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Zaragoza

La forma y lugar en que recibió el disparo la víctima del crimen de Ricla enfrentan a los forenses

El juicio concluye con una tensa sesión final de casi ocho horas y deja la última palabra al jurado, que el 9 de mayo dirá si lo ocurrido fue imprudencia o asesinato.

Francisco Canela, durante el primer día del juicio que se ha celebrado en la Audiencia Provincial de Zaragoza
Francisco Canela, durante el primer día del juicio que se ha celebrado en la Audiencia Provincial de Zaragoza
Oliver Duch

Si la muerte de Robert Racolti (23 años) de un disparo en la cabeza fue una imprudencia o un asesinato lo dirá el próximo miércoles el jurado del llamado crimen de Ricla, por el que se ha vuelto a juzgar en la Audiencia de Zaragoza a Francisco Canela Grima (46 años). La repetición del juicio –ordenada por el TSJA al apreciar falta de fundamentación en el primer veredicto, emitido por un tribunal popular distinto– concluyó este viernes tras una larga y tensa sesión de cerca de ocho horas. Sin embargo, problemas de agenda y logísticos impedirán que los siete hombres y dos mujeres que integran el jurado comiencen a deliberar el lunes y será el próximo día 9 cuando se reúnan para emitir su veredicto.

La magistrada-presidenta del tribunal popular, Esperanza de Pedro, ha intentado en todo momento desligar este segundo juicio del anterior. Pero a medida que se han ido desarrollando las sesiones ha quedado claro que todos llegaban con la lección aprendida. De hecho, acusado, testigos y peritos han aprovechado esta segunda oportunidad para incorporar matizaciones a sus anteriores declaraciones. Por no decir que han tratado de corregir posibles errores para conseguir una sentencia más favorable.

Las que no se han movido ni un ápice de sus posiciones iniciales son las acusaciones y la defensa, que a la finalización de la vista volvieron a proponer este viernes las mismas penas de prisión: 19 años y medio la Fiscalía, que ha estado representada por Ana López Gastón; 25 años la acusación particular, a cargo de Cristian Adrián Ánghel y Mariano Montesinos; y 5 años la defensa, a cargo de Soraya Laborda y Laura Vela. La única modificación la introdujo el ministerio público, al proponer que, en caso de condena, Francisco Canela Grima tampoco pueda aproximarse a la familia de la víctima.

¿Dónde y cómo?

¿Dónde y cómo se produjo el disparo que acabó con la vida de Robert Racolti el 10 de enero de 2016? Estos son los principales interrogantes a despejar, y a ello dedicaron ayer varias horas cinco forenses. Lo hicieron además en una comparecencia conjunta que permitió que unos y otros profesionales pudieran confrontar sus distintos puntos de vista. Y a fe que lo hicieron, puesto que mientras los doctores del Instituto de Medicinal Legal de Aragón (Paulino Querol, Javier Azpeitia y José Antonio Coelho) se decantan por una muerte violenta con sospecha homicida, los expertos propuestos por la defensa (Santiago Delgado y José Carlos Fuertes Rocatín) sostienen que la pistola que empuñaba el acusado se disparó de forma fortuita durante un forcejeo con la víctima.

En lo único que se pusieron de acuerdo los especialistas fue en la trayectoria del disparo mortal: con un orificio de entrada junto a la sien izquierda por encima de la oreja y con otro de salida por la parte trasera del cráneo, con un ángulo de inclinación de unos 15 grados. A partir de este punto, todo son discrepancias.

Según los funcionarios del IMLA, Robert Racolti recibió el tiro cuando se encontraba agachado junto al inodoro del minúsculo aseo que había al final de la bodega. Consideran que tenía la cabeza a la altura de la cisterna, por encima de la tapa del váter y estaba mirando hacia arriba. A la hora de fundamentar sus conclusiones, se basan sobre todo en los restos de masa encefálica y las manchas de sangre en forma de ‘splash’ que se hallaron en la tapa del inodoro y en el estrecho hueco que quedaba entre este y la pared. Idéntica teoría expusieron el jueves los guardia civiles del Departamento de Balística y Trazas.

Respecto a las manchas de sangre que había encima del lavabo y junto a la puerta del baño, los doctores del IMLA dicen que son de "gravitación" y que se produjeron porque la víctima se movió –"tambaleándose o reptando"– después de recibir el tiro. Los expertos de la defensa lo ven de forma muy distinta y descartan "por completo" que Racolti pudiera desplazarse tras el disparo. Para ellos, estas últimas manchas evidenciarían que ambos hombres estaban de pie cuando se produjo el forcejeo y supuesto tiro fortuito. A ello añaden el desorden de la estancia y las leves lesiones "de riña" que tenían ambos hombres.

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