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Las veinte toneladas de toallitas que cada semana llegan a las depuradoras amenazan el saneamiento

Empieza el arreglo del digestor de La Almozara tras cuatro meses de limpieza de los restos del fango. Ninguna toallita debe echarse al váter porque las fibras no se deshacen como la celulosa del papel higiénico.

Los trabajadores filtran con un rastrillo las toallitas del resto de residuos. Al fondo, el depósito que estalló hace cinco meses.
Los trabajadores filtran con un rastrillo las toallitas del resto de residuos. Al fondo, el depósito que estalló hace cinco meses.
Guillermo Mestre

Llevan casi cuatro meses vaciando y limpiando el digestor de la depuradora de La Almozara y todavía queda mucho trabajo por delante. "Ahora habrá que ver los daños que sufre la estructura de hormigón y después se empezará a reparar", explica Manuel del Rincón, jefe de la Unidad Técnica de Depuración de Ecociudad, que calcula que la máquina de fangos no volverá a funcionar, al menos, antes de seis meses. Este fue el depósito que reventó el pasado mes de enero porque un gran volumen de fibras de toallitas desechables obstruyeron sus vías de evacuación: se formó un tapón, se acumularon gases y su presión hizo estallar la parte superior del inmenso contenedor de 3.850 metros cúbicos de capacidad. Afortunada y milagrosamente, no hubo que lamentar daños personales.

El causante principal fueron los restos de toallitas que, pese a las campañas de concienciación que explican que no se pueden echar al váter, continúan llegando de forma masiva a la red de saneamiento. Los técnicos calculan que sumando las depuradoras de La Almozara y La Cartuja llegan a las plantas de tratamiento de Zaragoza veinte toneladas de toallitas a la semana. 

El problema es gravísimo porque sus fibras no se deshacen como sí sucede con la celulosa del papel higiénico y, en consecuencia, provocan atascos en los sistemas y colapsan las máquinas. Además, cada día se venden más tipos de toallitas (para bebés, para desmaquillarse, para limpiar encimeras y cristales...) y muchas de ellas acaban en los inodoros cuando deberían ir a la papelera. Ninguna –recuerdan los consumidores– ni siquiera las que se falsamente se publicitan como tales son biodegradables.

En las plantas depuradoras se pueden ver restos de sus fibras por todos lados: en las paredes de las turbinas que elevan el agua, formando una desagradable cataplasma que obstruye rejillas y filtros, entre los peines y rastrillos que eliminan otro tipo de residuos... "En un régimen laminar, esto es, en el agua estancada, las fibras se hacen ovillos y esas madejas son las que taponaron el punto de evacuación del digestor", cuenta Del Rincón.

Los trabajos para recuperar el depósito de La Almozara están siendo titánicos y solo para vaciarlo se ha tenido que echar mano de bombas sumergibles y de un camión especializado capaz de succionar de unos 30.000 m3 a la hora. La reparación de la avería es además bastante costosa (se llevan gastados más de 80.000 euros) y, de momento, se trabaja con otro depósito auxiliar de menor capacidad.En esos momento se acaban de poner los andamiajes para alcanzar la parte superior y ver la profundidad de la fisura que causó el reventón y que provocó un vertido externo en la propia depuradora que, por suerte, quedó lejos del río.

¿Por qué no se deben tirar las toallitas húmedas por el wc?

Explican los responsables de la planta que el digestor tiene como cometido tratar el fango que se acumula durante la depuración del agua. "No es algo sólido sino un agua sucia, una especie de pintura, que hay que deshidratar para poder tratarla o llevarla al vertedero. Permite generar gas metano que luego se transforma en electricidad para el autoabastecemiento de la propia planta", ilustran los trabajadores.

Aprovechando que ahora el depósito está vacío (mientras funciona es imposible actuar en él) también se van a implementar medidas de seguridad y se modernizará la estructura, pues llevaba casi 30 años trabajando a destajo y sin las labores de mantenimiento precisas. "Así trataremos de evitar que se vuelvan a producir accidentes, pero lo más importante es que los ciudadanos eviten echar las toallitas al inodoro y el alcantarillado porque su ciclo de degradabilidad es muy alto", dicen los técnicos, al tiempo que mencionan como ‘punto negro’ la estación del paseo de Echegaray, donde sacan una media de diez toneladas de restos de toallitas al mes.

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