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Zaragoza

Basura, maleza y vallas que cortan a las puertas del Zaragoza Sur

Las familias de los niños que acuden a este colegio de Rosales del Canal denuncian el mal estado de las parcelas contiguas y temen que no se actúe hasta que se produzca algún accidente.

Entorno del colegio de Rosales del Canal
Entorno del colegio de Rosales del Canal
L. R.

Los padres de los niños escolarizados en el colegio Zaragoza Sur de Rosales del Canal lamentan el estado que presentan sus alrededores y piden una solución para acabar con las malas hierbas, las vallas de obra y la presencia de animales. La situación de abandono de las parcelas contiguas al centro educativo no es nueva, sino que aseguran que se da “desde que hicieron en colegio”.

El módulo de infantil del Zaragoza Sur abrió sus puertas hace tres años y el de primaria se estrenó hace dos. Desde entonces, los terrenos que dan a la calle Antonio Vivaldi permanecen vallados sin que nadie entre a adecentarlos. “Dentro no había nada, solo tierra y pequeños hierbajos”, explica Rubén Lafuente, residente de Rosales del Canal y miembro de la AMPA del colegio. El problema, según denuncia este colectivo, es que la falta de mantenimiento ha propiciado que la vegetación y las malas hierbas crezcan hasta alcanzar, en algunos puntos, más de dos metros de altura.

El centro educativo se ubica en realidad en una parcela que ya pertenece al barrio de Arcosur, aunque tal y como comenta Lafuente, los niños que acuden a él son de Rosales del Canal por su mayor cercanía. El problema, según Lafuente, es que las instituciones se pasan la pelota de unas a otras. “Hace un año tuvimos una reunión a la que vino Felipe Faci, Secretario General Técnico de Educación del Gobierno de Aragón y también le preguntamos a Javier Lambán por el asunto. Nos dijeron que estas parcelas pertenecen a la junta de compensación de Arcosur, pero que esta no tenía dinero”, lamenta Lafuente. “Nos dijeron que tenían obligación de arreglarlo cada cierto tiempo, pero la cosa se quedó ahí parada”, continúa.

Como sus demandas fueron desoídas, las familias de los alumnos llevaron a cabo una recogida de firmas que más tarde remitieron a la DGA y al Ayuntamiento de Zaragoza, aunque Lafuente asegura que tampoco obtuvieron respuesta. El problema también se ha tratado en los consejos escolares y ha sido trasladado a la Junta del Distrito Sur.

Basura, animales y vallas cortantes

La dejadez de los aledaños del colegio ha atraído hasta la zona animales como gatos y conejos, y la basura se acumula tanto dentro de las parcelas como en sus alrededores. “Nadie limpia nada. La gente ve que hay basura y ya se piensa que esto es un basurero”, apunta Lafuente.

Además, los arbustos que han ido creciendo en los terrenos invaden también parte de las aceras, lo que dificulta el paso de los más de 400 niños que acuden al colegio cada día junto a sus padres. “No pedimos que nos pongan césped o nos hagan un jardín, sino simplemente que amplíen la acera o que corten los arbustos cada vez que crecen”, manifiesta Lafuente.

La vegetación y la falta de limpieza son los motivos por los que, según los padres, unos cuantos gatos han decidido instalarse en las inmediaciones, convirtiendo algunas zonas en focos de suciedad. “Los niños tenían un arenero para jugar y se tuvo que eliminar por la cantidad de excrementos que dejaban. Muchos niños llegaron a coger lombrices”, explica el miembro de la AMPA, que asegura que hay personas que se encargan de llevar a los gatos agua y comida, algo que ya han denunciado en varias ocasiones.

Pero más allá de los problemas de salubridad, lo que de verdad preocupa a las familias es el vallado que rodea a las parcelas, cuyos alambres ya han causado algún accidente. “Un niño ya se hizo un corte con un hierro. Son vallas provisionales de las que quitan cuando acaban las obras, pero aquí nadie ha venido a llevárselas”, explica.

Por el momento, son los propios padres los que se encargan de doblar los alambres hacia dentro cuando ven alguno suelto para evitar que algún menor pueda hacerse daño. No obstante, temen que no se actúe hasta que ocurra algo más grave. “Si un día un niño se sacara un ojo lo arreglarían, pero no queremos llegar a ese punto”, lamenta Lafuente.

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