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Zaragoza

La basílica del Pilar retratada en el cine

La película conservada más antigua de la filmografía española es la rodada en la basílica del Pilar en 1899 'Salida de misa de 12 del Pilar' del zaragozano Eduardo Jimeno Correas, pionero del cine español.

Rodaje de 'Salida de misa de 12 del Pilar" en 1899, película conservada más antigua de la filmografía española y rodada en la basílica del Pilar de Zaragoza
Rodaje de 'Salida de misa de 12 del Pilar" en 1899, película conservada más antigua de la filmografía española y rodada en la basílica del Pilar de Zaragoza

La unión entre el gran templo zaragozano y el mundo audiovisual ha sido constante a lo largo de los años; al ser un icono de la ciudad, no hay una sola filmación promocional o histórica relativa a la ciudad que no tenga una estampa de la basílica del Pilar.

La película conservada más antigua de la filmografía española

Con el séptimo arte, más allá de cortometrajes, documentales o grabaciones de tipo pedagógico, la relación empieza desde el siglo XIX, concretamente con la película conservada más antigua de la filmografía española conservada. 'Salida de misa de 12 del Pilar' es una pieza de un minuto de duración filmada y editada por Eduardo Jimeno Correas en 1899. Jimeno había nacido en Zaragoza, en 1870; el empeño de su padre Eduardo Jimeno Peromarta, ebanista de profesión, en conseguir una cámara de cine le llevó a Lyon, donde adquirió una Lumière en 1896 en el propio taller de los hermanos pioneros. El invento ya comenzaba a asombrar en toda Europa, pero España apenas se asomaba a esta fiebre. Jimeno, que con su padre había llevado un pequeño teatro en Bilbao, peleaba ese año por atraer la curiosidad de los zaragozanos en la feria del paseo de María Agustín con la exhibición de películas llegadas de Francia, de los propios pioneros, y decidió filmar una película propia.

El caso es que padre e hijo rodaron las Fiestas del Pilar de aquel año, Jimeno Correas probó primero a filmar el trabajo de unos pontoneros a orillas del Ebro, pero pronto decidió que iba a tener el Pilar como objetivo principal de su cámara. En los primeros pasos del cine como arte era muy típico rodar escenas cotidianas, sin mucho adorno, hasta que llegó el también aragonés Segundo de Chomón con su técnica revolucionaria.

Jimeno Correas había abierto en el número 27 del paseo de la Independencia de Zaragoza el primer establecimiento dedicado a la proyección de cine de la ciudad. La familia Jimeno siguió dedicada a la proyección de películas en Madrid, llevó varias salas desde principios del siglo XX y duró en el negocio hasta los años sesenta. Eduardo Jimeno Correas murió en la capital de España en 1947. Tiene una escultura en hormigón y bronce en Zaragoza, hecha por Manuel Arcón en 1996; está situada en la plaza Ariño.

Una curiosidad: en 2004, la casa de subastas Christie´s de Londres puso a la puja un lote con dos cámaras Lumière de los Jimeno, de 35 mm, un trípode en acabado de nogal y ocho películas en sus latas, entre otros complementos. El precio de remate fue de 85.890 libras esterlinas, unos 96.500 euros al cambio actual.

'Nobleza baturra' en 1925

La versión muda de Nobleza baturra es de 1925, y la dirigieron Juan Vila Vilamala y Joaquín Dicenta, hijo. En esta película sí que hubo rodaje en el interior del Pilar, cosa que no ocurrió en la versión hablada de Florián Rey una década más tarde. Dicenta había escrito el guión en el verano de 1924 en el monasterio de Piedra, donde se encontraba de vacaciones. La obra de 1925 se publicitó con este lema: "Única película en que por su argumento moral se ha permitido impresionar el interior del templo del Pilar, rindiendo glorioso homenaje a la Patrona de Aragón". En 1935, la escena que recrea el interior del templo fue rodada en un estudio por Florián Rey.

