Despliega el menú
Zaragoza

Isabel Oliván Jarque, historiadora: "Zaragoza tuvo una cantidad sorprendente de conventos"

María Isabel Oliván Jarque es jefe de la Unidad de Patrimonio Histórico Artístico del Ayuntamiento zaragozano. Ha publicado ‘El monasterio de Cogullada’ (Ibercaja).

Isabel Oliván ha estudiado el monasterio de Cogullada.
Isabel Oliván ha estudiado el monasterio de Cogullada.
Aránzazu Navarro

¿El monasterio de Cogullada se merecía un libro?

Claro. Tiene mucha historia. Las referencias documentales más antiguas se remontan al siglo XII, tras la Reconquista, donde se menciona la existencia allí de un santuario dedicado a Santa María. Sabemos que fue uno de los pocos lugares de rito mozárabe durante la ocupación musulmana y, según la tradición, se remonta a la época de San Braulio. La ermita siguió siéndolo hasta 1652, luego se construyó el monasterio.

Qué nombre más curioso, Cogullada. Dicen que es un ave.

El nombre antiguo era cucullata. Es parecida a la alondra. Un ejemplar de esta especie, con su trino, guió hasta el lugar donde, según la tradición, se apareció la Virgen. Y allí se levantó el santuario original.

Y, con el tiempo, acabó construyéndose un monasterio. ¿Por qué se hicieron tan famosas las tortillas que hacían los monjes?

Por las hierbas. En Aragón se han hecho desde antiguo tortillas de unas hierbas que llamamos collejas y que son muy sabrosas. Los frailes debían ser maestros.

Cogullada era lugar de asueto.

Aunque había una caminata desde el centro de la ciudad, iban mucho allí. Aparte de la devoción a la Virgen, era un sitio amenísimo. Tenía un soto famoso, era lugar de esparcimiento apreciado.

El edificio ha sufrido numerosas vicisitudes. Se habrá perdido mucho patrimonio...

Zaragoza tuvo en el pasado una cantidad sorprendente de conventos. Pero entre las desamortizaciones, los Sitios y otras circunstancias, no hay muchos que hayan llegado completos a nuestros días. Las pérdidas, en este caso, fueron sobre todo de arte mueble: retablos, jocalías y joyas regaladas a la Virgen. El monasterio, con daños, se salvó, y ahí está. Ha pertenecido a tres órdenes religiosas: capuchinos, benedictinos y carmelitas, hasta que lo compró Ibercaja y lo destinó a su uso actual y lo convirtió en el buque insignia de su Obra Social.

Ha sido alojamiento de notables y poderosos...

Parece que Franco estuvo en varias ocasiones. El rey emérito estuvo cuando era príncipe estudiante en la Academia General Militar y ya siendo rey. El rey Felipe ha estado en diversas reuniones pero no ha dormido en el monasterio. También estuvo el premio nobel de la Paz, Norman E. Borlaug. Y pocos saben que fue un centro de orientación y redacción de propaganda aliada para España e Hispanoamérica durante la Primera Guerra Mundial.

¡Vaya!

Gracias a su prior, Esteban Babín.

Si no hubiera sido por los Sitios, Zaragoza hoy sería...

Distinta. Pero no solo hay que pensar en la guerra, sino en lo que llegó después. Tras la contienda no quedaron ni recursos ni población para trabajar. ¿Qué podían hacer los zaragozanos con las ruinas? Lo ideal hubiera sido restaurarlas y rehacer los edificios dañados. Pero se derribaron muchos, y en cierta medida hay que entenderlo. Zaragoza tardó cien años en recuperarse.

Y de lo que quedó...

De lo que quedó tendríamos que estar más orgullosos. Los aragoneses y los zaragozanos nos queremos muy poco. Y tenemos cosas muy valiosas. Pocas ciudades españolas pueden enseñar al visitante una secuencia histórica tan amplia como la nuestra, desde la cultura romana a lo contemporáneo.

¡Hasta Averly!

Lo ideal sería que todo Averly se pudiera conservar, pero en estos momentos hay una dificultad económica grande. A veces no basta con que los gestores de una ciudad tengan sensibilidad por el patrimonio y voluntad de conservarlo. Es necesario también contar con posibilidades económicas. En las últimas décadas se ha hecho mucho por el patrimonio histórico de la ciudad, desde la iniciativa pública y también desde la privada.

Etiquetas
Comentarios