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Pignatelli recupera sus depósitos para la ciudad

El Ayuntamiento reabre este conjunto arquitectónico de 1876 con visitas teatralizadas a la espera de dotar al recinto de contenido cultural.

«En la vida hay que estudiar mucho, gracias a eso construí la que fue mi mayor obra, ¡el Canal Imperial!». Sí, el que hablaba era el mismísimo Ramón Pignatelli, que ataviado con traje de época –de la suya, claro– fue el encargado de reabrir los depósitos de agua que llevan su nombre tras años de cierre y ostracismo. El Ayuntamiento ha rehabilitado este conjunto arquitectónico, obra de 1876 del arquitecto municipal Ricardo Magdalena, y este domingo estrenó las visitas guiadas y teatralizadas que cada fin de semana van a permitir a los ciudadanos descubrir este rincón oculto de la ciudad, a la espera de un proyecto cultural que le dé contenido.

Junto al ilustre político del siglo XIX, que arrancó más de una carcajada entre los treinta privilegiados que cruzaron por primera vez la puerta de los depósitos, la guía Asun Urgel condujo el recorrido por el interior de los 565 metros cuadrados que el Consistorio ha recuperado de una infraestructura que contaba en origen con 1.500. «Este conjunto nos transporta a una época de transformación y cambio de Zaragoza», relataba.

«Este conjunto nos transporta a una época de transformación y cambio de Zaragoza»

Los depósitos de Pignatelli modernizaron el sistema de abastecimiento de agua. Su emplazamiento responde a la cercanía con el Canal Imperial, pero también se tuvo en cuenta la estabilidad del terreno y el desnivel con el resto de la ciudad, lo que «permitía que la presión de distribución llegará a todos los lugares», explicaba la guía. «Bajaba por el camino de Torrero (actual paseo de Sagasta) hasta el puente del Huerva –continuaba la explicación–, que entonces estaba en la plaza de Paraíso, y luego discurría bajo tierra hasta la fuente de la Princesa», que daba servicio en la plaza de España y que ahora descansa en el parque Grande con uso ornamental.

Ya en el siglo XX, con la mejora de la red de suministro, los depósitos fueron perdiendo protagonismo, especialmente con la puesta en marcha de los de Casablanca. Finalmente se clausuraron, y tan solo en momentos puntuales de los años 80 y 90 se reabrieron para utilizar sus amplias dependencias como centro cultural, principalmente expositivo.

Sin embargo, dada la precariedad de la reforma ejecutada entonces para reabrir –no contaba con medidas de seguridad–, el Consistorio cerró el espacio. Varios proyectos se pusieron encima de la mesa décadas después para devolverle la vida a los depósitos, como un museo de los Bomberos, pero ninguno cuajó. Ahora, Zaragora recupera un recinto con historia y muchas posibilidades.

Totalmente accesible

El Ayuntamiento Zaragoza ha acondicionado las dos salas principales donde se almacenaba el agua –una entera y la otra, parcialmente–, se han habilitado entradas accesibles para personas con movilidad reducida y se han instalado baños y todos los sistemas de mantenimiento. En total, las obras han supuesto una inversión de 712.744 euros. La intención del gobierno municipal es dotar de contenido cultural el recinto.

De momento el proyecto no llega a tiempo antes de la cita con las urnas, pero el Consistorio trabaja hasta la fecha en propuestas vinculadas «a la infancia, a la creación artística y a criterios medioambientales y de educación ambiental», según destacó el concejal de Cultura, Fernando Rivarés, que participó en la reapertura pese a que la ley electoral impide a los cargos públicos cualquier acto de inauguración.

«No tenía ni idea de qué era esto y lo tengo al lado de casa»

«Me ha parecido súper interesante. No tenía ni idea de qué era esto y lo tengo al lado de casa», reconocía Juan Manuel Esteban a la salida de la primera visita teatralizada a los depósitos de Pignatelli, a la que acudió con buena parte de su familia, residentes en el vecino paseo de Cuéllar. Por su edad (28 años), no presenció el repunte cultural que este conjunto arquitectónico tuvo en los años 80, hasta que se clausuró por motivos de seguridad. Pero otros participantes sí lo tenían en la memoria. «Sentía curiosidad por ver cómo habían quedado después de tantos años», comentaba durante la visita Carlos Peralta, que acudió acompañado de su mujer.

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La entrada a los depósitos se ha habilitado por el parque Pignatelli
José Miguel Marco

Mientras se elabora un proyecto que le dé un contenido cultural al recinto, los zaragozanos pueden visitar el estado de los depósitos y, sobre todo, conocer su historia. Para ello, el Ayuntamiento ha programado visitas guiadas con entrada libre para todos los sábados, en los que habrá cuatro pases: 11.00, 11.45, 12.30 y 13.15. Los interesados deben reservar previamente en cualquier oficina de turismo de la ciudad de lunes a viernes.

Además, los domingos hay visitas dinamizada por un actor que da vida a Ramón Pignatelli y con los mismos horarios. En este caso, el precio de la entrada es de 2 euros aunque hay descuentos para familias numerosas, estudiantes y personas con discapacidad, y es gratis para menores de 8 años y mayores de 65. Las entradas también se pueden adquirir en la web de Turismo.

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