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La basura crece junto a los árboles singulares del Parque Bruil  

La acumulación de desperdicios junto a los bancos y los alcorques así como el estado del arbolado son las cuestiones que más preocupan a quienes pasean a diario por la zona.

La basura crece junto a los árboles singulares del parque Bruil.
La basura crece junto a los árboles singulares del parque Bruil.
Leyre Ruiz

Con sus más de 30.000 metros cuadrados, el Parque Bruil de Zaragoza es unas de las zonas verdes más grandes del Casco Histórico y de la ciudad. En sus jardines, situados junto al cauce del Huerva y por los que a diario pasean cientos de zaragozanos, se pueden encontrar importantes elementos naturales como un almez centenario reconvertido en una escultura o una encina catalogada como árbol singular cuya copa tiene varios metros de diámetro. Aunque dando una vuelta por el parque también se pueden encontrar objetos mucho menos naturales y bastante más dañinos para el medioambiente, como latas, botellas, cartones de vino y bolsas de plástico. Los vecinos, cansados de la “mala imagen” que causan los desperdicios, reclaman una limpieza más exhaustiva de las zonas verdes y más cuidados para el arbolado.

Según Ismael Prado, miembro de la Asociación de Vecinos Parque Bruil-San Agustín, la principal carencia del parque es la falta de limpieza, que se debe a una causa “muy particular”. “Por su cercanía con el albergue, muchas de las personas que esperan para ir a comer allí vienen aquí a pasar el rato y beber. Suelen dejar sus latas y botellas y no son precisamente un modelo de comportamiento”, lamenta Prado.

Los residuos se acumulan debajo de los bancos y alrededor de los árboles, a pocos metros de las zonas infantiles. No obstante, la zona más sucia es el andador elevado que hay en el centro del parque. Algunos residentes del barrio, hartos de ver que la limpieza no es suficiente, se ocupan ellos mismos de retirar la basura. Es el caso de Pilar Carlos, que acude a diario al parque con sus perros y sus hijas. “Cuando salgo a pasear con las pequeñas voy quitando plásticos, redes y todo lo que puede hacer daño a los animalitos, sobre todo las anillas de las latas. Me las llevo a casa, las corto y las echo en los contenedores de plástico”, asegura.

Prado también considera que otro de los aspectos a mejorar en el Parque Bruil es el del césped, que en muchas zonas ha dejado de crecer. “Hay mucho terreno sin hierba debido al clima de Zaragoza y a que no se hacen plantaciones en condiciones”, apunta Prado. El miembro del colectivo vecinal señala que las zonas verdes son utilizadas por muchos ciudadanos para pasear a sus mascotas, y que cuando estas escarban en el terreno hacen un flaco favor al maltrecho césped. Reconocen que el problema de los excrementos sigue existiendo, aunque de un tiempo a esta parte los dueños han modificado su comportamiento. “Cada vez hay más gente concienciada, aunque siempre hay quien no los recoge”, señala.

Pese a las carencias que los vecinos señalan, no todo es negativo en el Parque Bruil. La famosa terraza de la entrada de la calle Asalto está siendo reformada y los transeúntes esperan poder volver a disfrutar de ellal este verano. “Era un bar que tenía mucho éxito. El edificio quedó obsoleto y se cerró, pero hemos conseguido que lo acondicionen”, explica Prado. Su modernización es fruto de la presión de los residentes de la zona, que hace unos meses convocaron una concentración para pedir su reapertura. Además de ser un lugar de encuentro, Pardo cree que el quiosco configura un elemento de seguridad para quienes transitan por el parque sintiéndose inseguros.

Una jornada para concienciar sobre la importancia del arbolado

El arbolado del parque es otra de las cuestiones que preocupa a las asociaciones de vecinos. Denuncian que en la última década ha habido numerosos ejemplares que, bien por las tormentas o por su edad, han ido muriendo sin que fueran repuestos. Por este motivo, la Coordinadora Vivimos Parque Bruil –integrada por colectivos ecologistas, la AVV Parque Bruil-San Agustín y la AVV de la Magdalena Calle y Libertad- organizó el sábado pasado una jornada de plantación con fines educativos. “El objetivo es que los más pequeños participen y se conciencien del cuidado del parque”, explica Eva Sastrón, miembro de la plataforma. Durante la jornada también se elaboraron comederos para pájaros con materiales reciclados y se repartieron tarjetas con la fauna y la flora que alberga la zona verde.

La labor de la Coordinadora ha permitido, según Sastrón, que los árboles singulares del parque reciban los cuidados más adecuados y que sufran el menor daño posible. “Cuando nos enteramos de que iban a podar la encina contactamos con el Ayuntamiento para intentar que no se dañara. Sabemos que son ramas muy grandes y que para los técnicos lo prioritario es evitar riesgos. Pero, finalmente, en lugar de cortarse, se apuntalaron”, añade. Este tipo de gestos son señal de que “empieza a haber un cambio de conciencia” desde las administraciones, pero desde la Coordinadora lamentan que no es suficiente. “Entendemos que si se valorara más el tema del arbolado las partidas que hay destinadas para ello serían más altas. Hay que empezar a ver los árboles más allá de su función ornamental, como elementos vivos que nos aportan salud física y mental”, concluyen.

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