'Gayarre' con Alfredo Kraus

Mariano García recordaba en su sección de HERALDO DE ARAGÓN 'Tinta de hemeroteca' detalles del rodaje de 'Gayarre', película de Domingo Viladomat que se estrenaría en 1959. El protagonista del filme sobre el tenor navarro Julián Gayarre fue otra estrella de la ópera y la zarzuela, el tenor canario Alfredo Kraus, con Luz Márquez y Adriano Domínguez en el reparto. El Pilar fue el escenario de la escena final de la película, rodada en octubre de 1958. Así se contó en HERALDO hace sesenta años:

"De nuevo las cámaras de cine han hecho su aparición en Zaragoza, aunque ahora sin tanto aparato, sin tanta gente como en 'Salomón y Saba'. Dos secuencias de la película 'Gayarre', que recorre la vida del inolvidable tenor navarro, se han rodado en nuestra ciudad. Una, en el interior del antiguo palacio de los Pardos, propiedad de los señores Moliner; otra, en el Pilar.

Delante de la puerta del palacio de los Pardos, en la calle Espoz y Mina, hay un nutrido grupo de personas que se afanan por ver lo que ocurre en el patio de la mansión, atestado de todos los accesorios que un rodaje lleva tras sí. Cables, soportes, enormes y no tan enormes lámparas... En el primer rellano de la escalera principal, un hombre y una mujer, vestidos a lo 'fin de siglo', se preparan para comentar la acción. Varios focos lanzan su luz potentísima desde distintos ángulos. El va vestido de chaqué y chistera. Ella, de verde, se toca con un gracioso sombrero del mismo color. Por la expresión de los rostros se deduce que la escena es dramática. Es un encuentro inesperado. Ella bajaba hacia la calle y él subía, y éste es el momento en que se cruzan en la escalera. Se hace silencio, la luz aumenta, la maquilladora se retira, la cámara comienza su runruneo... 'Gayarre' -Alfredo Kraus- dice algo a 'Luisa' -Luz Márquez-, que desde el patio no llegamos a oír. Ésta le contesta, llorosa, y se aproxima a él. No oímos lo que hablan, que es poco pero, al parecer, importante, decisivo, porque ella se lanza escaleras abajo. Se corta la acción. Ella, 'Luisa', Luz Márquez, se va apresuradamente a coger el 'Taf'.

-¿El 'Taf' de dónde?

-De Madrid. Ha de estar allí hoy sin falta. De todos modos, ya no tiene que rodar más aquí.

-¿Y no podríamos hablar antes con ella?

-No creo, porque el tren sale dentro de muy poco tiempo y todavía tiene que ir a cambiarse al hotel.

'Gayarre' es alto, más bien delgado, de ojos claros y nariz afilada.

-¿Qué es lo que más admira Alfredo Kraus de Gayarre? ¿La voz?

-No sé decirle, porque no la he podido oír. Se habla de que existe un primitivo disco de cera, pero nadie me ha dicho 'yo lo he oído'. No creo que pase de ser una fábula. Como artista, le admiro a través de lo que cuentan de sus facultades. En conjunto, lo que más me atrae es su maravillosa personalidad, su relieve humano. Es asombroso que un humilde pastor llegase a lo que Gayarre llegó.

-¿Por qué encarna usted a Gayarre? ¿Se parece usted físicamente a él?

-Primeramente, me encargaron el papel fijándose en mi cualidad de tenor. Pero una vez caracterizado me han descubierto un gran parecido con él. El director dice que con la barba soy igual.

-¿En qué momento de su papel se ha emocionado usted más?

-En el de la última actuación de Gayarre. Aquella en que le sobrevino la lesión cuando cantaba 'El pescador de perlas' en el Real. En esa escena he puesto toda mi alma, porque he llegado a comprender todo su trágico significado.

-Es su primera salida a un plató, ¿no?

-Sí, la primera. Le confieso que no me resulta difícil actuar en el cine, aunque encuentro los rodajes pesados, lentos, incómodos. Decididamente, me gusta más el teatro. Lo prefiero".

