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Zaragoza

El carril bici del paseo de Sagasta, a punto

Si no hay contratiempos, el jueves por la mañana abrirá esta vía ciclista hasta el parque Pignatelli. Los colectivos ciclistas confían en que con esta extensión aumente el uso del tramo que se estrenó en verano.

Unas vallas impiden estos días en paso de bicicletas, a la espera de su apertura el jueves.
Unas vallas impiden estos días en paso de bicicletas, a la espera de su apertura el jueves.
Oliver Duch

El carril bici de Sagasta ya está (casi) a punto. Tras dos meses de obras, el doble de lo anunciado inicialmente, las máquinas se han retirado de este céntrico paseo, que ya cuenta con espacio reservado para ciclistas en todo su trazado.

Según fuentes municipales, si no hay contratiempos y el tiempo lo permite, abrirá el jueves por la mañana. Tan solo falta instalar algún semáforo y terminar de pintar el cruce con Camino de Las Torres y Juan Pablo Bonet, ya que estos trabajos se tuvieron que interrumpir hace unos días por la lluvia.

Los trabajos que ahora terminan corresponden a la segunda fase de la obra. Han permitido unir el primer tramo, que fue el más polémico (plaza de Paraíso-avenida de Goya) con el parque Pignatelli. Es decir, que a partir de ahora los vecinos de Torrero ya tendrán una vía ciclista directa para bajar al Centro, que de subida les dejará a las puertas de su barrio. Aunque el presupuesto no se ha cerrado, se estima que el carril bici ha costado alrededor de 60.000 euros.

Perico Ruiz, de Pedalea, cree que es una obra “importante”, ya que “evitará que la gente use el bulevar”, como sucede actualmente. También opina que con esta extensión aumentará el uso del primer tramo del carril, que ha recibido críticas por su escasa aceptación. “Los ciclistas verán que el carril es recto y eficaz y se usará”, augura.

El carril bici de Sagasta es bidireccional, y se ha construido a la altura de la calzada pegado al bulevar, es decir, en el lado izquierdo de la circulación. El objetivo de esta medida es evitar los peligrosos cruces que se producen entre las paradas de bus y las vías ciclistas cuando estas se diseñan a la derecha de la calzada, como ocurre en la avenida de Goya o en Camino de las Torres.

El primer tramo de la obra se terminó en agosto. Fue el que más polvareda levantó, al limitar a un carril el tráfico privado. Sus efectos, según los datos de Movilidad, fueron la reducción de la circulación en un 12%. Los críticos lamentan el escaso uso que tiene, mientras que los colectivos ciclistas confían en que este aumente con la extensión hasta Torrero. En cualquier caso, el Ayuntamiento tuvo que instalar semáforos recientemente para evitar los sustos que se producían en los pasos de peatones.

Si la obra de la primera fase apenas tuvo impacto (prácticamente se limitó al pintado de la calzada y a la colocación de separadores de plástico), la segunda que ahora termina sí ha tenido más complicaciones. Para conseguir que el carril bici sea directo y eficaz, ha habido que ejecutar pequeñas obras en las intersecciones, que han tenido especial relevancia en el cruce con la avenida de Goya, donde se ha retocado y mejorado el cruce de peatones.

En su tramo final, en la glorieta de Diego Velázquez, se ha ejecutado una entrada directa de las bicicletas al parque Pignatelli, donde pueden continuar su recorrido. No obstante, el siguiente paso debería ser extender la vía ciclista por el paseo de Cuéllar. “Es la continuación más lógica, además es una calzada ancha”, dice Perico Ruiz, de Pedalea.

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