les impiden engendrar a un bebé y, aunque ambas contemplaron la opción de adoptar, no pudieron llevarlo a cabo. "Si hacemos esto es porque no nos queda otra alternativa, y lo volvería a hacer mil veces más, todo merece la pena con tal de verle la cara a mi hijo", asegura emocionada Susana.

La gestación subrogada, proceso por el cual una mujer da a luz al hijo de otra persona - normalmente a cambio de una contraprestación económica-, es ilegal en España pero legal en algunos estados de Estados Unidos y en países como Canadá, Rusia o Ucrania, entre otros. Este último fue el lugar escogido por las dos parejas de la capital aragonesa. Lo más habitual, aunque no el único formato, es que la mujer gestante no aporte ningún material genético, sino que le sean implantados directamente los embriones.

Esta técnica de reproducción asistida viene desde hace tiempo siendo objeto de debate y enfrenta posturas entre los que la consideran una forma de mercantilización del cuerpo de la mujer e, incluso, una compraventa de bebés, y quienes mantienen que es una elección que debe entenderse dentro de la libertad individual.

Recientemente, el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, propuso su regulación, catapultando la polémica a la esfera pública. Otros partidos, especialmente el PSOE, se opusieron de manera contundente. Tras esto, el Gobierno de España adoptó, el pasado mes de febrero, una nueva resolución por la que dejaba de permitir la inscripción en el Registro Civil de los bebés nacidos por este método. Hasta entonces, estos niños adquirían la nacionalidad gracias a una prueba de afiliación al padre biológico que les permitía viajar a España como ciudadanos de pleno derecho. Esto era así porque nuestro país solo reconoce como madre a quien da a luz, independientemente de quién haya aportado la carga genética, por lo que la mujer debía iniciar un proceso de adopción como hijo de su cónyuge. No obstante, y mediante una medida extraordinaria, 39 familias que ya habían comenzado los trámites de inscripción para sus bebés -y entre las que también se encontraba una pareja zaragozana- fueron las últimas en obtener el salvoconducto.

Aún así, en el momento en que se adoptó esta resolución muchos embarazos ya estaban en curso, como los de Óscar y Lucas. Por eso Rebeca critica que "el Gobierno haya hecho una instrucción sin pensar en los bebés que ya estaban de camino". Pide, por ello, que se aplique el artículo 29 del Código Civil que reza que "el concebido se tiene por nacido a todos los efectos que le sean favorables". La zaragozana asegura, asimismo, que algunos de estos recién nacidos necesitan asistencia médica, un servicio al que no tienen acceso debido a que actualmente se encuentran "en un limbo legal, ya que el niño no es ucraniano pero tampoco es español".

La única opción que tienen ahora estas familias es optar por la 'vía ucraniana', es decir, tendrán que nacionalizar a los bebés en el país eslavo, obtener el pasaporte, y, después, regresar a España. Este proceso se demora aproximadamente tres meses, por lo que denuncian estar "atrapados" en Ucrania. Una vez de vuelta, tendrán que realizar los trámites correspondientes para finalmente inscribir al niño como español. 

Según explica Marcos Jornet, presidente de la asociación Son Nuestros Hijos, aunque no es necesario que el niño sea español para que el padre -y posteriormente la madre, tras la adopción-, pueda disfrutar de la correspondiente baja por maternidad, su nacionalidad ucraniana dificulta "todavía más" este proceso que ya acostumbra a pasar por los tribunales. Mientras tanto, Rebeca y Ramón tienen la suerte de haber podido pedir una excedencia en sus respectivos empleos y, aunque sin cobrar, podrán retornar a ellos a su vuelta. Otras parejas, cuenta la zaragozana, no son tan afortunadas y "han tenido que abandonar el puesto de trabajo porque sus empresas no les daban permisos tan largos".

La asociación Son Nuestros Hijos, cuenta Jornet, está en contacto con numerosas familias que se encuentran inmersas en alguna etapa de este largo proceso que es la gestación subrogada. Ahora mismo, relata, hay dos bebés en Ucrania que necesitan asistencia médica y desde la asociación han puesto en contacto a sus familias con expertos neonatólogos para, si surge algún problema, pedir que los trámites se agilicen. 

Actualmente son alrededor de 30 las familias españolas que permanecen en Kiev con sus bebés, a la espera de obtener toda la documentación necesaria para poder abandonar el país. No obstante, no están conformes con la decisión del Gobierno y se están organizando para alzar la voz y pedir un cambio en la legislación. Para ello, una de las acciones que han llevado a cabo es la realización de un vídeo en el que critican, sobre todo, a la ministra Dolores Delgado, que fue quien se encargó “personalmente” de detener los registros. La titular de Justicia ha alegado en varias ocasiones que en la gestación subrogada “se negocia con un cuerpo y un vientre”. Ante esto, las familias mantienen que “los derechos fundamentales de un menor no pueden depender de la arbitrariedad de una sola persona” y que los bebés están sufriendo una “indefensión legal y sanitaria”. Piden el “pasaporte español ya”, además de que se derogue la orden que pone trabas a la inscripción de sus hijos en los registros civiles y que se acaten las sentencias que ha dictado al respecto el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Asimismo, una treintena de personas con la misma solicitud se concentraron el pasado domingo, 7 de abril, frente al Ministerio de Justicia.

