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La noche perfecta para caminar juntos

Cientos de personas presenciaron el Encuentro y arroparon también a las otras cinco cofradías que completaron anoche sus procesiones.

Los negros capirotes de los hermanos de la Humillación se recortan a las puertas de San Felipe minutos antes del inicio de su procesión.
Los negros capirotes de los hermanos de la Humillación se recortan a las puertas de San Felipe minutos antes del inicio de su procesión.
José Miguel Marco

La jornada fue primaveral y la noche resultó perfecta para asistir al ansiado y mágico Encuentro que todos los Miércoles Santo se produce en la plaza del Pilar. Con numeroso público y una nueva escenografía –los capirotes ya no tapaban la estampa–, la Dolorosa y el Calvario protagonizaron uno de los momentos por los que –sin duda– la Semana Santa zaragozana es de Interés Turístico Internacional.

Ya antes de que los hermanos de cetro se abrazaran como preludio del también abrazo de Jesús con la Cruz a Cuestas y la Virgen de los Dolores, la noche había brindado preciosas instantáneas. La salida de los tambores del Calvario, enmarcado por el plateresco de Santa Engracia, así como la de la Dolorosa en Santa Isabel ya arrancaron numerosos aplausos y lágrimas de auténtica emoción. No en vano, son dos cofradías que llevan la friolera de 78 años caminando juntas. Además, conforme ambas tallas avanzaban hacia su destino, se fueron cruzando con otras imágenes en saludos y honores, entre los que destaca el del Ecce Homo a la Virgen de Calero en la plaza de la Seo.

Ya en la bandeja de la plaza del Pilar, entre el incienso, las velas y los estandartes, las dos congregaciones se fundieron en un solo sentimiento y, tras el Encuentro, continuaron brevemente su procesión hasta Santa Isabel, donde anoche durmieron ya los pasos a la espera del Santo Entierro.

En la noche del Miércoles Santo, no obstante, el foco de atención siempre es compartido con otras procesiones. Cientos de vecinos del Arrabal y amantes de la Semana Santa se agrupaban anoche a las puertas de la parroquia de Altabás. Una treintena de miembros de la cofradía del Ecce Homo atravesó las puertas y formó mirando hacia su fachada. El silenció se apoderó entonces de la calle de Sobrarbe hasta que lo rompieron las matracas de mano, la de campanario y las timbaletas que tocaban los cofrades con su túnica negra. El resto de miembros de la congregación acudió a la llamada portando cruces, velas y, cómo no, la peana del Santísimo Ecce Homo, que data de 1500 y que portaron doce hermanos.

Tras la lectura de la segunda estación –la primera fue leída en el templo antes de salir– la luz pasó de mano en mano a través de las velas bendecidas y repartidas en el interior de la parroquia. Después de recorrer varias calles del Arrabal, la procesión continuó con su repiqueteo de matracas por el puente de Piedra y llegó hasta la Seo, donde se encontró con la Dolorosa. Finalmente, estaba previsto que sobre la 1.00 se recogiera en San Felipe, de donde –precisamente– salieron ayer otros de los protagonistas de la noche.

La cofradía de Jesús de la Humillación cruzó el Casco Histórico con su María de la Amargura, que fue objeto de aplausos y de no pocas fotografías de los turistas que o bien la perseguían cámara en mano o bien se toparon con ella cuando siguieron el redoblar de tambores. También a muchos espectadores les sedujeron las jotas que pudieron escucharse en la calle de Alfonso I o en San Miguel. Los cofrades de la Humillación, además, se reunieron en la plaza de San Roque para hacer una predicación junto a la Mantería.

¿Otras procesiones? También salió anoche a las calles La Humildad, que completó un pequeño viacrucis por la Magdalena, aunque de forma más íntima y recogida que en su populoso Domingo de Ramos. Por su parte, la Llegada se dejó ver por su barrio, el Oliver, con todos sus pasos, incluido su Cristo de Llovet. Los hermanos habrán de tomar fuerzas antes de iniciar este jueves la kilométrica marcha que les acerque a San Cayetano. Quienes ya se prestaron este miércoles a fondo para alcanzar el corazón de la ciudad fueron sus vecinos de Miralbueno, los de las Negaciones, que cerraron su procesión titular cerca de la una en Santa Isabel.

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