Zaragoza
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ZEC, en carne viva

La polémica del excoordinador del grupo evidencia las graves tensiones internas que arrastran los diversos sectores que conviven en ZEC a solo un año de las elecciones municipales en Zaragoza.

El alcalde, Pedro Santisteve, junto a varios concejales de ZEC, durante la presentación del balance de sus dos años de gestión, en mayo de 2017.
El alcalde, Pedro Santisteve, junto a varios concejales de ZEC, durante la presentación del balance de sus dos años de gestión, en mayo de 2017.
Toni Galán

A solo un año de las elecciones municipales, ZEC atraviesa su peor momento. Enfrentada con todos los grupos de la oposición y salpicada por múltiples polémicas que le impiden controlar el ‘tempo’ político, la plataforma de izquierdas encara su cuarto año de mandato con signos de asfixia. Pero las desgracias no vienen solas. A los problemas políticos y de gestión se suma la guerra interna, que está dejando en carne viva la organización conforme se acerca el momento decisivo: la concreción de las coaliciones y listas para las municipales de 2019.

El escándalo del viaje que el excoordinador de ZEC y exlíder de Podemos en la ciudad, Guillermo Lázaro, cargó al grupo evidencia la serpiente venenosa que recorre las entrañas de la organización después de tres años de enfrentamientos estratégicos, disputas de poder y desavenencias personales, que en algún caso llegan a no saludarse por los pasillos.

Para entenderlo, hay que detenerse en el proceso asambleario y de primarias que configuraron la candidatura de ZEC en 2015 y que consagró una serie de desequilibrios en la relación entre los partidos y los independientes.

De aquellos desequilibrios se consolidaron las corrientes que, sin ser homogéneas, se dibujan en ZEC. En torno al alcalde, Pedro Santisteve, se arremolinan los comunes, sin aparente adscripción partidista, pero en la periferia de Podemos (alguno de sus miembros milita en la organización de Pablo Iglesias). "Son un partido sin partido", dicen en la formación morada.

Influidos por la Fundación de los Comunes, el inactivo Partido X y vinculados a colectivos locales como A Zofra o al centro Luis Buñuel, tienen como caras visibles, además de Santisteve, a Luisa Broto o Elena Giner, así como a asesores como Raúl Royo. Su planteamiento pasa por forzar a los partidos a dar un paso atrás para dejar espacio a la ‘ciudadanía’ (ellos) que de forma individual participa en política.

En esta tesis no están solos. Les acompañan los sectores críticos de Podemos, sobre todo los ‘anticapis’ y antiguos echeniquistas que encontraron en ZEC el refugio perfecto para dar la batalla interna tras perder las primarias frente a Nacho Escartín.

En plena negociación a nivel estatal con Podemos, que puede redefinir incluso la marca ZEC, IU asiste con preocupación al rol secundario en el que le quieren situar los comunes, en un contexto en que habrá más dificultades para elaborar la lista por la previsión de retroceso electoral que apuntan las encuestas y la irrupción del partido de Pablo Iglesias, que se presenta por primera vez a las municipales.

Los duros del PCE, bajo el liderazgo de Alberto Cubero (le secundan Arantza Gracia y Pablo Híjar), es el bloque más poderoso. Pablo Muñoz es la voz de la corriente del coordinador de IU, Álvaro Sanz, mientras que otros dos concejales restantes juegan un rol autónomo y pivotan entre las corrientes: Teresa Artigas, que no suscita discusión interna dado que todos creen que no repetirá, y Fernando Rivarés, militante de base de IU sin peso orgánico que juega a varias bandas para seguir como concejal y que cuenta con el apoyo de sectores morados.

No hay que olvidar a Podemos, que formalmente no está integrado en ZEC y que no logró colocar a ningún representante en el Ayuntamiento de Zaragoza pese a regalar su caudal electoral. Tras la defenestración de Lázaro como secretario general de Podemos en la capital, el principal enlace con el líder de Podemos Aragón, Nacho Escartín, es el jefe de gabinete de Santisteve, Iván Andrés.

Las primarias de Podemos de octubre fueron clave en la crisis. Comunes y críticos se sintieron derrotados y vieron en Lázaro, que se arrimaba a IU y agitaba el avispero de las listas, su gran amenaza. En juego estaba la financiación del partido, el control de la estrategia política y el reparto de los puestos de asesores, que muchos en ZEC no quieren perder por la irrupción de Podemos. La encuesta que organizó Podemos sobre la gestión de Santisteve o la cumbre municipalista que impulsaron los comunes evidenciaron el conflicto interno.

Mientras Santisteve defendía su derecho a que le acompañara su "equipo" en las listas, los podemistas entendían que la confluencia exigía "generosidad" de los independientes y de IU para darles cabida en los puestos de salida, con un modelo de primarias que respete su poder. La solución no llegará pronto. La pelea continuará hasta 2019.

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