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Salud

Diez años formando payasos de hospital en Zaragoza

La Asociación Clowntagiosos ha formado a más de 200 payasos desde su fundación en 2008.


La Asociación zaragozana Clowntagiosos nació hace una década en la Facultad de Medicina de la Universidad de Zaragoza como un proyecto final de carrera de un grupo de estudiantes. ¿Su objetivo? Llevar felicidad y, sobre todo, muchas risas a quienes tienen que pasar una temporada en un hospital, así como a sus seres queridos y a los trabajadores de cada centro. Sin embargo, lo que empezó como un proyecto 100% universitario pronto se abriría a la ciudadanía para tratar de darle continuidad.

Hoy, una década después de su fundación, más de 200 personas han pasado por su Escuela de Payasos de hospital, aquella que otorga el carnet y la nariz roja oficial para acceder a los hospitales zaragozanos a llevar magia y alegría.

Su formación, que tiene tres meses de duración, a razón de dos días a la semana –martes y jueves- durante dos horas al día –de 18.00 a 20.00- se desarrolla en su sede actual, sita en la calle Melilla número 38 del zaragozano barrio de San José. “Cada semana damos una formación básica de clown durante la cual trabajamos para perder la vergüenza y tratamos de dar forma a ese personaje que creamos cuando nos colocamos la nariz”, explica Ana Colás, presidenta de Clowntagiosos y profesora junto a Javier Quílez, del curso.

“Además, de forma puntual los alumnos reciben clases magistrales temáticas de globoflexia, magia, y de equipos de enfermería que vienen a explicarnos cómo comportarnos cuando estamos en la habitación del hospital”, destaca.

Pero, ¿cuáles son los atributos que tiene que tener un buen payaso de hospital? Según Colás, cualquier persona puede serlo siempre y cuando se trate de “alguien muy feliz y con ganas de hacer reír a los demás”. “Nuestro objetivo es que la gente viva algo diferente dentro del hospital y que se olviden de que están allí al menos durante un momento”, añade.

“Al principio la mayoría eran estudiantes universitarios, pero hoy estamos gente de todas las edades y condiciones, y profesiones de todo tipo. Tenemos desde menores hasta jubilados”, asegura Colás.

Una vez finalizada la formación, estos payasos entrarán a formar parte del grupo de payasos de Clowntagiosos, que cada jueves, de 16.30 a 21.00, visita el hospital Miguel Servet de Zaragoza, planta por planta y habitación por habitación. “Vamos en grupos de cuatro, en principio dos veteranos y dos nuevos, y nos vamos turnando”, añade.

En la actualidad, y desde el pasado mes de octubre, un grupo formado por 16 personas se entrega cada semana en convertirse en un gran equipo de payasos de hospital. Su formación terminará el 20 de diciembre, y en enero podrán comenzar las visitas semanales a los centros hospitalarios. Entre ellos se encuentra Esther Toro, estudiante de psicología de 25 años que conoció el proyecto a través de un amigo de la familia. “Siempre me han gustado los niños y me parecía una bonita forma de ayudar y de hacer algo por ellos”, explica la joven. “Además, seguro que esta experiencia me vendrá bien para enfrentarme a mi carrera profesional y ser capaz de ponerme en la piel de estos niños y de sus familias”, concluye.

También está Begoña Chicote (48), enfermera que se ha dedicado durante 16 años a la pediatría, hasta que le asignaron una plaza en urgencias del hospital Provincial de Zaragoza. “Toda mi vida me he dedicado a poner vacunas a niños sanos y era muy satisfactorio verles sonreír, me encanta trabajar con niños y su sonrisa me da energía para vivir”, asegura.

En su caso, debido a su profesión asegura que conoce la asociación desde su nacimiento. “Soy muy egoísta, necesito la sonrisa de los niños y creo que los que más necesitan sonreír son aquellos a los que le falta la salud”, afirma.

No es lo mismo ser payaso, que payaso de hospital

El caso del actor e imitador Gabriel Gutiérrez (40) es algo distinto. Ya que, además de ser maestro de educación infantil, desde hace más de 20 años da vida a su ‘alter ego’, el Payaso Kikote. “En un par de ocasiones en los últimos meses nos han llamado a través de la Cruz Roja para ir a actuar al hospital, y fue así como me di cuenta de que por muchos años que lleves de payaso, es muy distinto actuar allí, y vi la necesidad de formarme”, añade.

Por eso, a través de las redes sociales dio con la asociación zaragozana y, tras un tiempo, se decidió a dar el paso. “Por circunstancias personales me pegué una temporada ‘viviendo’ en el hospital y sentí la necesidad de un mimo o una caricia de vez en cuando. Me apunté porque quiero llevar la sonrisa y la desconexión a cualquier rincón del mundo, y en este caso a la gente que tiene que estar allí”, concluye el zaragozano.





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