Rebeca asegura, en conversación con HERALDO, que las observaciones de Delgado están muy lejos de la realidad, y califica a aquella que ha gestado a su hijo como “la mujer más maravillosa del mundo”. La zaragozana mantiene que la relación con ella siempre fue muy cercana y que esperan seguir en contacto “porque es parte de nuestra familia y gracias a ella vino al mundo Óscar”.

“Mi gestante me dijo nada más conocerme por Skype que sabía lo que era no poder tener hijos, ya que su marido no podía tenerlos, y que querían ayudar a formar una familia. Cuando nació Óscar me escribió y me dijo: ‘tu sueño ya está aquí, sonríe’”, recuerda una emocionada Rebeca.

La gestación subrogada en Ucrania suele costar, según la zaragozana, una media de 50.000 euros, mientras que en otros países como Estados Unidos o Canadá el precio es significativamente más elevado. Esta diferencia radica, principalmente, en el coste de servicios como la sanidad -privada en este caso- o los salarios de los abogados.

Además, en estos países tampoco están surgiendo los problemas que sí aparecen en Ucrania. Esto se debe, según explica Marcos Jornet, a que cada país tiene una legislación diferente y concreta respecto a esta técnica de reproducción. Actualmente, existen dos maneras para inscribir a un bebé nacido así en el Registro Civil consular: mediante la inscripción como filiación extramatrimonial, lo que hasta ahora se venía haciendo en Ucrania y en otros países como México, India, Tailandia, Rusia o Georgia, y la inscripción mediante sentencia judicial, proceso que se sigue en EE. UU. y Canadá. Así, el niño se inscribe como español directamente a nombre de los padres intencionales que figuren en la sentencia.

“Mi ilusión de ser madre pasó a un segundo plano, solo pensaba en sobrevivir”

Los dos matrimonios aragoneses han querido contar sus respectivas historias para que se comprenda cuál ha sido el camino que les ha llevado a escoger la opción de la gestación subrogada. Rebeca y Ramón, los padres de Óscar, tienen 38 y 43 años y residen en el barrio zaragozano de Valdespartera. Ellos tomaron la decisión de tener un hijo hace cinco años y, hace tres, a ella le diagnosticaron un cáncer de endometrio. Aunque fue detectado a tiempo, precisamente gracias a que acudió a hacerse pruebas por no lograr quedarse embarazada, tuvo que someterse a una histerectomía radical: le fue extirpado el útero, pero pudo mantener unos ovarios sanos.

Fue entonces cuando las prioridades de la pareja dieron un vuelco: “Mi ilusión de ser madre pasó a un segundo plano, solo pensaba en sobrevivir, en no morir en aquel momento”, relata Rebeca.

Tras superar la enfermedad, el matrimonio retomó la búsqueda de descendencia. Tras informarse vieron que su “única opción” era la gestación subrogada. No obstante, explica Rebeca, “antes de comenzar este proceso nos planteamos la adopción, pero nos dijeron que habiendo pasado por un cáncer no era apta para ello”. Según cuenta, es necesario que transcurran cinco años para que las personas que hayan sido pacientes de cáncer puedan comenzar los trámites de una adopción.

Ahora, Rebeca y Ramón están viviendo “un sueño precioso”, pero el proceso para alcanzarlo ha estado plagado de dificultades: “Ojalá hubiese podido gestar a mi niño y sentirlo”, asegura Rebeca. “Mucha gente dice que no queremos cicatrices y que hacemos niños a medida y barbaridades, yo ya tengo mi cicatriz desde hace mucho tiempo”, sentencia.

“Son hijos de españoles, les guste o no”

Susana, por su parte, tiene 31 años y no ha podido viajar a Kiev a conocer a Lucas, que vino al mundo el pasado 18 de marzo. Hasta la capital ucraniana viajaron, no obstante, su marido Alejandro, de 32 años, y su suegra, y ambos se encuentran ahora cuidando del pequeño. Susana ha tenido que permanecer en Zaragoza debido a la enfermedad que padece: la xerodermia pigmentosa.

Esta es una rara afección que suele afectar a una de cada 250.000 personas y que se caracteriza por una tendencia a desarrollar melanomas como consecuencia de la exposición solar. Hace dos años Susana fue también diagnosticada de cáncer y, justo antes de partir hacia Ucrania en busca del pequeño, se sometió a un reconocimiento médico que demostró que la enfermedad se había vuelto a despertar. Ahora está recién operada y no le ha quedado más remedio que quedarse en España, cuenta afligida a través del teléfono.

Visiblemente afectada, Susana asegura que “no hacemos esto porque nos dé la gana” y los políticos deben aceptar que estos bebés “son hijos de españoles, les guste o no”. La joven zaragozana recalca que “deseaba ser madre con toda mi alma”, y, aunque califica su situación como “desesperante”, se muestra especialmente firme al asegurar que “lo volvería a hacer mil veces más”.

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