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Zaragoza

Casa Redondo: cuatro generaciones y casi un siglo vendiendo paraguas y abanicos en el corazón de Zaragoza

El establecimiento zaragozano, fundado en 1922, permanece abierto en el mismo local desde 1949, ubicado en el número 8 de la calle Jerónimo Blancas.

Casa Redondo: cuatro generaciones y casi un siglo vendiendo paraguas y abanicos en el corazón de Zaragoza
Casa Redondo: cuatro generaciones y casi un siglo vendiendo paraguas y abanicos en el corazón de Zaragoza
C. I.

Al acceder al comercio zaragozano de ‘Víctor Redondo’, el peso de su propia historia recae sobre el visitante capaz de apreciar la autenticidad el espacio en el que se ubica. El elegante establecimiento mantiene aún hoy gran parte de su mobiliaro original y los suelos de hace 70 años, algo que lo convierte en un espacio único en la ciudad. El comercio, originalmente conocido con el nombre de su fundador, Víctor Redondo, comenzó su andadura en forma de taller de fabricación y reparación de paraguas en 1922. No sería hasta 1949 cuando se trasladarían hasta su ubicación actual, sita en el número 8 de la calle Jerónimo Blancas, en pleno corazón de la ciudad.

En su interior, tradición y modernidad se abrazan en un mismo espacio, en el que encontramos las herramientas pertenecientes a sus fundadores, ubicadas en el taller de reparación original, y el ordenador Mac o el datafono de las integrantes de la cuarta generación que hoy luchan contra viento y marea por mantener abierto un negocio que defiende, a capa y espada, el concepto de comercio “de toda la vida”. Se trata de María (39), Patricia (33) y Marta (28), actuales propietarias de la conocida por muchos como Casa Redondo.

“Para nosotras este lugar es como nuestra segunda casa, nos hemos criado aquí, casi hemos dado nuestros primeros pasos y hemos pasado cientos de horas”, reconoce Patricia. “Según mi marido es la primera, ya que cuando no estás aquí, tienes la cabeza en la tienda”, bromea María. En 1948, entraría la segunda generación de la familia, con Víctor Redondo (hijo) y su mujer, Carmen Veintemillas, quienes regentarían el negocio hasta 1981, año en el que entraría la tercera generación, con Víctor Redondo (nieto) y su esposa, Pilar Briz.

“La tienda ha evolucionado mucho en cuanto a la venta de productos. Comenzaron con paraguas, no solo con reparación sino con fabricación propia. Me hago de cruces cuando pienso en el poco espacio que tenían”, señala María haciendo referencia al reducido emplazamiento destinado al taller que aún hoy, ubicado al final de un estrecho pasillo en forma de ‘L’ en el que, a sus lados, se apilan sombreros, guantes y una gran cantidad de libros, mantiene la mesa de trabajo y las herramientas originarias. Este espacio ha estado operativo hasta hace apenas 5 años. “Nosotras ya no hemos llegado a reparar porque el mercado ha cambiado mucho y hoy es más fácil comprar uno nuevo que repáralo”, indican.

A lo largo de su historia se han ido introduciendo nuevos productos, como muñecas, bastones y abanicos –de la mano de la segunda generación- y pañuelos, sombreros y guantes –con la tercera-. Ya en 2017 las tres integrantes de la cuarta generación de la familia Redondo, incorporarían el nombre de su marca personal, ‘Falenas’, dedicada al diseño de moda, bolsos y joya, y otro tipo de complementos. Así nacería lo que hoy se conoce como ‘Redondo & Falenas’.

La mayoría de sus productos proceden de países como Alemania, Francia, Italia y otras partes de España. En su tienda podemos encontrar desde un par de guantes por 15 euros o un abanico por 16, hasta bastones con acabado en plata que pueden alcanzar los 300 euros o abanicos de coleccionista por 500. “Están realizados en maderas nobles y pintados a mano por artesanos de renombre como Monterde, de Valencia. Son auténticas obras de arte”, reivindica Patricia, que muestra algunos de los modelos que ella misma ha pintado.

“Cada una de nosotras ha estudiado una cosa, yo corte y confección, Patricia diseño gráfico e ilustración y Marta diseño de joya. Sabía que la suma de las tres podía ser muy interesante así que se lo propuse, y aquí estamos” explica María. En cuanto al nombre, aseguran que se trata de un homenaje a su padre: “’Falena’ es el nombre científico que reciben las mariposas nocturnas y nuestro padre es un gran amante de la entomología”.

“Cuando el tiempo lo permite diseñamos nuestras propias piezas, pero es complicado”, reconoce. “Antes se valoraban mucho más estos productos, sus acabados, la calidad y el diseño. Hoy la gente prefiere un abanico de 5 euros”, critican. Sin embargo, aseguran que tienen claro su objetivo: preservar la tradición y la herencia familiar. “Realmente queremos conservar eso ya que sigue habiendo un público que busca este producto especializado”, indican.

“Nuestro producto hay que tocarlo”

Pero ¿y qué ocurre con internet? “Aquí puedes encontrar piezas que no vas a encontrar en ningún otro sitio. Defendemos la venta cara a cara. Nuestro producto hay que verlo, tocarlo y explicarlo. Queremos que el cliente sepa lo que está comprando manteniendo un trato más cercano, como el de toda la vida”, reivindican.

En cuanto a la presión de sentir el peso de tres generaciones en un comercio que roza ya su 100 aniversario, aseguran que, en su caso, nunca se sintieron forzadas a seguir con la saga familiar: “Simplemente surgió de forma natural, nuestros padres nunca nos han presionado nada. Al contrario, siempre nos dijeron que eligiésemos lo que verdaderamente nos gustara”. “Es muy complicado y mucho trabajo, pero compensa”, especifican.

En cuanto al futuro, María asegura que sus dos hijas ya apuntan maneras. “A veces, la mayor bromea con que es la jefa del negocio”, afirma. “Nos daría mucha pena que desapareciera porque es como si lo hiciera parte de la historia de la ciudad, pero harán lo que ellas quieran”, concluye.

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