'Alma aragonesa' en 1961

Esta película de José Ochoa se estrenó oficialmente en Zaragoza el 6 de febrero de 1961, con Lilian de Celis como protagonista principal. El crítico de HERALDO Pérez Gállego calificaba la película de extenso melodrama vivido por dos generaciones de un lugar aragonés. En la primera, se plantea el conflicto; en la segunda, queda resuelto. Su objeto es doble. De un lado, reivindicar la honestidad de esa moza 'amiga de hacer favores', que canta la traída y llevada copla. De otro, exaltar las virtudes que tradicionalmente se otorgan al pueblo aragonés. Tal historia no se caracteriza precisamente por su originalidad, pero es lo cierto que tanto el guión como los diálogos (quizá con alguna alusión de más a la 'Pilarica', como se obstinan en llamar a nuestra Virgen quienes no son aragoneses) desarrollan el argumento con cierta limpieza narrativa. El guión pulsa con habilidad las cuerdas más sensibles del gran público, pero no degenera en el grosero repertorio -de chascarrillos baturros que barruntábamos, de aquellos que con tanta razón fustigó Edgar Neville desde estas mismas columnas en su memorable artículo 'La franqueza, el burro y la suegra'. Sin  desorbitar los hechos ni los personajes, manteniendo la acción dentro de un tono noble y ponderado, José Ochoa ha logrado un honrado melodrama folklórico, expresión que nada tiene de peyorativa en este caso.

Excelentes colaboradores del director son el figurinista, decorador y, sobre todo, el fotógrafo, autor de unas irreprochables imágenes en color que captan las incomparables bellezas de la ciudad turolense de Albarracín, amén de algunos parajes bien conocidos de Zaragoza. Esos granulosos planos finales del templo del Pilar durante la Ofrenda de Flores, con la brillante apoteosis de la jota, están llamados a emocionar a todo el público hispanoamericano. Lilian de Celis demuestra nuevamente su buen gusto como actriz y cantante, aunque su interpretación de la jota no sea exactamente la tradicional de nuestras bravas joteras. La solemne sesión de estreno en el cine Palafox, a beneficio de las familias damnificadas en las inundaciones del Ebro, superó con creces todos los cálculos. Antes de comenzar la sesión, rondallas de joteros interpretaron nuestros aires regionales ante la puerta del cine, que aparecía profusamente iluminado y adornado, mientras las cámaras de cine y televisión captaban la llegada de las primeras autoridades locales y del público. Señoritas aragonesas y valencianas lucían sus respectivos trajes regionales, obsequiando las últimas a los espectadores con claveles regalados por la ciudad de Valencia.

Al terminar la proyección, la película fue premiada con una unánime y prolongada ovación de los espectadores, mientras hacían acto de presencia en el proscenio los artistas y técnicos que han intervenido en la realización del film: Lilian de Celis, Magda Pérez, Manuel Monroy, Pepe Calvo, Félix Dafauce, el director José Ochoa y el fotógrafo Miguel F. Mila. Finalmente, intervino el cuadro de jota del maestro Cebollero, que cerro la inolvidable sesión con la interpretación de varias jotas.

Lilian de Celis estaría algunos días más en Zaragoza aquél febrero, ya que estuvo presentando en el Teatro Argensola su espectáculo 'Festival de éxitos', con José María Lasso y Antonio Amaya. La artista tiene actualmente 84 años de edad.

El 'remake' del filme pionero

Un aniversario muy curioso en plena plaza del Pilar

El 11 de octubre de 1996 ocurrió algo muy notorio en Zaragoza. La plaza del Pilar se llenó un buen día de ciudadanos que se mezclaban con estrellas del mundo del cine español, que hacían de extras en una filmación dirigida por el cineasta zaragozano José Luis Borau, autor de 'Tata mía', y entonces presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, a la cabeza. Seis cámaras se encargaban de registrar todo, con ayudantes como Luis García Berlanga o Fernando Trueba. El objetivo era volver a rodar la que se considera película pionera del cine español, obra de Eduardo Jimeno, rodada un siglo atrás. Todos los implicados se centraron en que la salida de misa de 12 del Pilar, poco más de media hora después del momento de inicio de la celebración, fuese perfecta para la filmación. Se daba indicaciones a profesionales y ciudadanos de a pie para que fueran realizando los movimientos necesarios; había 700 invitados de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España. Todos caminaron durante poco menos de un minuto, con alguna repetición incluida; junto a los mencionados también se vio a Forges, Méndez Leite, Ventura Pons, José Luis Cuerda, Charo Soriano, Aurora Bautista, Terele Pávez, Massiel o Imanol Uribe. La propia alcaldesa de Zaragoza, Luisa Fernanda Rudi, entre los caminantes junto a algunos descendientes del propio Eduardo Jimeno. Por un error de datación que se supo después, este centenario se adelantó tres años.

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