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Zaragoza

El IES Miralbueno sale a la calle para reivindicar su ansiada reforma

Por primera vez en su medio siglo de historia, el alumnado del centro zaragozano, el profesorado y el personal administrativo han protagonizado una concentración coral.

Alberto Ibáñez y Sara Gimeno, en clase de Cocina.
Alberto Ibáñez y Sara Gimeno, en clase de Cocina.
C. I.

Diana López (19) y Lucía Alejandre (26) son las únicas alumnas de 1º de F.P. Básica de Electromecánica. Sin embargo, no cuentan con vestuarios propios. Aunque aseguran que no es el mayor de sus problemas, se trata de uno de los impedimentos con los que se topan, junto al resto de sus compañeros, para desarrollar su aprendizaje diario en la nave que hace las veces de taller mecánico. En el mismo espacio concurren más de medio centenar de alumnos, 30 de primero y 25 de segundo.

“No contamos con el material adecuado ni con las herramientas necesarias, tenemos que compartir taquillas porque no hay para todos, y nos tenemos que turnar para cambiarnos porque no hay vestuario”, enumera López.

“Tenía buenas referencias del centro, pero la verdad es que faltan muchas cosas. Algunos días no podemos desmontar los motores porque no tenemos las llaves que hacen falta, y hay herramientas que están rotas y no se pueden sustituir”, critica la joven, que asegura que, sin duda, el esfuerzo del profesorado es fundamental para su aprendizaje. “Trabajamos con motores que son más viejos que yo, siendo que ahora todo el mundo habla de coches híbridos y eléctricos, estaría bien tener materiales nuevos”, lamenta.

El IES Miralbueno sale a la calle para reivindicar su ansiada reforma

Diana López y Julia Alejandre, en clase de Mécánica. C. I.

Dos naves más a la derecha del taller se encuentran uno de los pabellones de hostelería. En su interior, el profesor Enrique Barrado enseña a un grupo de alumnos de 1º de Grado Medio de Cocina a amasar pan de molde. “Somos fruto de un olvido histórico y necesitamos urgentemente un proyecto de futuro. Mientras tanto, nosotros seguimos aquí tratando de hacer nuestro trabajo bien cada día”, reivindica.

Mientras tanto, en la cocina contigua se encuentran Alberto Ibáñez (32), delegado de curso y Sara Gimeno (17), preparando una Musaca de ternera. “Ahora mismo que está lloviendo y eso significa que en cualquier momento puede comenzar a caer agua, no sería la primera vez que tenemos que parar el servicio por esta causa”, aseguran los jóvenes, que también reivindican la necesidad de renovar ciertos materiales para sus distintas clases.

El IES Miralbueno sale a la calle para reivindicar su ansiada reforma

Alberto Ibáñez y Sara Gimeno, en clase de Cocina. C. I.

Parece que fue ayer cuando el centro se vio obligado a cerrar sus dos restaurantes debido a la aparición de roedores. Este hecho supuso el detonante de una serie de movilizaciones que, hasta hoy, han tenido un único objetivo: la mejora de unas instalaciones obsoletas.

Este martes, 20 de noviembre, de 10.00 a 10.20, más de un centenar de personas se aglutinaba en la puerta del instituto como forma de reivindicación. Se trata, como explican desde la dirección del centro, de la primera movilización que organizan desde el propio centro como parte del inicio de una serie de actuaciones para dar a conocer las carencias y necesidades del instituto. “Nuestro objetivo es visibilizar los problemas que afectan a todos los usuarios del centro, más de 1.300 alumnos entre E.S.O., Bachiller, Grado Medio, Grado Superior y F.P. Básica”, explica Joaquín Alós director del I.E.S. Miralbueno.

Una nueva lucha a la que se han sumado no solo estudiantes y docentes, sino también padres y madres de los alumnos. “Estamos en contacto directo con la administración, que nos ha facilitado dotaciones extraordinarias para solucionar algunos problemas, pero no son suficientes para lo que el centro necesita”, afirma.

“Es muy desmotivador”

“Cuando llueve tenemos goteras y se sobran los desagües, y hay aulas en las que escuchas lo que dice el profesor de la clase de al lado. Lo normal en un edificio que no ha sido reformado en más de 50 años”, explica Ángel Bitraín, profesor de automoción, mientras agarra, junto a su compañera de departamento Gema Pardo, una pancarta que reza ‘Miralbueno es calidad e innovación pero necesita inversión’.

Junto al resto del equipo que trabaja en el centro, aseguran que la vocación es lo único que les permite desempeñar su labor diaria: “Es muy desmotivador llegar cada mañana a un centro que no cumple las expectativas ni las cualidades mínimas”.

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